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Iraola y su nueva vida en Liverpool: un cambio necesario

Hace solo 12 meses, Liverpool había ganado sus cinco primeros partidos de Premier League y parecía lanzado a defender el título bajo el mando de Arne Slot. Aquella racha empezó precisamente ante el Bournemouth de Andoni Iraola, en la noche inaugural del curso. Nadie en Anfield imaginaba entonces que, al final de la temporada, el técnico vasco acabaría ocupando el banquillo local.

El fútbol gira demasiado rápido como para dictar sentencias en septiembre. Pero el contraste es evidente: el Liverpool de Iraola llega a esta jornada con seis puntos menos que a estas alturas del año pasado. Aun así, sigue invicto. Y este fin de semana el entrenador regresa a la que fue su casa durante tres años.

Regreso a Bournemouth, nueva vida en Liverpool

El domingo, Iraola entrará por la puerta del vestuario visitante en el estadio de Bournemouth. Más pequeño, más estrecho, pero ahora renovado para cumplir con los requisitos de la Europa League. Un detalle que hará la experiencia algo más cómoda que en el pasado, aunque la sensación será igual de extraña: vuelve como rival al lugar donde se consolidó en la élite inglesa.

Ha cambiado la costa sur por Formby, el tranquilo pueblo de playa en el que también vivieron Jurgen Klopp y Brendan Rodgers. Se le ha visto alguna vez por el centro de la ciudad y, como ciclista entusiasta, ya explora las rutas costeras. Pero su verdadero hábitat está lejos de los focos.

Iraola vive en el césped de la ciudad deportiva. En Liverpool le definen como un técnico de “seis días a la semana”, volcado en el trabajo diario. Suele ser el primero en pisar el campo de entrenamiento, marcando él mismo los conos antes de que arranque la sesión.

“Es muy intenso. Hay muchísimo trabajo duro y prácticamente no hay días ligeros. Todo el mundo da el 100%”, resume el delantero Lewis Koumas. La frase encaja con la etiqueta que le acompaña desde su etapa en España: intensidad como norma, no como eslogan.

Un club cansado que necesitaba un cambio

En el AXA Training Centre de Kirkby, el mensaje interno es claro: todo el mundo necesitaba pasar página del curso pasado. Incluso si Slot hubiera seguido, el ambiente iba a ser distinto. El club venía de 12 derrotas ligueras; cualquier proyecto que ofreciera estabilidad y competitividad iba a sentirse como un alivio.

Iraola, sin embargo, se mueve con un perfil más bajo que algunos de sus predecesores. Apenas usa su propia oficina y pasa la mayor parte del tiempo en la sala de entrenadores, junto a Tommy Elphick, Shaun Cooper y Pablo de la Torre. Menos presencia de pasillo, más de pizarra.

De la Torre, que ya acompañó a Iraola desde Rayo Vallecano hasta Bournemouth en 2023, es una pieza clave para que la plantilla alcance el nivel físico que exige el técnico. Porque, puertas adentro, los cambios no son tan radicales como podría parecer desde fuera: el rol de entrenador principal en Liverpool está muy estructurado y obliga a encajar en un sistema ya definido.

La gran novedad para Iraola no es el estilo, sino el calendario. Su fichaje se sustentó en el trabajo realizado con Bournemouth, pero ahora afronta un volumen de partidos desconocido para él: como mínimo 49 esta temporada, con la posibilidad real de acercarse a los 60 si los Reds avanzan en las copas. Eso obliga a escuchar, y mucho, a los departamentos médico y de rendimiento físico.

Entrenos a la carta y una idea única de presión

La planificación diaria se ajusta al horario del siguiente partido. Las sesiones de tarde y de primera hora de la noche son cada vez más habituales, un giro respecto a la etapa de Slot, cuando el equipo solía entrenar siempre a la misma hora. El reloj se dobla al calendario.

El diálogo también alcanza a la academia. Rob Page, técnico del Liverpool Sub-21, lo explicó con claridad: “Tenemos un entendimiento de cómo juega el primer equipo y de los principios clave: cómo presionamos, cómo quiere que presione su número 10, su número 8, cómo quiere que presionen los centrales. Lo reflejamos absolutamente”. La idea es que un chico que suba de la cantera sepa exactamente qué se le va a pedir.

Dominik Szoboszlai detalló hace unos días el dibujo del centro del campo: un número 6, un número 8 y un número 10. Pese a las peticiones de la afición de fichar un mediocentro defensivo en verano, el mensaje del cuerpo técnico es que el sistema puede funcionar si el bloque crece de forma colectiva. El sistema no se discute; se perfecciona.

Iraola mantiene también sus hábitos de gestión del grupo. Suele dar el once el mismo día del partido, por la mañana, y reserva el análisis profundo del encuentro para el día siguiente. El impacto emocional primero, la reflexión táctica después.

Lecciones mediáticas y adaptación mutua

Su relación con los medios también ha ido afinándose. En pretemporada, unas declaraciones a LFC TV tras un amistoso ante Monaco dieron la vuelta al ecosistema digital. Dijo que el equipo se había quedado sin gasolina a los 30 minutos y que no tenía aún la energía necesaria para jugar con la intensidad que él exige. No era una crítica al vestuario, sino una constatación de que estaban construyendo ese nivel físico.

El episodio le sirvió de recordatorio: en un club como Liverpool, cada palabra puede amplificarse y reinterpretarse en redes sociales. Desde entonces se le ve calmado en las ruedas de prensa, dispuesto a explicar, pero midiendo el peso de cada frase. No se trata solo de que el club se adapte a él; también él está aprendiendo a ser entrenador de Liverpool.

Una de las razones principales de su fichaje fue su capacidad para desarrollar talento joven. La media de edad del equipo en la Premier esta temporada es de 25,3 años, y solo cinco conjuntos presentan una plantilla más joven. No es un dato menor.

Rio Ngumoha, de 18 años, Trey Nyoni, de 19, y el propio Koumas, de 20, fueron titulares ante Tottenham en la Carabao Cup. No fue un premio simbólico: en el club asumen que los tres tendrán más protagonismo este curso que el anterior. La apuesta por los jóvenes no es decorativa, es estructural.

Intensidad… y la necesidad de ser más que un equipo correoso

La palabra “intensidad” se repite en cada conversación sobre el nuevo Liverpool. Es innegociable. Pero el propio Iraola sabe que, con un calendario tan brutal, no siempre podrá ganar a base de ritmo y presión alta. Harán falta goles de estrategia, chispazos individuales, victorias trabajadas desde la supervivencia.

Las cifras hablan: el Liverpool es el equipo que más sprints ha realizado en la Premier hasta ahora. Sin embargo, hace una semana se atascó ante Fulham en un 0-0 gris, menos de 72 horas después de tumbar al Atlético de Madrid en la Champions League. Las piernas pesan, incluso en un equipo joven.

El duelo del domingo en Bournemouth será el cuarto partido en 12 días. Y tras el parón internacional, el calendario aprieta todavía más: cuatro encuentros en 10 días. Entre el 11 de octubre y el 7 de noviembre, nueve partidos. Un maratón que pondrá a prueba el plan físico, la profundidad de plantilla y la flexibilidad táctica del técnico.

Un viaje de vuelta cargado de significado

Iraola seguro sonrió al ver el estreno europeo de Bournemouth, con victoria ante Real Sociedad en la Europa League, en pleno corazón del País Vasco donde creció. Un guiño del destino, un recordatorio de sus raíces y del camino recorrido.

Quizá en el vuelo del sábado, rumbo al sur, tenga un momento para mirar por la ventanilla y repasar mentalmente ese viaje: de Rayo a Bournemouth, de Bournemouth a Anfield, de la lucha por la permanencia a la obligación de pelear por títulos.

El inicio de su etapa en Liverpool no ha sido un sueño perfecto, pero tampoco una pesadilla. El equipo no ha perdido aún, algo que no es menor después de las 12 derrotas ligueras del curso pasado. Se ha vuelto un rival difícil de tumbar. Sin embargo, como recordó el vicecapitán Alisson la semana pasada, los empates no alcanzan para un club que se mide por trofeos, no por invictos.

Iraola llega al Vitality Stadium con una racha llamativa: no pierde en Premier desde enero, sumando sus dos equipos. Un triunfo en territorio conocido, justo antes del parón, no solo reforzaría esa estadística. Sería la primera gran señal de que este Liverpool, joven, intenso y todavía en construcción, está listo para algo más que resistir.