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Emery y su obsesión por la Supercopa: La oportunidad con Aston Villa

Unai Emery domina la Europa League como nadie. Cinco títulos, el último en mayo con un Aston Villa que en Estambul rompió una sequía de 30 años sin levantar un trofeo al derrotar a Freiburg. Ese torneo ya lo tiene marcado a fuego. La Supercopa, en cambio, sigue siendo su espina clavada.

El miércoles, en Salzburgo, vuelve a la carga. Cuarta oportunidad. Esta vez con Aston Villa frente al campeón de la Champions, Paris St-Germain. Un escenario perfecto: el Red Bull Arena, un rival que conoce bien y unos 6.000 aficionados villanos dispuestos a teñir de claret and blue la grada.

Un perfeccionista sin consuelo

Emery ya dejó claro la pasada temporada que quería algo más que aplausos. Se marcó como objetivo acabar tercero en la Premier League, una meta que no había alcanzado con Villa. Terminó cuarto. Notable para casi cualquiera. Insuficiente para él.

Con la Supercopa le ocurre lo mismo. No es cuestión de relleno en el palmarés, es una obsesión competitiva. Ha perdido tres finales: ante Real Madrid y Barcelona con Sevilla, y luego contra Chelsea con Villarreal en 2021, cayendo en los penaltis en Dublín.

La herida viene de lejos. En 2014, Cristiano Ronaldo firmó un doblete para darle la Supercopa al Real Madrid frente a su Sevilla. Un año después, aquel inolvidable 5-4 en la prórroga frente a un Barcelona encendido por Lionel Messi. En 2016, Sevilla volvió a caer ante el Madrid, pero Emery ya se había marchado a PSG.

Ahora el técnico llega a Salzburgo con la opción de romper por fin esa racha. Y no olvida. “Él —señalando a John McGinn— me lo estaba recordando la semana pasada”, admitió Emery al hablar de aquella derrota frente al Chelsea. Lo toma como lo que es para él: una oportunidad. Un trofeo. Un momento especial.

“Jugar por trofeos es, como profesional, nuestro objetivo”, subrayó. Sabe que PSG parte como favorito, pero no rebaja el listón: quiere medir la capacidad de su equipo ante el gigante francés. “Como entrenador, como jugador, como club, es un trofeo. Es algo que nos hace sentir orgullosos de cómo somos y de cómo hemos llegado hasta aquí”.

Entre la etiqueta de amistoso y la ambición real

La Supercopa siempre arrastra el mismo debate. ¿Trofeo de verdad o amistoso de lujo? El paralelismo con el Community Shield del domingo entre Arsenal y Manchester City es inevitable. Partido con brillo, fecha de pretemporada, dudas sobre su peso real.

Para PSG, al menos de puertas afuera, no hay discusión. Vitinha, cuatro veces campeón de la Ligue 1, rechazó la idea de que el club trate la cita como un trámite, aunque reconoció que “la pretemporada fue un poco corta”. El portugués lo dejó claro: “Seguimos hambrientos de victorias, de trofeos. Es muy difícil mantener esos niveles, pero seguimos con hambre”.

Marquinhos fue en la misma línea. El capitán insistió en que la Supercopa importa para mantener viva la cultura de títulos en un vestuario acostumbrado a ganar, incluso en un contexto tan peculiar como el del Red Bull Arena, donde el club se quejó del tamaño del vestuario y recibió un espacio adicional por parte de la UEFA. “Solo porque hemos ganado cosas en estas últimas temporadas no significa que sea fácil. Sabemos que habrá muchos obstáculos”, avisó. Y añadió su credo personal: quiere más, como cada jugador de esa plantilla, todos trabajando para llegar en las mejores condiciones.

El eco de aquel cuarto de final

El duelo del miércoles tiene memoria reciente. Villa y PSG se vieron las caras en los cuartos de final de la Champions 2024-25. El guion de aquella eliminatoria todavía resuena en París.

En la ida, en el Parc des Princes, PSG se impuso 3-1. En la vuelta, en Birmingham, el marcador global se disparó hasta un 5-1 para los franceses. Parecía todo sentenciado. Pero Villa se rebeló. Del 0-2 en contra al 3-2 final, rozando una remontada épica. El 5-4 en el global no les dio el pase, pero sí lanzó un mensaje: el equipo de Emery podía competir con la élite europea.

Vitinha no lo ha olvidado. “Fue una prueba muy difícil, especialmente la segunda parte”, recordó el centrocampista. PSG llegará preparado, pero con la conciencia clara de que Villa no es un invitado simpático a la fiesta.

Un Villa muy distinto… con la misma idea

Lo llamativo es cuánto ha cambiado Aston Villa en apenas 484 días desde aquella noche de Champions. La alineación en Austria tendrá otro rostro. Morgan Rogers, Lucas Digne y Youri Tielemans ya han salido del club. Amadou Onana no volverá hasta el año que viene por lesión.

Boubacar Kamara sí está en la convocatoria, aunque apenas regresa ahora de una grave lesión de rodilla sufrida en enero. Y las ausencias pesan: Emi Martínez, Ezri Konsa y Ollie Watkins no han viajado tras disputar el Mundial, con Emery concediéndoles un mes de descanso.

El resultado es un equipo con otra fisonomía. Solo cuatro de los titulares que se midieron a PSG hace 18 meses podrían repetir en Salzburgo. Cinco de los suplentes de aquella noche también han abandonado el club. Para un proyecto tan estable y reconocible como el de Emery en Villa, el giro es profundo.

John McGinn, capitán y voz autorizada del vestuario, lo resume desde la experiencia de sus ocho años en el club: “Mucho ha cambiado en el tiempo que llevo aquí”. El escocés ve lógico que, cuando fichas al mejor talento joven inglés y tus jugadores rinden al máximo nivel, aparezca el interés de otros. Pero insiste en que Villa no se ha quedado desnudo.

Habla de estructura, de estándares, de normas que han llevado al equipo al éxito reciente. Y lanza un mensaje de ilusión: “Estoy realmente emocionado con el nuevo Aston Villa”. El núcleo duro sigue ahí. El mismo entrenador, los mismos métodos, la misma ambición por ir más lejos.

Hace no tanto, muchos pensaban que el techo ya estaba alcanzado. Que aquel cuarto puesto en la Premier y las noches europeas eran el punto final del cuento. Villa y Emery llegan a Salzburgo dispuestos a discutir esa teoría, con una Supercopa que, para ellos, dista mucho de ser un simple amistoso de verano.