Jimmy Ball y la calma en Torquay United: Refuerzos y ambición
Jimmy Ball mira el mercado con la misma serenidad con la que observa la tabla de la National League South. Sabe lo que quiere, sabe lo que le falta y, sobre todo, sabe que no necesita correr.
Torquay United ha movido ficha en los últimos días. Han llegado los jóvenes de Plymouth Argyle, Tegan Finn y Caleb Roberts, además del defensa Oludare Olufunwa y el extremo Angelo Cappello. Refuerzos frescos, piernas nuevas, energía para un vestuario que ha sufrido bajas sensibles: el delantero Jordan Young, el defensa Sam Dreyer y el extremo Dylan Morgan se marcharon en las últimas semanas.
En medio de ese vaivén, Ball mantiene el pulso firme. “Hay un par de posiciones dentro de la plantilla que me gustaría reforzar”, explicó en BBC Radio Devon. No habló como un técnico desesperado por fichar, sino como alguien que siente que, por fin, tiene margen para elegir. “Ahora estoy en una posición en la que puedo tomarme mi tiempo y asegurarme de las decisiones que tomo”.
El mensaje es claro: Torquay ya no compra por urgencia, sino por convicción. “Todos los jugadores que hemos traído estaban en nuestra lista, en nuestro radar, pero ahora no hay prisa”, insistió. “Me gustaría traer a uno más, seguro. Pero no hay prisa, va a ser una decisión calculada”.
De la decepción al repunte
Ball asumió el mando en marzo, tras el despido de Paul Wotton, y transformó a un equipo golpeado en un bloque competitivo. Cerraron la temporada pasada en tercera posición de la National League South y se plantaron en un play-off final dramático en mayo, que se les escapó en el campo del Hornchurch. Un golpe duro. De esos que dejan cicatriz.
El arranque de esta campaña no ayudó a cerrar la herida. Torquay tropezó en las primeras jornadas, perdió ritmo y confianza, y la sensación de oportunidad perdida volvió a sobrevolar Plainmoor. Pero el guion ha empezado a cambiar. Dos victorias consecutivas han impulsado al equipo hasta la octava plaza y han devuelto algo esencial: la sensación de que el ascenso vuelve a estar al alcance.
Ese pequeño giro de dinámica respalda el trabajo silencioso del cuerpo técnico fuera del césped. Ball se muestra seguro del proceso de captación que lidera junto a su equipo. No se trata solo de nombres, sino de encajar piezas para un objetivo que ya nadie esconde: sacar a Torquay United del sexto nivel del fútbol inglés tras cuatro temporadas atascado ahí.
La próxima incorporación, cuando llegue, no será un parche. Será otra apuesta meditada para un proyecto que, poco a poco, empieza a parecerse al que Ball imaginó cuando aceptó el reto. La pregunta ya no es si Torquay quiere subir. Es si este plan calculado le alcanzará para romper, por fin, ese techo que lleva cuatro años resistiéndose.






