Ilias Chair brilla en Fratton Park y QPR vence a Portsmouth
Ilias Chair necesitó solo una tarde para recordar a todo el mundo cuánto echó de menos el Queens Park Rangers su talento la pasada temporada. Dos goles, una asistencia y una exhibición de precisión en Fratton Park, donde QPR solo había ganado una vez en los últimos 30 años. La segunda llegó con sello marroquí.
Portsmouth, ilusionado en su tercer curso en Championship y con aspiraciones altas, arrancó con el colmillo afilado. El plan parecía claro y funcionaba. Conor Shaughnessy avisó pronto con un cabezazo alto y el debutante Luke Brooke-Smith obligó a intervenir a Pierce Charles. El estadio empujaba. El gol cayó como consecuencia lógica.
A los 15 minutos, la defensa de QPR no acertó a despejar una falta lateral y el balón quedó suelto a más de 30 metros. Ebou Adams levantó la cabeza, vio a Terry Devlin solo y se la dejó franca. El norirlandés, sin pensárselo, soltó un derechazo violento que se abrió en el aire y se coló lejos del alcance de su compatriota Charles. Un golazo, de esos que encienden una grada.
Parecía la tarde perfecta para Portsmouth. No lo fue.
El contraataque como castigo
QPR aceptó su papel: sufrir atrás, esperar y salir disparado. Cada pérdida local se convertía en amenaza. Hasta que llegó el regalo. En el 33, Harvey Vale levantó un balón aparentemente inocente al corazón del área. La zaga de Portsmouth se quedó clavada, el portero Nicolas Schmid también. Chair, no. Se coló entre todos y empujó el 1-1 a quemarropa. Un mazazo por la forma, más que por el marcador.
Ese gol cambió el aire del partido. Portsmouth siguió atacando, pero ya con dudas. QPR olió la sangre. Siete minutos después, otra transición perfecta. Chair recibió, condujo y soltó un pase preciso para Koki Saito. El japonés armó el disparo, el balón tocó en Devlin y desvió su trayectoria lo justo para descolocar a Schmid. 1-2. Dos llegadas claras, dos goles. Eficacia brutal del equipo de Julien Stephan.
Fratton Park se quedó frío. Y lo peor para los locales aún estaba por llegar.
Chair firma su obra
En el segundo minuto del añadido de la primera parte, QPR volvió a golpear con la misma fórmula. Recuperación, salida rápida y espacio por la derecha. Amadou Mbengue voló por la banda, levantó la cabeza y puso un centro medido al segundo palo. Allí, completamente solo, apareció otra vez Chair. Controló el momento, guiñó al marcador y cruzó el remate para firmar su doblete.
Tres tiros a puerta en la primera mitad, tres goles. Un plan sencillo, ejecutado con una frialdad quirúrgica. Y un protagonista incontestable: el mediapunta de 28 años, al que una lesión de gemelo dejó cuatro meses fuera en el tramo decisivo del pasado curso y cuya ausencia pesó como una losa en el derrumbe de QPR. Su regreso, a este nivel, cambia el paisaje.
Ocasiones perdonadas, puntos perdidos
Portsmouth no se rindió tras el descanso. Empujó, generó ocasiones, pero se estrelló una y otra vez contra su propia falta de puntería y contra un Pierce Charles mucho más seguro que en el arranque.
Shaughnessy tuvo un cabezazo franco para recortar distancias y lo cruzó en exceso. Abu Kamara, en su debut, recibió un regalo de Charles —un despeje directo a sus pies— y respondió con un disparo blando que el propio portero arregló sin problemas. Marko Milovanovic también se topó con el guardameta y Rocco Shein, bien colocado, remató peor de lo que pedía la jugada.
El último aviso lo firmó Josh Murphy, de vuelta tras una operación de pubis. Entró desde el banquillo y dejó un disparo raso que cruzó el área pequeña y se marchó rozando el poste. Otra ocasión que se fue, otra señal de una tarde en la que Portsmouth generó, pero QPR mandó.
Entre la contundencia de Chair y la fragilidad defensiva local, la historia quedó escrita mucho antes del pitido final. La pregunta, ahora, no es qué pasó en Fratton Park, sino cuánto puede cambiarle la temporada a QPR si su número 10 mantiene este nivel y si Portsmouth aprende a no regalar partidos que tenía en la mano.






