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Análisis de Hibs y Aberdeen tras el último partido

Una semana dura en Easter Road. El vestuario de Hibs todavía digiere el golpe: los dirigentes decidieron que David Gray, popular y con unos números aceptables, ya no era el hombre para llevar al equipo hacia delante. Seis partidos de liga y fin de la historia. El vacío se nota en cada rincón del club.

En medio de ese clima, Potter, en su segunda etapa como técnico en Hibs, intentó recomponer el ánimo. Habló de pasar página, de agarrarse a lo positivo, de subir la energía del grupo. Sobre el papel sonaba bien. En el césped, al principio, no.

Durante la primera parte, Hibs fue un equipo agarrotado. Plano, nervioso, entregando el balón con demasiada facilidad. Solo Callum Wright parecía a la altura del escenario. El resto sufría ante un Aberdeen encantado con cada pérdida local, lanzándose al contragolpe con gusto y convicción.

Tras el descanso, cambió el paisaje. Hibs salió con otro aire: más directo, más intenso, más agresivo. Empezó a morder arriba, a ganar duelos, a empujar a Aberdeen hacia su propia área. Esa reacción terminó encontrando premio con el empate, un gol que hacía justicia a lo que se estaba viendo desde la reanudación.

El problema es que, por muy estimulante que fuese ese segundo tiempo, las dudas no se disipan. Simplemente se posponen.

¿Por qué Hibs casi nunca consigue hilvanar una actuación completa durante los 90 minutos? ¿Por qué entra tan lento en los partidos, como si necesitara un susto para despertar? ¿Tiene realmente esta plantilla la calidad suficiente para aspirar a algo más que la montaña rusa actual? Son preguntas que flotarán durante el parón internacional, sin una respuesta clara y sin un entrenador fijo en el banquillo.

Ese será el primer gran reto del próximo técnico. Y todavía falta saber quién será.

Mientras tanto, al otro lado, Aberdeen ofrece un contraste interesante. Robinson dejó una frase que dio que hablar: “la táctica es para los analistas”, soltó en una entrevista cuando su equipo sufría al inicio de campaña con el 4-3-3. Sonó provocador, pero el giro posterior fue muy concreto: abandonó ese dibujo y volvió a lo que mejor conoce, tres centrales y dos delanteros, el sistema que le dio estabilidad y resultados en St Mirren.

El efecto se nota. Aberdeen ahora se muestra más compacto, más agresivo en la presión, más peligroso cuando corre. La velocidad en punta castiga cualquier desajuste rival. Y ahí han emergido dos nombres que han cambiado la cara del equipo: Mats Knoester y Afeez Aremu.

Knoester se ha consolidado como el mejor defensa del club, el líder de esa línea de tres que sostiene al bloque. A su lado, Aremu se multiplica en el centro del campo: llega a todas partes, roba, simplifica, da el primer pase que enciende las transiciones. No hace ruido, pero su influencia es enorme.

Por eso dolerá tanto al técnico la acción que lo estropeó todo. Con Aberdeen por delante gracias a un gran gol de Nisbet —control exquisito, giro rápido y definición limpia—, Milne cometió una falta innecesaria que abrió la puerta a que Hibs rescatara un punto. Una concesión tonta que, en este nivel, suele pagarse caro.

El tanto de Nisbet, eso sí, mantiene su racha: tres partidos consecutivos viendo puerta. Y ahí se abre otro frente para Aberdeen: ¿quién más se sumará a la cuenta goleadora esta temporada? La dependencia del delantero empieza a ser evidente.

Pese a ese interrogante y al arranque tormentoso de curso, Robinson puede irse al parón con una sensación distinta: su equipo, al fin, empieza a construir unos cimientos reconocibles. Hibs, en cambio, entra en tres semanas de pausa con más incógnitas que certezas y una pregunta que lo sobrevuela todo: ¿quién será capaz de ordenar este caos desde el banquillo?