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Caótico cierre de mercado: Chelsea y Monaco en conflicto

Jugar con fuego y quemarse. Así describió una fuente con conexiones tanto en Chelsea como en Monaco el caótico cierre de mercado que dejó a todos los implicados con las manos vacías: Folarin Balogun, Everton, Monaco, Lamine Camara y Chelsea. Nadie ganó.

La operación que lo desencadenó todo

Chelsea se preparaba para una venta mayúscula: los 125 millones de libras que Manchester City iba a pagar por Enzo Fernández. En ese contexto, el club londinense apuntó a Lamine Camara, centrocampista senegalés de 22 años, como relevo en la medular.

Monaco, sin embargo, se plantó desde el principio. No al precio que ofrecía Chelsea.

«Llevo hablando con ellos los últimos 10 días», explicó el director deportivo de Monaco, Thiago Scuro. «Sobre las 16:00, hora británica, de ayer recibimos el contacto de Chelsea. La respuesta fue la misma: no».

Mientras tanto, el club del Principado sí había abierto la puerta a otra salida clave: el delantero internacional estadounidense Folarin Balogun, de 25 años, volaba a Merseyside para cerrar un traspaso de 40 millones de libras a Everton. Según Monaco, Camara había aceptado seguir en el club.

Un mercado que se reabre… y se vuelve a cerrar

Con tres horas por delante antes del cierre de la ventana, en Stamford Bridge estaban relativamente tranquilos. Enzo vendido, sí, pero sin sensación de pánico. Los intentos por Camara y por Manu Koné, de Roma, no habían prosperado, y el club asumía que tendría que tirar con lo que tenía en el centro del campo.

Entonces se torció el reconocimiento médico de Balogun en Everton. Y se abrió de nuevo una rendija para Chelsea.

Al precio de 47 millones de libras que los londinenses ya habían puesto sobre la mesa, las conversaciones con Monaco se reactivaron a las 20:00, hora británica. El escenario cambiaba a toda velocidad.

Everton, por su parte, no encontraba alternativas a Balogun y, con el reloj agonizando, reactivó su intento por el delantero.

Chelsea, esta vez, fue rápido y metódico. Completó toda la documentación necesaria para el fichaje de Camara sin necesidad de recurrir a un deal sheet, esa figura que permite a los clubes pedir tiempo extra a la Premier League para rematar una operación más allá del cierre oficial.

Camara había pasado reconocimiento médico, había hablado con Xabi Alonso y había firmado un contrato hasta 2033. Todo listo. O eso pensaba Chelsea.

El desenlace fue un jarro de agua fría. El trato se vino abajo en el último momento. Monaco reconoce la decepción del jugador.

«Lo que pasó fue que, sobre las 22:00, hora británica, quizá un poco antes, Everton se dio cuenta de que no había ningún problema y decidió que estaba listo para firmar el contrato por Balogun», relató Scuro ante los medios el miércoles.

«En cuanto recibimos esa información, volvimos a Chelsea y dijimos que no había acuerdo. Porque también es lo justo. Forma parte del juego».

Enfado en Londres, alivio en el Principado

En Chelsea la reacción fue de furia. El club sostiene que Monaco les comunicó por escrito que la operación no seguiría adelante, en lugar de hacerlo por teléfono, lo que habría permitido una reacción más rápida. Pero ya no había margen real.

En el Principado, la lectura era distinta. Con un deal sheet firmado cinco minutos antes del cierre, a las 23:00, hora británica, para dar a Everton tiempo extra con Balogun, Monaco creía haber asegurado la venta que necesitaba para cuadrar sus números con las normas financieras de la UEFA.

El club francés estaba bajo una presión clara: generar 150 millones de euros en ventas este verano. Llevaba 106 millones recaudados. Balogun era una pieza clave para acercarse al objetivo.

Quedaba, sin embargo, un último giro de guion.

En la madrugada del martes, el exdelantero del Arsenal cambió de idea. Abandonó el centro de entrenamiento de Everton, Finch Farm, sin firmar el contrato.

Scuro asegura que Balogun se sintió maltratado durante su estancia en las instalaciones del club de la Premier League, algo que Everton niega. «Tuvimos que respetar su decisión», admitió el dirigente. «Encontramos soluciones, cuestionamos la valoración médica y trabajamos sobre los problemas».

«No quiero crear una guerra con Chelsea o Everton. Mi papel es proteger a Monaco y actuar en el mejor interés del club. Eso es lo que he hecho desde que llegué. No se trata de que me quieran fuera del club. Se trata de hacer lo que Monaco necesita».

Con el agujero económico aún por cubrir, Scuro no descarta nuevas ventas hacia ligas cuyos mercados sigan abiertos. El club escuchará propuestas.

Camara, entre la frustración y la promesa de nuevas oportunidades

Camara, mientras tanto, debe recomponerse. Scuro asegura que el senegalés está llamado a regresar «a pleno rendimiento» para el próximo partido, una visita de alto voltaje al campo de Paris Saint-Germain el viernes por la noche.

«Lo entiendo perfectamente, porque un jugador puede ilusionarse con las conversaciones con un entrenador y con todo lo que un club como Chelsea puede ofrecer», apuntó el director deportivo. «No es el fin del mundo. Es una oportunidad. Para un futbolista con su nivel de talento, estoy muy seguro de que pronto tendrá opciones y ofertas incluso mejores que la que tuvo ayer».

Fuentes cercanas al centrocampista señalan que Liverpool mantiene un interés de larga duración en un posible acuerdo futuro. El nombre de Camara no va a desaparecer del radar de la élite europea.

Chelsea llevaba unos 10 días valorando seriamente al senegalés como reemplazo de Enzo Fernández. Podía haber forzado el trato antes, sí, pero a un precio que el club consideraba excesivo. Desde el entorno de Monaco siempre se transmitió el mismo mensaje: Camara no estaba en venta durante casi toda la ventana, salvo por ofertas «excepcionales». Solo esas pocas horas del martes abrieron una ventana real.

En Stamford Bridge sienten que el desplome de la operación les pilló a contrapié. Y que, una vez roto el acuerdo, poco más podían hacer para resucitarlo o para cerrar una alternativa antes de la medianoche.

Existía, sin embargo, una vía radical: frenar a última hora la salida de Enzo Fernández al Manchester City. Chelsea decidió no hacerlo, apelando a un sentido de «profesionalidad» y al respeto a lo ya pactado.

Un centro del campo bajo la lupa

El deseo de reforzar la medular era claro, pero no a cualquier precio. Chelsea quería un sustituto para Enzo, pero solo bajo sus propias condiciones. Nada de compras desesperadas.

Xabi Alonso ve al capitán Reece James, sobre todo, como una opción de centrocampista, junto a Moisés Caicedo, Romeo Lavia y las nuevas incorporaciones Jordan Henderson y Valentín Barco dentro de una plantilla de 27 jugadores.

Las lesiones de Caicedo y Henderson, unidas a la carga de minutos de James, obligaron a improvisar. En la victoria por 4-3 ante Brighton, el lateral Malo Gusto apareció en el centro del campo. El dato fue llamativo: Chelsea firmó apenas un 25,6% de posesión, su cifra más baja desde que existen registros en la temporada 2003-04.

Alonso podía haber tirado antes de Barco, de 21 años, que entró como suplente en la segunda parte. Pero en el club quieren manejar con cuidado la progresión del jugador procedente de Strasbourg, que regresa a la Premier League tras un paso fugaz por Brighton.

Dentro y fuera del club se discute si la plantilla tiene la profundidad y la calidad suficientes en esa zona clave del campo. La opción de volver a por Camara en enero sigue sobre la mesa, igual que la de ir a por otro centrocampista si surge la oportunidad adecuada.

Mercado brillante, exigencia máxima

En medio de este caos de última hora, en Chelsea hay un punto de satisfacción: han logrado un beneficio neto en el mercado mientras añadían piezas de nivel. Han llegado el campeón del mundo Emiliano Martínez, el internacional francés Maxence Lacroix y el fichaje más caro de la historia del club, Morgan Rogers, por 117 millones de libras. También se han sumado el veterano delantero Danny Welbeck y los laterales Pep Chavarría y Marco Palestra.

La dirección deportiva ha movido sus fichas. Ahora la presión se desplaza al césped.

Con un centro del campo bajo escrutinio, un fichaje frustrado como el de Camara y un vestuario remozado, el reto es claro: que el grupo que ha construido el club esté a la altura de las ambiciones de Chelsea.

La primera gran prueba llega ya este domingo, en casa del vigente campeón, Arsenal. Ahí no habrá margen para papeles sin firmar, deal sheets ni giros de guion. Solo fútbol. Y la respuesta a una pregunta incómoda: ¿basta con lo que tiene Chelsea en el centro del campo para sostener todo lo que se ha propuesto esta temporada?