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Francia se derrumba en Miami: goleada y conflicto interno

Francia no perdió solo un partido en Miami. Perdió la compostura, la imagen y, en cierto modo, el cierre digno de una era. Inglaterra la desnudó desde el primer silbatazo y la dejó 4-0 abajo antes del descanso. Un golpe brutal. Irreversible, por mucho que la reacción posterior maquillara el marcador.

La selección de Didier Deschamps, en el último encuentro de su seleccionador tras 14 años en el banquillo, firmó una primera parte que rozó el bochorno. Desorden atrás, apatía en la presión, desconexión total entre líneas. Inglaterra olió sangre y atacó sin piedad. Cada transición era una ocasión. Cada ocasión, una amenaza real.

En la reanudación, Francia despertó tarde. Encontró cuatro goles, se soltó algo más con el balón, mostró orgullo herido. Pero el daño ya estaba hecho. El 6-4 final retrata un partido caótico, desatado, en el que los ingleses supieron castigar cada error y los franceses solo reaccionaron cuando el abismo era demasiado profundo.

Rabiot estalla: “Empezamos el primer tiempo de manera bastante vergonzosa”

El marcador no fue lo único que ardió en Miami. También el vestuario. Adrien Rabiot, lejos de esconderse, apuntó directamente al comportamiento de algunos compañeros. Sin rodeos.

“Empezamos el primer tiempo de manera bastante vergonzosa”, declaró el centrocampista de AC Milan a beIN SPORTS. “Vi comportamientos de algunos jugadores que nunca había visto antes. Es un poco decepcionante porque era el último partido para hacerlo bien en esta competición. Hay mucha decepción tras la derrota contra España, pero había trabajo que hacer hasta el final y no podemos conformarnos con un juego tan descuidado”.

Las palabras no se quedaron ahí. Rabiot explicó que el grupo tuvo que mirarse al espejo en el descanso: “Hablamos en el entretiempo; nos dijimos que teníamos que mostrar algo de orgullo, y fue mucho mejor en la segunda parte porque, en la primera, algunos comportamientos fueron inaceptables”.

Un mensaje directo, que deja al descubierto un malestar profundo. No fue solo una mala noche. Fue, para una parte del vestuario, una cuestión de actitud.

Bronca en la banda y un técnico resignado

La tensión no se limitó a las declaraciones. En la banda, Rayan Cherki protagonizó un intercambio encendido con Deschamps durante una pausa de hidratación en la primera parte. Gritos, gestos, caras largas. Síntomas de un equipo partido, sin una voz única, justo en el día que despedía a su seleccionador.

El propio Deschamps ya había dejado entrever la falta de motivación antes del duelo por el tercer puesto. Admitió que el partido no seducía a nadie: “England no quiere jugar este partido y nosotros tampoco”. La frase, sincera, terminó siendo una profecía cumplida. Francia salió al campo como si el trámite le pesara, y lo pagó con una primera parte desangelada, sin alma.

El intento de reacción tras el descanso no borró la imagen inicial. El último encuentro de Deschamps al frente de Les Bleus quedó marcado por una actuación deshilachada y por conflictos internos a la vista de todos. No hubo cierre solemne, ni victoria simbólica. Hubo ruido, reproches y un marcador doloroso.

Inglaterra se marcha en alto y Rice reivindica al grupo

Mientras Francia se consumía en sus propias dudas, Inglaterra aprovechó la ocasión para despedirse del torneo con la cabeza alta. Serios cuando el partido lo exigía, letales en el área, los hombres de Thomas Tuchel supieron golpear pronto y gestionar el vendaval ofensivo que se desató después.

Declan Rice lo resumió con orgullo al término del encuentro. “Este es el mejor grupo de England en mucho tiempo. Es un hecho. Nadie nos puede quitar eso. Creo que podemos estar orgullosos como grupo. Estamos destrozados por haber perdido esa semifinal”, afirmó.

El mensaje del centrocampista refleja el contraste de estados de ánimo. Inglaterra se marcha con la sensación de haber tocado un techo competitivo, pese al golpe de la semifinal. Francia, en cambio, cierra ciclo entre reproches y autocrítica, con la certeza de que el problema va más allá de un mal arranque en Miami.

Deschamps ya es pasado. La pregunta, ahora, es quién será capaz de tomar ese vestuario, calmar las aguas y reconstruir una selección que, pese al talento, ha terminado despidiéndose entre sombras.