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Juventus enfrenta a NEC en Europa League: urgencia y dudas

Juventus se agarra a la Europa League para respirar. En Turín no lo dicen en voz alta, pero el ambiente lo delata: dudas sobre el banquillo, un tropiezo en Serie A que ha dolido más de la cuenta y la sensación de que el margen de error se ha reducido al mínimo. Y justo ahora llega NEC al Allianz Stadium, un rival que no intimida por nombre, pero sí por personalidad.

La Juve, entre la urgencia y la duda

La derrota ante Sassuolo, la primera en esta Serie A, ha dejado a la Juventus en un incómodo octavo puesto y a cinco puntos del líder. Demasiado pronto para hablar de crisis, pero suficiente para que el ruido alrededor de Luciano Spalletti crezca día a día en la prensa italiana.

Massimo Mauro, excentrocampista bianconero, ha apuntado al corazón del problema: falta cohesión, falta equipo. La plantilla no termina de encajar, las piezas no se mueven al mismo ritmo. Aun así, el mensaje es claro: hay que ganar ya, como sea, para no descolgarse ni en la liga ni en Europa.

Spalletti llega al duelo condicionado por las lesiones. La enfermería aprieta y obliga a tirar de recursos: el técnico planea apostar por Nick Woltemade, cedido esta temporada, como referencia ofensiva ante las bajas de hombres clave como Kenan Yildiz y Kephren Thuram. No es el escenario ideal, pero es el que hay. Y el Allianz no perdona las excusas.

El “Dickie-taka” desembarca en Turín

Al otro lado, NEC aterriza en Italia con una idea muy clara de quién es y a qué juega. Dick Schreuder ha moldeado un equipo reconocible, hasta el punto de que en los Países Bajos se habla ya con naturalidad de su “Dickie-taka”: presión alta, agresividad, ataque constante, obsesión por recuperar la pelota lo más arriba posible.

Es un plan tan seductor como arriesgado. El propio portero Crettaz lo definió en su día como “kamikaze”. Y no exageraba. Ese vértigo ofensivo abre espacios, deja al descubierto los costados y ofrece a un rival con colmillo la posibilidad de castigar a la contra. Justo el tipo de partido que, sobre el papel, podría ayudar a una Juventus nerviosa pero letal si encuentra metros para correr.

NEC llega con el ánimo alto pese a una racha irregular en su liga. Sabe que visita el campo de un gigante europeo, pero no piensa traicionarse. Schreuder lo dejó claro: la intensidad no se negocia. Es su sello, su carta de presentación en el continente.

El regreso especial de Perr Schuurs

Para Perr Schuurs, el duelo tiene un matiz emocional. El exdefensa del Torino, que pelea por recuperar su mejor forma tras un periodo duro mentalmente fuera de los terrenos de juego, vuelve a un país que siente como propio.

“Tengo una sensación de hogar aquí, viví cuatro años”, confesó. No es un viaje cualquiera: vuelve a Italia para disputar un partido importante, aunque él mismo admite que este encuentro “se siente diferente a otros”. Entre la nostalgia y la ambición, Schuurs simboliza bien el espíritu con el que NEC afronta la cita: respeto, sí, pero ningún complejo.

El plan de Spalletti: resistir y golpear

El libreto táctico para la Juventus está bastante definido. Primero, aguantar el chaparrón inicial. NEC suele salir como un ciclón, presionando arriba, mordiendo cada salida de balón. Si la Juve sobrevive a ese primer asalto sin desmoronarse, el partido puede empezar a girar.

Después, explotar las debilidades que el “Dickie-taka” deja a los lados. Los desajustes en las bandas, los espacios a la espalda de los laterales, los huecos que aparecen cuando la presión se rompe. Ahí, con el momento justo y la elección correcta del pase, la Juve puede encontrar el golpe que cambie la noche.

No hay mucho margen para el cálculo: otro tropiezo, esta vez en Europa, aumentaría la presión antes de un choque clave de Serie A frente a Atalanta. Y entonces ya no se hablaría solo de dudas, sino de una auténtica tormenta deportiva.

NEC, mientras tanto, viaja con una idea fija: demostrar que su estilo también puede imponerse lejos de casa, en un escenario grande, ante un escudo que pesa. Si su “kamikaze” funciona y la Juventus vuelve a tambalearse, la pregunta empezará a flotar en Turín: ¿es este solo un bache… o el síntoma de algo mucho más profundo en la temporada bianconera?