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Controversia en el Mundial: Visados denegados a Omar Artan e Irán

El jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial ha salido en defensa de una de las decisiones más polémicas en la antesala del torneo: la negativa de visado al árbitro somalí Omar Artan y a parte del personal de apoyo de la selección de Irán.

Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo e hijo del exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, tomó la palabra en un acto organizado por el Atlantic Council en Washington y puso cifras sobre la mesa. “Hasta este momento han entrado 35 selecciones en Estados Unidos”, recordó. Ningún jugador. Ningún entrenador. Ningún miembro del cuerpo técnico principal ha sido rechazado, subrayó. Los vetos se han concentrado en “algunos oficiales”, y, según su versión, “por muy buenas razones”.

El caso Omar Artan, un debut mundialista frustrado

El nombre propio que incendió el debate fue el de Omar Artan. No se trataba de un árbitro cualquiera: en 2025 fue elegido mejor colegiado masculino del año por la Confederation of African Football y estaba llamado a convertirse en el primer somalí en dirigir un partido de un Mundial.

Su aventura terminó en el control de pasaportes del aeropuerto de Miami. Las autoridades estadounidenses le denegaron la entrada y lo enviaron de vuelta. Un funcionario del Departamento de Estado explicó que el árbitro estaba “asociado con presuntos miembros de organizaciones terroristas”, lo que, según la legislación migratoria de Estados Unidos, lo convertía en “no elegible” para ser admitido en el país.

Giuliani, preguntado de forma directa por la exclusión de Artan, defendió la línea dura. “Estamos buscando ese equilibrio entre garantizar que cualquier actor malintencionado que intente entrar en el país bajo el paraguas del Mundial no tenga acceso a Estados Unidos”, afirmó.

El episodio se produce, además, con Somalia incluida en la lista de países sometidos a veto de viaje, una medida impulsada por la administración del presidente Donald Trump dentro de un paquete más amplio de restricciones migratorias. El contexto político se cuela, así, de lleno en la gran cita del fútbol.

Irán, bases en México y visados en el aire

El otro frente abierto afecta a Irán. La selección asiática disputará sus tres partidos de la fase de grupos en suelo estadounidense, pero no podrá preparar el torneo allí. Debido al conflicto militar en curso entre Teherán y Washington, la federación iraní se ha visto obligada a fijar su base de entrenamientos en México.

El golpe no se queda en la logística. La federación iraní denunció que se le retiró su cupo de entradas para aficionados y que a parte del personal de apoyo del equipo también se le han negado los visados.

Giuliani trató de marcar una línea clara: “Todo el cuerpo técnico de Irán va a entrar”, aseguró, antes de matizar que “algunos oficiales iraníes no vendrán; de nuevo, por muy buenas razones”. Rechazó dar detalles, pero dejó caer una sospecha: “Hay algunas personas que aseguran ser entrenadores y puede que no lo sean”.

Seguridad máxima y mirada puesta en la final

La tensión política y las restricciones migratorias se cruzan con un dato que la Casa Blanca quiere subrayar: por ahora, no hay señales de alarma inmediatas. El enviado del presidente aseguró que no existen “amenazas creíbles” contra el Mundial, aunque insistió en que la comunidad de inteligencia ha “triplicado” sus esfuerzos y seguirá vigilante “entre ahora y cuando se marque el último gol el 19 de julio”.

Mientras el balón se prepara para rodar, la pregunta ya no es solo quién levantará el trofeo. También hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos para blindar sus fronteras sin alterar el espíritu universal del Mundial.

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