Brasil se viste de oro en el Maracaná: una victoria histórica
Diez años atrás, la selección olímpica de Brasil subió por primera vez al escalón más alto del podio. No era un título cualquiera. Era la medalla que el país llevaba décadas reclamando, la que siempre se escapaba entre frustraciones, derrotas dolorosas y fantasmas que rondaban cada vez que sonaba el himno.
Aquella tarde en el Maracaná, más de 63.000 personas cargaban la misma mezcla de ansiedad y esperanza. Enfrente, Alemania. El rival que, dos años antes, había dejado una cicatriz profunda en el mismo escenario. La final olímpica tenía sabor de revancha histórica, aunque el premio fuera otro.
El golpe de genio de Neymar y el sufrimiento hasta el final
El partido fue parejo, tenso, con el nerviosismo colándose en cada control y cada pase. Hasta que, a los 26 minutos del primer tiempo, apareció el capitán. Neymar se paró frente al balón en un tiro libre, miró el arco y dibujó un disparo perfecto. La pelota superó la barrera, besó el travesaño y cayó dentro. Estalló el Maracaná. Brasil, 1-0.
Alemania no se descompuso. Aguantó el vendaval emocional y fue ganando metros. El premio llegó a los 15 minutos de la segunda parte: Meyer recibió en el área y definió cruzado para el 1-1. Silencio, tensión, relojes que parecían no avanzar.
El marcador no se movió más en el tiempo reglamentario. Tampoco en la prórroga. El oro olímpico se iba a decidir desde el punto de penalti, ese territorio donde la gloria y el drama caminan juntos.
Hasta el cuarto lanzamiento, nadie falló. Renato Augusto, Marquinhos, Rafinha Alcântara y Luan convirtieron para Brasil. Ginter, Gnabry, Brandt y Süle hicieron lo propio para Alemania. Todo pendía de un detalle, de un gesto, de una atajada.
El encargado del quinto penal alemán fue Petersen, uno de los máximos goleadores del torneo. Golpeó fuerte, pero Weverton adivinó el lado y detuvo el disparo. El estadio rugió. El destino quedaba en los pies de Neymar.
El capitán tomó carrera, frenó, eligió el lado y convirtió. Medalla de oro. Maracaná en éxtasis. Jugadores arrodillados, lágrimas, abrazos. Walace, Gabriel Jesus, Neymar, Gabriel Barbosa, Rafael Alcântara y el resto del grupo se fundieron en una celebración que rompía una barrera histórica del fútbol brasileño.
Un inicio titubeante, una reacción contundente
El camino hasta aquella final no fue un paseo. Brasil llegó a la fase de eliminación directa como líder del Grupo A, pero las dudas marcaron el arranque. En el Estadio Nacional de Brasília, los dos primeros partidos dejaron preocupación y críticas: 0-0 ante Sudáfrica y 0-0 ante Irak.
La clasificación pendía de un hilo. En la tercera jornada, en la Arena Fonte Nova de Salvador, la selección necesitaba ganar a Dinamarca para asegurar el primer lugar del grupo. Y ahí, por fin, se soltó. Gabriel Barbosa marcó dos goles, Gabriel Jesus añadió otro y Luan cerró la goleada por 4-0. La presión se transformó en confianza.
Con la fase de grupos superada, el equipo se lanzó al todo o nada.
Colombia, Honduras y la construcción de un campeón
En cuartos de final esperaba Colombia, segunda del Grupo B tras empatar 2-2 con Suecia y Japón y vencer 2-0 a Nigeria. El escenario, la Arena Corinthians de São Paulo. Brasil jugó un partido serio, maduro. Neymar abrió el marcador y Luan sentenció el 2-0. El pase a semifinales aseguraba, como mínimo, la disputa por el bronce. Pero el vestuario ya pensaba en algo más grande.
El siguiente obstáculo era Honduras, una selección que había dejado en el camino a Argentina y Argelia en la fase de grupos, había avanzado junto a Portugal y había eliminado a Corea del Sur en cuartos con un 1-0. No fue rival en el Maracaná. Brasil salió decidido a aplastar cualquier duda y firmó un 6-0 contundente: doblete de Neymar, doblete de Gabriel Jesus, y goles de Marquinhos y Luan. El estadio empezó a saborear la posibilidad del oro.
La final ante Alemania cerró ese recorrido. Un torneo que comenzó entre silbidos terminó con un grito que retumbó en todo el país.
Los 18 nombres del oro
Aquella medalla no pertenece solo a los goleadores ni a los héroes de la tanda de penaltis. Son 18 los futbolistas inscritos como campeones olímpicos, con una mención especial para un ausente forzado: Fernando Prass, llamado para los Juegos, pero descartado antes del inicio de la fase de grupos por una lesión en el codo durante el calentamiento del amistoso ante Japón en el Serra Dourada, en Goiânia.
- Arqueros
- Weverton (Athletico-PR)
- Uilson (Atlético Mineiro)
- Laterales
- William (Internacional)
- Douglas Santos (Atlético Mineiro)
- Zeca (Santos)
- Defensas centrales
- Rodrigo Caio (São Paulo)
- Luan Garcia (Vasco da Gama)
- Marquinhos (Paris Saint Germain, FRA)
- Mediocampistas
- Thiago Maia (Santos)
- Rodrigo Dourado (Internacional)
- Rafinha Alcântara (Barcelona, ESP)
- Renato Augusto (Beijing Guoan, CHI)
- Felipe Anderson (Lazio, ITA)
- Walace (Grêmio)
- Delanteros
- Neymar (Barcelona, ESP)
- Luan (Grêmio)
- Gabriel Barbosa (Santos)
- Gabriel Jesus (Palmeiras)
Diez años después, aquella noche en el Maracaná sigue siendo un punto de inflexión: el día en que el país del fútbol, por fin, también se convirtió en el país del oro olímpico.






