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Gianni Infantino y el colapso del plan FIFA: ¿cuánta autoridad le queda?

Gianni Infantino empezó la semana exhibiendo músculo: un presidente de FIFA que presume de 15.000 millones de dólares de ingresos por el último Mundial masculino y que caminaba, casi sin oposición, hacia otro mandato en 2027. La termina reculando de forma abrupta, aislado, cuestionado y obligado a desmantelar, en plena noche de viernes, el proyecto que había presentado como la gran revolución comercial del organismo.

El giro es tan brusco como revelador. Y deja una pregunta flotando en Zúrich: ¿cuánta autoridad real le queda al presidente de FIFA?

Un plan multimillonario que incendió el mapa

El proyecto tenía nombre, estructura y cifras. FIFA había anunciado el martes la creación de una nueva entidad privada, FIFA Forward Enterprises (FFE), encargada de gestionar sus grandes eventos: Mundiales, Mundiales de Clubes y otros torneos clave. La idea: vender un 21 por ciento de participación minoritaria a inversores externos.

El objetivo económico era descomunal. Esa venta debía generar 4.200 millones de dólares, que se canalizarían hacia las 211 asociaciones miembro mediante un nuevo mecanismo de financiación bautizado como FIFA Fast-Forward Programme (FFFP). Con este esquema, FIFA prometía elevar su inversión en desarrollo por encima de los 10.000 millones de dólares en los próximos cuatro años.

El dinero llegaba con una letra pequeña muy clara. Incluso si una federación votaba contra el plan de FFE pero este salía adelante, recibiría igualmente 20 millones de dólares en el ciclo 2027-30, 22 millones en 2031-34 y 24 millones en 2035-38, sin importar si finalmente se vendía o no una participación a inversores privados. Quien apoyase el proyecto, en cambio, vería doblado ese primer pago: 40 millones en 2027-30. Después, las cantidades serían idénticas.

Era un mensaje directo a las federaciones más dependientes de los fondos de FIFA: apoyo político a cambio de un cheque más abultado. Pero la ecuación se rompió donde Infantino menos podía permitírselo.

UEFA, Concacaf y AFC marcan el límite

La resistencia se organizó con una velocidad inusual. UEFA fue la primera en golpear con contundencia. La confederación europea no solo rechazó el proyecto: advirtió que sus 55 asociaciones miembro estaban dispuestas a boicotear competiciones de FIFA, incluidos los Mundiales, si el plan seguía adelante.

La amenaza no se quedó sola. Concacaf se alineó con Europa. Y poco después, la Confederación Asiática (AFC) emitió un comunicado en el que se declaraba en solidaridad con ambas. Tres bloques que, juntos, representan 137 de las 211 asociaciones miembro de FIFA.

La presión institucional subió un peldaño más cuando CONMEBOL, sin tumbar explícitamente la propuesta, marcó una línea roja: las decisiones financieras y comerciales, advirtió, “deben servir siempre a los intereses del fútbol y nunca imponerse a su esencia”.

FIFA respondió el viernes por la mañana con un comunicado desafiante. “Nadie está vendiendo el fútbol”, sostuvo, reivindicando su “compromiso con una consulta abierta y democrática” y dejando claro que pensaba seguir adelante con el proceso. El mensaje pretendía calmar y, al mismo tiempo, proyectar firmeza.

Duró unas horas.

La revuelta interna: dimisiones, acusaciones y un presidente acorralado

El terremoto más dañino para Infantino no llegó desde las confederaciones, sino desde dentro de su propio círculo.

Primero, Carlos Cordeiro, uno de sus asesores, presentó la dimisión. En su carta, destrozó el proyecto: lo calificó como “un mal negocio para las asociaciones miembro de FIFA, un mal negocio para el fútbol y un mal negocio para el futuro a largo plazo del juego”. No era una crítica técnica. Era un torpedo político.

Después, el golpe de Kevin Lamour. El director de operaciones de FIFA declaró a Associated Press que el personal había sido “engañado” por Infantino y que dormiría mejor tras denunciar la situación, aunque le costase el puesto. “Es el proyecto de una sola persona”, remató. Y fue más allá: “No solo este proyecto no debe seguir adelante… ha llegado el momento de que los líderes políticos del fútbol se hagan las preguntas correctas y tomen las decisiones adecuadas”.

Con dos altos cargos rompiendo la disciplina interna de ese modo, el plan dejó de ser una discusión sobre modelos de negocio y se convirtió en un referéndum sobre el liderazgo del presidente.

Mientras tanto, Thrive, la firma de capital riesgo de Joshua Kushner, no se había retirado formalmente del acuerdo. Pero el detalle se volvió irrelevante. La operación murió antes de nacer, no por falta de inversores, sino por falta de legitimidad política.

La noche del giro: Infantino frena en seco

La acumulación de presión desembocó en un comunicado nocturno, cargado de resignación. Infantino admitió que, tras escuchar las distintas posiciones, el proyecto había generado “divisiones de una naturaleza que, con independencia del nivel de apoyo, ya no están en línea con el objetivo fijado en primer lugar”.

“Nuestro propósito siempre ha sido —y siempre será— unir y mejorar. Como resultado, esta propuesta no seguirá adelante”, añadió el presidente.

Con esas líneas, FIFA retiró de golpe la creación de FFE, la venta del 21 por ciento, la lluvia de millones del FFFP y, sobre todo, la idea de que el organismo podía transformar su estructura comercial sin un consenso amplio de las grandes confederaciones.

La institución que por la mañana insistía en que “nadie está vendiendo el fútbol” terminaba, horas después, desmontando su propio plan estrella. No por matices técnicos, sino por una cuestión de poder y confianza.

Un liderazgo tocado y un calendario que aprieta

El impacto político es profundo. Durante las reuniones de UEFA y Concacaf del jueves, según informó The Athletic, se llegó a cuestionar abiertamente la continuidad de Infantino al frente de FIFA. Algo impensable hace apenas unos meses, cuando muchas federaciones ya habían enviado cartas de apoyo a su candidatura para las elecciones de marzo de 2027.

Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega, lo resumió con crudeza en declaraciones a VG: su “impresión clara” es que Infantino “ha perdido una gran parte de la confianza”. Recordó que Noruega no le votó en la última elección y que siempre se ha mostrado escéptica. Y dejó una advertencia que resuena más allá de Escandinavia: si se relajan los principios de gobernanza y las reglas, “se pierde rápido la confianza”.

La escena es llamativa. El presidente que presumía de récords de ingresos y de un control casi absoluto del mapa político de FIFA ha tenido que elegir entre seguir adelante con su gran apuesta económica o salvar, al menos parcialmente, su posición. Ha optado por lo segundo. Pero la retirada no borra el desgaste.

El proceso electoral ya tiene plazos. Las candidaturas deben presentarse antes de noviembre. Hasta hace nada, la mayoría asumía que Infantino se presentaría sin rivales serios. Hoy, esa certeza se ha evaporado.

El proyecto de FFE ha muerto. Lo que está por ver es si, con él, ha empezado también el final de la era Infantino tal y como la conocíamos. Porque el dinero puede volver a la mesa. La confianza, cuando se rompe en FIFA, rara vez regresa intacta.