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Ilias Chair lidera la remontada de QPR en Fratton Park

Ilias Chair firmó una tarde para el recuerdo en la costa sur. Dos goles, un despliegue constante entre líneas y el timón de una remontada que QPR llevaba 26 años esperando en Fratton Park. De 1-0 en contra a 1-3 a favor ante Portsmouth, y con un giro de guion en apenas un cuarto de hora.

Un arranque arrollador de Portsmouth

Portsmouth salió como un vendaval. Con un estadio rozando los 21.000 aficionados, sol de agosto y un ambiente de estreno, el equipo de John Mousinho se adueñó del partido desde el primer minuto.

Adrian Segecic avisó muy pronto con un córner que Conor Shaughnessy cabeceó desviado. Poco después, el fichaje veraniego Luke Brooke-Smith probó desde 25 metros con un disparo potente que el debutante Pierce Charles, portero de QPR, blocó con seguridad.

El dominio tenía premio. En el minuto 15, Terry Devlin recogió el balón a unos 30 metros, levantó la cabeza y soltó un derechazo espectacular que se coló en la escuadra de Charles. Un golazo, imparable, que hacía justicia al control absoluto de los locales.

QPR, mientras tanto, sufría. Boy Kemper tuvo que retirarse lesionado a los 20 minutos, otro golpe para un equipo que apenas salía de su campo. Portsmouth rozó el segundo cuando Abu Kamara estuvo a centímetros de conectar el centro tenso de Zak Swanson en el segundo palo. Fratton Park rugía. El partido parecía encaminado.

Chair despierta a QPR

Y entonces, contra toda lógica, QPR encontró aire. Su primer aviso serio llegó a balón parado: un córner mal despejado por la zaga local permitió a Chair armar el disparo, pero Ebou Adams se cruzó para evitar el empate sobre la línea.

No fue más que el preludio.

Doce minutos antes del descanso, Harvey Vale apareció por la izquierda y puso un centro tenso al corazón del área. Chair, completamente solo, se adelantó a todos y, casi con la puntera, empujó el balón desde muy cerca. 1-1. Frío absoluto en la grada. El partido, de repente, se había igualado.

El golpe dejó aturdido a Portsmouth. Y QPR olió la sangre.

Siete minutos después, Koki Saito recibió al borde del área, se perfiló y soltó un disparo que no parecía especialmente venenoso. Pero el balón tocó primero en Devlin y luego en Rocco Shein. Doble desvío, Nicolas Schmid completamente descolocado y 1-2. De la nada, los de Julien Stephan le habían dado la vuelta al marcador.

La pesadilla local aún no había terminado.

En el descuento del primer tiempo, Amadou Mbengue apareció por la derecha y sirvió un centro raso al área pequeña. De nuevo, la defensa de Portsmouth se quedó clavada. De nuevo, Chair llegó desde segunda línea para empujar con absoluta facilidad. Otro remate sencillo, otro castigo demoledor. 1-3 al descanso y un Fratton Park incrédulo.

Portsmouth se rompe, QPR controla

El relato del propio Mousinho lo resumía todo: “Estábamos en completo control los primeros 25 minutos… y después nos derrumbamos”. Su equipo salió mandando, pero se desconectó tras el gol. Las malas decisiones se acumularon, el dominio desapareció y QPR se adueñó del ritmo.

Stephan, en cambio, vio exactamente lo que quería de los suyos: calma en medio del caos. Su QPR aguantó el chaparrón inicial, no se salió del plan y castigó cada error defensivo de Portsmouth con una eficacia brutal. Tres llegadas claras, tres goles antes del descanso.

Ocasiones perdonadas y un héroe sin ‘hat-trick’

La segunda parte ofreció a Portsmouth una pequeña rendija para volver al partido. Charles, hasta entonces seguro, cometió un error grave a los 10 minutos de la reanudación: regaló el balón en la salida directamente a Kamara. El delantero tenía media portería abierta, tiempo para elegir, pero su disparo fue blando, centrado, y el propio guardameta pudo enmendar su fallo. Era la oportunidad para encender de nuevo a la grada. Se esfumó.

QPR, lejos de encerrarse, siguió encontrando espacios. Chair, convertido en dueño absoluto de las mediapuntas, rozó el triplete. Entró por la izquierda, se perfiló y buscó el primer palo, pero Schmid reaccionó rápido y detuvo con las piernas en su poste cercano. El ‘hat-trick’ en la jornada inaugural se quedó a centímetros.

Portsmouth lo intentó con más corazón que claridad. Josh Murphy, desde el banquillo, aportó chispa y velocidad, pero sin precisión. Primero mandó un disparo a la red lateral, luego puso dos balones peligrosos que cruzaron el área pequeña sin encontrar rematador. Fueron destellos, no una amenaza sostenida. La sensación era clara: los locales ya no tenían el plan ni la convicción para una remontada real.

Mientras tanto, QPR manejó con oficio ese tramo que Stephan había señalado como clave, los primeros 25-30 minutos tras el descanso. Orden, pocos riesgos y la sensación constante de que, si apretaban un poco más, podían sentenciar con un cuarto gol. El técnico francés sólo lamentó no haber “matado” el partido con alguna de esas ocasiones.

Un mensaje para la temporada

Cuando el árbitro señaló el final, el marcador contaba algo más que un 1-3. QPR rompía una racha de 26 años sin ganar en Fratton Park, desde mayo de 2000, y lo hacía remontando en un estadio históricamente incómodo, con un ambiente intenso y ante un Portsmouth que se vio desbordado por su propio bajón mental.

Para Mousinho, la lección es dura: un cuarto de hora de desconexión puede tirar por tierra media hora de dominio absoluto. Para Stephan, en cambio, este estreno deja algo muy valioso: un equipo que no se descompone cuando le golpean primero y que sabe esperar su momento.

Si QPR es capaz de repetir esa mezcla de calma, pegada y oficio lejos de casa, este triunfo en la costa sur puede acabar siendo algo más que una simple victoria inaugural. Puede ser el punto de partida de una versión mucho más ambiciosa del equipo esta temporada.