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Dundee aprovecha errores de Motherwell y se posiciona alto

En una tarde ventosa en Dens Park, Motherwell encadenó su tercera derrota consecutiva en la Premiership escocesa. No cayó por falta de balón ni de intención. Cayó por dos errores de su portero y por la frialdad de un Dundee diezmado por las lesiones, pero implacable cuando olió sangre.

Westley juega roto… y marca igual

Dundee llegaba con una crisis de efectivos tan seria que Joe Westley saltó al campo con una fractura en el pómulo. Protegido, tocado, pero titular. Acabó siendo decisivo.

El primer golpe llegó desde el punto de penalti. El árbitro señaló una mano muy discutible de Emmanuel Longelo dentro del área. Castigo severo para Motherwell, premio inesperado para un Dundee que apenas había amenazado hasta entonces.

Westley asumió la responsabilidad. Alex Paulsen adivinó la dirección, llegó con las dos manos… y aun así el balón se le escapó por debajo, mansamente, hasta besar la red. Un tanto que retrató al guardameta y encendió Dens Park.

Si eso ya dolía, lo que vino después fue aún peor para el portero visitante.

El segundo error que hunde a Paulsen

Con Motherwell todavía tratando de recomponerse, Ryan Astley cargó la banda y puso un centro tenso al área. Bradley Fink se lanzó en plancha y rozó el balón con la cabeza. La pelota parecía ir fuera. Paulsen lo vio claro y la dejó pasar.

Error.

El balón botó, giró sobre el césped húmedo, golpeó el poste y se coló en la portería. De la calma confiada del guardameta al desconcierto absoluto en un segundo. De la nada, Dundee ganaba 2-0 y el partido cambiaba de manos.

En el banquillo local, la cámara enfocó a Steven Pressley. Moleskine en mano, escribía con furia. Tal vez solo apuntaba lo evidente: “lo hemos clavado”.

Lowry recorta, pero falta colmillo

Motherwell no se desmoronó. Alfred Johansson agitó desde la banda y su equipo respondió con balón y paciencia. El premio llegó con Alex Lowry: controló un centro dentro del área y definió con calma para poner el 2-1 y abrir de nuevo el encuentro.

A partir de ahí, fue un monólogo visitante con la pelota. Motherwell se instaló alrededor del área de Dundee, moviendo el balón de lado a lado, acumulando pases, buscando grietas que casi nunca aparecieron.

Owen Goodman apenas tuvo que intervenir un par de veces antes del tramo final, cuando una oleada de saques de esquina llevó algo de nervio al área local. Mucho ruido, poca pólvora.

En cambio, cada vez que Dundee se atrevía a salir, amenazaba de verdad. En una de esas contras, Paulsen tuvo que redimirse a toda prisa, negando el gol primero a Westley y luego a Astley en acciones consecutivas.

Pressley resiste la plaga de lesiones

Lo de Dundee tiene mérito. El equipo escala hasta la cuarta plaza en estas primeras jornadas, con al menos cinco titulares fuera por lesión. Un panorama que su técnico ha descrito como uno de los periodos “más desafiantes” de su carrera en un banquillo.

Su plan ante Motherwell fue claro: ceder la posesión, blindarse atrás y atacar con convicción cuando se presentara la ocasión. Lo ejecutaron con disciplina. Cada avance local parecía más afilado que las largas secuencias de pases visitantes.

Pressley ha repetido que “ama” a este grupo por cómo responde ante la adversidad. En Dens Park le volvieron a dar argumentos.

Tres semanas de parón le esperan ahora a Dundee para recuperar futbolistas y, quizá, para reforzar la sensación de que este arranque no es un simple espejismo.

Motherwell, mucho toque y pocas uñas

El viaje de vuelta a Lanarkshire deja un sabor amargo. La propuesta de Johansson sigue siendo atractiva a la vista, pero el equipo se desangra atrás y se encoge en el área rival.

Los datos lo retratan: 81 entradas en el último tercio del campo, solo 23 toques dentro del área. Dundee, con 36 entradas en esa zona, alcanzó la misma cifra de intervenciones en el área de Motherwell. Llegan, pero no hieren.

Tawanda Maswanhise, máximo goleador del curso pasado y retenido este verano, carga ahora con un peso evidente sobre los hombros. El equipo le mira, le busca, le exige. Y el gol no llega con la misma naturalidad.

A esa timidez ofensiva se le suma la segunda peor defensa del campeonato. Una combinación que explica sin adornos la racha actual.

La única chispa de consuelo para Motherwell está en la memoria reciente: el año pasado, con Jens Berthel Askou, también arrancaron despacio. Tras siete jornadas, sumaban los mismos ocho puntos, construidos a base de empates más que de victorias.

Hoy el fútbol es más vistoso, la idea está clara y el calendario todavía ofrece margen. La cuestión es otra: cuánto tiempo tardará este equipo en transformar la estética en resultados antes de que la paciencia empiece a agotarse.