Juicio por la muerte de Maradona suspendido por análisis de riñón
El juicio por la muerte de Diego Maradona volvió a quedar envuelto en el desconcierto. El proceso, que apunta a siete profesionales de la salud por presunta negligencia criminal, fue suspendido después de que la defensa denunciara que unos análisis de riñón incorporados como prueba pertenecerían en realidad al padre del astro, también llamado Diego, fallecido en 2015.
El tribunal decidió interrumpir las audiencias hasta el 27 de agosto para revisar la documentación. Un nuevo paréntesis en una causa que ya venía golpeada: el primer juicio fue anulado el año pasado, tras dos meses y medio de audiencias, cuando se reveló que uno de los jueces había participado en un documental clandestino sobre el caso.
La prueba bajo sospecha
La defensa sostiene que los estudios renales presentados en el expediente no corresponden al campeón del mundo en México 86, sino a su padre. Si se confirma el error, el impacto podría ser profundo: quedaría seriamente cuestionada la comisión médica creada para evaluar las circunstancias de la muerte de Maradona, un cuerpo que se ha mostrado especialmente duro con la atención que recibió el exfutbolista.
El nefrólogo que declaró este martes forma parte de esa comisión. Ante el tribunal, fue categórico: el estado de los riñones de Maradona debió encender todas las alarmas del equipo médico. Según su testimonio, el exjugador necesitaba “controles médicos diarios, cuidados de enfermería diarios, análisis de sangre y monitoreo de sus signos vitales”.
La defensa, sin embargo, encontró en la supuesta confusión de muestras un punto de ataque. Si los análisis no son de Maradona, se abre un flanco sobre la solidez de las conclusiones periciales que apuntan a la responsabilidad de los acusados.
Fiscalía firme, defensa en guardia
La fiscalía reaccionó rápido. Aseguró que el posible intercambio de estudios “de ningún modo” pone en riesgo la acusación. El fiscal Patricio Ferrari fue directo: “Ellos no van a lograr tirar abajo el juicio”, advirtió, en referencia a las defensas.
Del otro lado, el abogado de la enfermera Nancy Forlini, una de las siete personas en el banquillo, negó que planean pedir la nulidad del proceso. “Quiero que esta causa termine para que mi clienta conozca su destino judicial”, afirmó. No hay marcha atrás, al menos por ahora: los acusados quieren una resolución, los fiscales también. El juicio, otra vez, queda en pausa por la calidad de la prueba.
Una muerte que no deja de interpelar
Maradona murió a los 60 años, en noviembre de 2020, por una insuficiencia cardíaca y un edema agudo de pulmón, con acumulación de líquido en los pulmones. Ocurrió en una casa alquilada en Tigre, en las afueras de Buenos Aires, apenas dos semanas después de haber sido operado de un coágulo en el cerebro.
Su equipo médico está acusado de haberle brindado cuidados insuficientes en los días previos al desenlace, cargos que todos niegan. La comisión médica que analizó el caso fue especialmente crítica con la atención recibida por el exfutbolista en esa etapa de recuperación.
Ahora, la credibilidad de parte de ese trabajo técnico queda bajo la lupa. Si los análisis renales eran de otro paciente, y nada menos que de su padre, la discusión ya no será solo sobre lo que se hizo o se dejó de hacer con Maradona, sino también sobre cómo se construyó el caso que pretende determinar quién, si alguien, debe pagar por su muerte.
El 27 de agosto, cuando se reanuden las audiencias, el tribunal tendrá que responder una pregunta incómoda: ¿puede sostenerse un juicio de esta magnitud si hasta la identidad de las muestras médicas está en entredicho?






