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John Barnes advierte sobre el futuro de Newcastle: un club de altibajos

John Barnes, voz autorizada en St James’ Park por su pasado en el club y su peso en el fútbol inglés, no se deja arrastrar por los discursos triunfalistas alrededor de Newcastle. El exinternacional inglés, en declaraciones exclusivas a GOAL a través de 247Bet, ve a las “Urracas” instaladas en una franja muy concreta de la tabla… y atrapadas en un ciclo difícil de romper.

“Esperaría que acabaran más o menos por ahí otra vez esta temporada”, apunta Barnes, situando a Newcastle en ese territorio que va del 5º al 7º puesto. “¿Ir hacia delante para ir adónde? Newcastle podría terminar 5º, 6º, 7º, creo que ahí es donde posiblemente pueden acabar, si todo el mundo se mantiene junto”.

El problema, para él, no es el techo deportivo, sino la fragilidad del proyecto cuando llegan las tentaciones del mercado. Barnes pone nombres propios sobre la mesa: Bruno Guimarães, Anthony Gordon, Sandro Tonali, Alexander Isak. El tipo de futbolista que eleva el nivel… y que, precisamente por eso, se convierte en objetivo de los gigantes.

“Lo que le pasa a Newcastle es que terminan ahí porque cuando fichan a esos jugadores – Guimaraes, Anthony Gordon, Tonali e incluso Isak – de repente pierden a esos jugadores y ves lo que ocurre”, explica. La ecuación es sencilla: suben con grandes fichajes, caen cuando esos mismos jugadores se marchan.

Para Barnes, la vía de escape pasa por un doble requisito: acertar de nuevo en el mercado y, sobre todo, retener a las estrellas el tiempo suficiente como para consolidar una base. “Si ahora fichan a otros jugadores, pueden volver a estar ahí arriba y, si pueden mantenerlos, quizá puedan sostenerlo”, sostiene.

Pero ahí aparece su gran advertencia. Newcastle, a su juicio, está condenado a convivir con ese flujo constante de entradas y salidas, como tantos clubes que no pertenecen al grupo cerrado de gigantes históricos.

“Newcastle creo que va a ser un club – y no tiene nada que ver con Newcastle, Liverpool no pudo mantener a Trent [Alexander-Arnold] – en el que los jugadores van a venir y van a irse, se van a marchar. Por mucho que vengan a Newcastle, puede que se vayan”, remarca, subrayando que el fenómeno trasciende a un solo escudo.

El escenario que dibuja es el de un equipo competitivo, pero inestable. Capaz de pelear por Europa, pero también de desplomarse a mitad de tabla cuando el ciclo se rompe y toca reconstruir.

“Si Newcastle va a decir que va a mantener a esos jugadores y sostener su ataque al 4º, 5º, 6º, 7º puesto manteniendo a esos jugadores, podrá hacerlo”, concede Barnes. “Pero si de repente vas a perder a esos jugadores cada año y tienes que volver a fichar otros nuevos, y quizá lo consigas pero puede llevar tiempo, siempre van a ser un club que lo hace bien y luego cae al 10º, 11º o 12º, ficha más jugadores y quizá vuelva a hacerlo bien”.

No es un diagnóstico contra Newcastle, insiste, sino contra la estructura actual del fútbol de élite. “Desgraciadamente, esta es la naturaleza del fútbol. No tiene que ver con Newcastle, tiene que ver con el fútbol”, sentencia.

Ahí introduce la gran brecha: la que separa a los colosos tradicionales del resto. “A menos que vayas a ser un Arsenal, Liverpool, Man United, Chelsea…”, enumera, el destino es muy distinto. El resto vive en otro ecosistema.

Barnes coloca a clubes como Bournemouth y Brighton en una categoría diferente: proyectos que pueden permitirse vender, reinventarse y seguir sonriendo con un 10º u 11º puesto, soñando de vez en cuando con un salto a la zona europea. “Los equipos como Bournemouth y Brighton son distintos, siempre pueden conseguir jugadores así porque si terminan 10º u 11º están contentos y pueden empujar hasta el 6º o 7º con lo que tienen”.

Newcastle, en cambio, carga con una exigencia mayor. Por historia, por masa social y, ahora, por músculo económico. “Newcastle debería ser un club mucho más grande que Bournemouth y Brighton. Creo que ahí es donde Newcastle va a ir de compras, por así decirlo”, concluye Barnes, dejando una imagen potente: un gigante que aspira a codearse con los de siempre, pero que, por ahora, se ve obligado a pescar en el mismo mercado que los escalones inmediatamente inferiores.