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El Chelsea se desmorona en Brentford: problemas defensivos y ofensivos

El problema del Chelsea volvió a ser el de siempre: defender. Esta vez, además, sin gol. La ausencia por lesión de Joao Pedro dejó al equipo de Xabi Alonso sin su referencia ofensiva y el resultado fue un 3-0 doloroso en casa del Brentford que desnuda todas las costuras del proyecto.

El brasileño, fuera por una lesión de rodilla, había sido el faro del nuevo ataque de Alonso, ese tridente alegre y eficaz con Cole Palmer y el fichaje récord de 117 millones de libras, Morgan Rogers. Sin él, el sistema perdió chispa, amenaza y, sobre todo, soluciones.

Danny Welbeck ocupó su lugar. Ordenado, limpio en las recepciones, siempre dispuesto a ofrecerse. Pero casi invisible en el área rival.

Un partido igualado… hasta el primer golpe

Durante una hora, el duelo fue parejo. Partido cerrado, mucho cálculo, la sensación de que el primer gol iba a pesar como una losa. Y así fue.

En el minuto 61, Jaidon Anthony adelantó al Brentford y el Chelsea se vino abajo. No fue solo un gol. Fue el disparador de un derrumbe. Del 1-0 al 3-0, el equipo de Alonso se descompuso, perdió duelos, perdió orden y perdió la fe.

El contraste con el inicio de temporada es brutal. En las primeras jornadas, el Chelsea sobrevivía y sumaba gracias al talento individual de su ataque. Ahora ni eso. Y atrás, la hemorragia no se detiene: 12 goles encajados, más que cualquier otro equipo de la Premier League, aunque con un partido más disputado que el resto.

Xabi Alonso ya entra en una lista incómoda: es apenas el sexto técnico en la historia de la Premier que recibe dos o más goles en cada uno de sus cinco primeros encuentros en el cargo. El dato no admite demasiadas interpretaciones: urge cerrar la portería.

Un equipo sin estructura ni respuestas

Parte del problema es heredado, sí. Pero el nuevo entrenador no ha logrado todavía dar una mínima coherencia táctica al equipo. Ha probado sistemas, ha cambiado piezas, ha abierto la puerta a media plantilla.

Once debuts en lo que va de campaña. Dos más en Brentford. Uno para Mahdi Nicoll-Jazuli, centrocampista de 16 años que se convirtió en el jugador más joven del Chelsea en disputar un partido de Premier League. Otro para Jordan Henderson, 36 años, estrenándose ante su antiguo club.

El relato de la noche, sin embargo, fue otro: el ataque no funcionó y, en cuanto el Brentford se puso por delante, el Chelsea se deshizo.

Con un parón internacional largo a la vista, el equipo tendrá tres semanas para rumiar este golpe. Tiempo de sobra para entrenar. Y para que crezcan las dudas.

Sin Joao Pedro, el ataque pierde alma

El Chelsea repitió fórmula de mercado por segundo verano consecutivo: fichar un delantero del Brighton. Esta vez, Welbeck, para reencontrarse con Joao Pedro y reforzar la línea ofensiva.

Pero el plan se vino abajo sin el brasileño. Welbeck, a sus 35 años, estuvo correcto con el balón, pero apenas tuvo opciones. Solo 17 toques antes de ser sustituido en el minuto 71. Muy poco para quien debía ser el faro en punta.

Joao Pedro, en cambio, llegaba al fin de semana como el jugador con más participaciones de gol en la Premier League: tres tantos y tres asistencias en cuatro partidos. Su impacto va más allá de las cifras. Se entiende con Palmer, se asocia con Rogers, arrastra marcas, genera espacios.

En Brentford, Rogers firmó probablemente su actuación más discreta desde que llegó procedente del Aston Villa. Terminó jugando como referencia ofensiva, obligado por la baja de Emmanuel Emegha, aún lesionado y sin haber debutado con el Chelsea.

Antes del 1-0, el partido pedía un detalle. Un destello. El Chelsea no lo encontró. Y cuando el Brentford sí lo hizo, los de Alonso prácticamente le regalaron el resto de la noche.

El viejo fantasma: el balón parado

Si hay un área donde el Chelsea no avanza, es en la defensa de jugadas a balón parado. Desde el inicio de la temporada pasada, el equipo ha encajado 23 goles en estas acciones. Nadie en la Premier League ha recibido más.

En Brentford, la historia se repitió. El cabezazo sencillo de Anthony en un córner elevó a cinco los tantos encajados a balón parado en este curso. Demasiado castigo en situaciones que se entrenan, se repiten y se planifican.

El club ya había intentado atajar este problema con la llegada de Bernardo Cueva desde el Brentford hace dos años. Este verano, la responsabilidad pasó a manos de otro especialista, Austin MacPhee. De momento, el resultado no se ve en el césped.

Levi Colwill, capitán circunstancial, no se escondió ante Sky Sports: “No es lo suficientemente bueno. En ocasiones nos han superado físicamente en el área y tenemos que mejorar, sin duda. Confiamos plenamente en nuestro entrenador de jugadas a balón parado y aún nos estamos adaptando a las nuevas ideas, pero necesitamos mejorar como equipo”.

La autocrítica está. La solución, todavía no.

Más veteranos, mismo problema de carácter

Alonso ha insistido en endurecer al grupo, en elevar el nivel competitivo y la mentalidad de la plantilla. Durante meses, el debate giró en torno a la juventud del equipo. Pero en Brentford no había excusa generacional.

El Chelsea alineó su once inicial más veterano desde mayo de 2023. Henderson, en su debut, compartió protagonismo con otros dos jugadores por encima de los 30 años: Welbeck y el guardameta Emiliano Martínez.

La experiencia no evitó el desplome. “Diría que hemos bajado nuestra consistencia y nuestra mentalidad competitiva en la segunda parte. Sabemos que los pequeños detalles pueden ser decisivos”, admitió Alonso tras los dos goles encajados en el tramo final.

El técnico también reconoció que sigue en fase de pruebas. Sistemas, nombres, matices. Nada termina de asentarse. Y eso se nota en el control —o la falta de él— durante los 90 minutos.

“No se trata de buscar excusas”, dijo el español a Sky Sports. “Tenemos que mirarnos unos a otros y saber que debemos trabajar y mejorar porque todavía queda un largo camino por recorrer”.

El arranque del ciclo de Alonso se había alimentado del vértigo ofensivo y de un par de victorias ilusionantes. Hoy, el parón internacional llega con otra sensación: la de un Chelsea obligado a responder preguntas incómodas. Y a demostrar, de una vez, que sabe defender su propio proyecto.