futbolalinstante full logo

Barcelona triunfa en Sevilla: Raphinha brilla con un hat-trick

En el Ramón Sánchez-Pizjuán, el triunfo de Barcelona no fue una postal brillante. Fue una pelea. Y Hansi Flick salió del campo con una sonrisa contenida, más de entrenador exigente que de técnico eufórico.

El 1-0 de Youssouf Fofana en el minuto 18 encendió el estadio y desnudó a un Barça desbordado por la energía de Sevilla. Durante buena parte del primer tiempo, el banquillo visitante fue un hervidero: gestos airados de Flick, indicaciones constantes, sensación clara de que el plan no estaba funcionando.

“Fue un partido difícil, sobre todo la primera parte. No jugamos a nuestro nivel”, admitió el técnico alemán.

En el descanso, el mensaje fue directo, casi un aviso: “Les dije que habíamos concedido demasiado y que no estábamos jugando a nuestro estándar. Tenemos que hacerlo mucho mejor, y eso es lo que les dije. La segunda parte fue mucho mejor”.

Tenía razón. El equipo cambió el gesto tras el descanso. Ajustó, apretó líneas, se calmó con la pelota. Y, sobre todo, se agarró a un hombre: Raphinha.

Raphinha, la noche del contrato

El brasileño jugó como alguien que quiere demostrar por qué le han renovado hasta 2030. No se escondió ni un segundo. Atacó, encaró, remató. Su hat-trick fue un martillo contra la defensa de Sevilla, una respuesta feroz a cada duda que había flotado sobre él en los últimos meses.

Cada gol fue un golpe a la resistencia local y un guiño a los despachos del club. La decisión de ampliar su contrato encontró respaldo inmediato sobre el césped. Flick lo dejó claro: “Raphinha es un jugador que te cambia el partido; estoy muy contento con él y con la decisión del club de renovar su contrato. Nos da mucho, fortalece al equipo”.

El brasileño no fue el único foco de elogios. Entre los destellos de la segunda parte apareció también Lamine Yamal, otra vez decisivo, otra vez influyendo donde se deciden los encuentros. “También quiero destacar a Lamine, que también es un jugador que te cambia el partido”, subrayó Flick, consciente de que el futuro del Barça pasa por las botas de estos dos desequilibrantes.

Un Barça menos espectacular, más maduro

El contexto reciente invitaba a pensar en otra goleada. Barcelona venía acostumbrando a La Liga a partidos resueltos por cinco goles, a exhibiciones ofensivas. Esta vez no. Esta vez tocó sufrir, ajustar y remontar con cabeza.

Flick no se dejó arrastrar por el ruido de los marcadores abultados. Prefirió poner el acento en algo menos vistoso, pero mucho más importante a largo plazo: la capacidad de adaptación de su equipo. “No siempre se puede ganar por cinco goles. Lo mejor que hicimos fue recuperarnos de lo que hicimos en la primera parte”, apuntó.

Para el técnico, el gran triunfo no estuvo solo en el resultado, sino en la madurez táctica tras un inicio flojo. El equipo entendió dónde estaba fallando, corrigió y se impuso en un escenario hostil, donde durante media hora Sevilla lo tuvo contra las cuerdas.

Sevilla, orgullo y frustración

En el lado local, la sensación fue de oportunidad perdida, pero no de derrumbe. Luis García Plaza salió a la sala de prensa con una mezcla de orgullo y resignación. Sabía contra quién jugaba. Sabía también lo que su equipo había sido capaz de hacer durante ese primer tramo de partido.

“Tuvimos una primera parte extraordinaria, pero luego no pudimos mantener ese nivel en la segunda”, reconoció.

Sevilla se vació al inicio, mordió arriba, llevó al límite al líder y le obligó a correr hacia atrás. La grada lo sintió: por momentos, el gigante se tambaleó.

Pero la diferencia de jerarquía acabó imponiéndose. Luis García no lo disfrazó: “Como dije antes del partido, Barcelona está a años luz del resto de la liga”. Sus palabras sonaron duras, pero también realistas. Su equipo había rozado la perfección durante un rato. No le alcanzó para aguantar el vendaval de talento que terminó desatando Raphinha.

El marcador final dejó a Flick satisfecho, pero lejos de la autocomplacencia. A Sevilla le dejó la certeza de que puede incomodar a cualquiera si mantiene ese nivel de intensidad. La pregunta, para unos y otros, es cuánto durará esa capacidad de respuesta cuando la temporada entre en su tramo más salvaje.