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Ángel Di María y su emotivo mensaje tras la final

Ángel Di María ya no estaba sobre el césped, pero no necesitó botines para ponerse al hombro a la Selección. Apenas terminado el golpe de la final, el rosarino agarró el teléfono y, desde su cuenta de Instagram, salió a bancar a sus excompañeros con un mensaje tan crudo como emotivo.

El histórico extremo dejó claro que una derrota, por dura que sea, no alcanza para manchar lo construido en estos años. Al contrario: lo refuerza. “Un país está orgulloso de ustedes. Un país volvió a unirse gracias al amor y a los huevos que le pusieron a este Mundial”, escribió, condensando en una frase el vínculo entre esta generación y la gente.

Di María fue más allá. No habló solo de un ciclo exitoso, habló de legado. “Son historia, son leyendas, y nadie les va a poder sacar eso nunca. La mejor selección nacional de la historia de nuestro país. Cinco finales consecutivas, nadie les va a poder sacar eso. MUCHAS GRACIAS POR TODO”, remató, en mayúsculas, como si necesitara gritarlo para que lo escuchara el vestuario entero.

Mientras tanto, la final había dejado una estadística tan fría como demoledora para los vigentes campeones: se convirtieron en el primer equipo que no consigue registrar ni un solo remate en tiempo reglamentario en una definición por el título. Nada. Ni un tiro desviado para agarrarse de algo. Una imagen que contrasta de lleno con la ferocidad competitiva que caracterizó a este grupo.

El partido se jugó al límite desde el inicio. Mucha fricción, pierna fuerte, tensión acumulada en cada dividida. El punto más alto del dramatismo llegó con la lesión de Lisandro Martínez, obligado a dejar la cancha en el primer tiempo por un problema grave que encendió todas las alarmas. El equipo perdió a un líder emocional y a un pilar defensivo en pleno combate.

Cuando Argentina intentaba reacomodarse, otro mazazo: Enzo vio la roja justo antes del alargue y dejó a los suyos con uno menos en el tramo más delicado de la noche. La final se volvió una cuesta casi imposible, más mental que futbolística, con los campeones reducidos, sin claridad ni chispa para lastimar.

Del otro lado, España celebró su propio hito: convertirse en el primer país que ostenta al mismo tiempo los títulos mundiales de hombres y mujeres. Un dato que marca época y que subraya el contraste entre la euforia roja y el silencio denso del vestuario albiceleste.

Mientras los españoles levantaban el trofeo, la sensación en el campamento argentino era otra: la de estar asistiendo al cierre de una era dorada. No por falta de nivel, sino porque el fútbol, implacable, va marcando finales de capítulo aunque los protagonistas se resistan a soltar la página.

En medio de ese paisaje, la voz de Di María apareció como lo que siempre fue en la Selección: un desahogo, un abrazo colectivo, un recordatorio de que las finales perdidas no borran las ganadas, ni las noches en las que este grupo cambió la historia reciente del fútbol argentino.

La pregunta ya no es qué perdió esta generación, sino cuánto de lo que ganó seguirá marcando a quienes vengan detrás.