Fifa permite botella de agua desechable en el Mundial 2026
Fifa ha vuelto a recalibrar su política de botellas de agua para el Mundial de 2026 en Norteamérica, después de una oleada de críticas de aficionados, expertos y figuras políticas. El organismo permitirá ahora que cada espectador acceda al estadio con una única botella de plástico blando, desechable, de 20 onzas (590 ml), siempre que esté sellada de fábrica.
Es un giro respecto a la normativa comunicada a comienzos de semana, cuando se prohibieron por completo las botellas reutilizables. Hasta entonces, los poseedores de entradas podían entrar con una botella vacía, transparente y reutilizable de hasta un litro. Ese margen ha desaparecido.
El cambio encendió las alarmas. Grupos de aficionados y científicos especializados en salud y clima ya venían advirtiendo del riesgo que supondrán las altas temperaturas previstas en varias sedes para el bienestar de los hinchas. La decisión de cerrar la puerta a las botellas reutilizables se leyó como un paso atrás en plena preocupación por golpes de calor y deshidratación.
La polémica saltó al terreno político. El primer ministro británico, Keir Starmer, calificó la medida de “equivocada” y la relacionó directamente con intereses comerciales. “No se pueden introducir botellas de plástico, pero sí se puede comprar una botella de agua una vez dentro de la grada. Y entonces será cara”, denunció en declaraciones a LBC, subrayando que, a su juicio, las entradas ya son “demasiado caras”.
Ante la presión, Fifa ha suavizado su postura, aunque no del todo. En un comunicado, el organismo detalló que “todos los aficionados podrán introducir una botella de agua de plástico blando, de 20 onzas (590 ml), desechable y sellada de fábrica” en cualquier partido del Fifa World Cup 2026 en Estados Unidos y Canadá.
El director de operaciones del torneo, Heimo Schirgi, precisó el límite: “Lo que no está permitido son los recipientes de agua rígidos y resellables, que podrían suponer un riesgo para la seguridad”. Es decir, se abre la puerta a una única botella desechable por persona, pero se mantiene el veto a cualquier envase duro que pueda ser lanzado o manipulado.
El contraste con experiencias recientes en territorio estadounidense es evidente. En el pasado Club World Cup disputado el verano pasado en Estados Unidos, los aficionados sí pudieron acceder con botellas vacías para rellenarlas dentro de los recintos. El agua, además, se vendía en los estadios a precios que oscilaban entre 3 y 4,50 libras.
Fifa había justificado el endurecimiento inicial de la normativa con un argumento de seguridad: evitar riesgos y lesiones tanto para jugadores como para asistentes. Sin embargo, el malestar no remitió. Las acusaciones de que el verdadero objetivo era maximizar los ingresos por venta de bebidas encontraron eco en la opinión pública, amplificadas por la intervención de Starmer y por el contexto de un torneo que ya se percibe como prohibitivo para muchos bolsillos.
El Mundial de 2026 se disputará en un continente vasto, con sedes sometidas a climas extremos y desplazamientos largos. La batalla por una simple botella de agua, lejos de ser un detalle menor, anticipa el pulso que se librará entre seguridad, negocio y bienestar del aficionado a medida que se acerque el inicio del torneo.






