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Kieran Trippier y su nuevo reto en Wolves

Kieran Trippier entra en la sala con el chándal de Wolves todavía pegado al cuerpo. Chaleco, pantalón corto, chanclas del club. Acaba de terminar de entrenar en Compton Park y sabe que la pregunta va a llegar tarde o temprano. Tres días después de firmar, el entrenador que había señalado como clave para dar el salto al Championship, Rob Edwards, fue despedido. Mientras tanto, el club aceleraba el acuerdo con su sustituto, César Peixoto.

“No voy a sentarme aquí y mentir, no me lo esperaba”, admite Trippier. “Pero es decisión del club. Tuve buenas charlas con Rob, claro, pero estoy aquí para jugar para Wolves. En el fútbol hay muchas sorpresas y esa desde luego fue una sorpresa, no lo voy a negar. Pero seguí a lo mío: estaba con mis hijos de vacaciones, entrenando en Mallorca y con ganas de que llegara el primer día de pretemporada”.

El terremoto en el banquillo trajo cola. Llegaron informaciones que hablaban de un Trippier dispuesto a romper su contrato casi antes de empezar.

“He leído de todo: que quería romper el contrato y todas esas tonterías. Yo solo estaba deseando volver a Wolves. No sé ni de dónde salió, sinceramente, eso de que quería romper el contrato. Desde luego no salió de mí, porque si fuera así lo habríais oído de mi boca, así soy yo como jugador”.

Un currículum que pesa

El lateral derecho habla con la franqueza que le ha acompañado en cada etapa de su carrera. Se marchó de Newcastle al final de la pasada temporada tras ser pieza fundamental en el crecimiento del equipo de Eddie Howe, coronado con la conquista de la Carabao Cup el año pasado. Antes, tres temporadas a las órdenes de Diego Simeone en Atlético de Madrid, con una Liga en el bolsillo, y cuatro en Tottenham con Mauricio Pochettino, rematadas con una final de Champions. Con Inglaterra, cuatro grandes torneos y titular en todos los partidos hasta la final de la Eurocopa 2024.

Ahora baja de nuevo al segundo escalón del fútbol inglés, 12 años después de aquel ascenso con Burnley, listo para debutar con Wolves en el estreno del Championship ante Blackburn este viernes. El cambio es brusco. Donde hace un año recibía a Barcelona en St James’ Park, ahora le espera Bolton en Molineux en octubre.

“No me avergüenza ir al Championship porque jugué muchos años ahí”, recuerda, tirando de memoria hasta sus días de adolescente en Barnsley, defendiendo al lado de Darren Moore. “Tuve una buena charla con Eddie Howe y Ross Wilson, el director deportivo de Newcastle, y tomé mi decisión al final de la temporada: quería probar algo nuevo. Hubo algunos clubes interesados, pero para mí era importante estar cerca de mis hijos”.

Instalado en Manchester, sabe perfectamente en qué tipo de liga se mete. Dura, larga, implacable. Aún recuerda cuando, con Burnley, ganaron 2-1 en Molineux en el penúltimo partido de la 2012-13: aseguraron la permanencia y dejaron a Wolves al borde de la caída a League One.

“He estado hablando con mis compañeros porque la mayoría nunca ha jugado en el Championship, así que es importante que los que sí lo hemos hecho les ayudemos y les hagamos entender que va a ser duro. Les he dicho: es implacable, porque lo es… y es totalmente diferente a la Premier League. Ir a Lincoln fuera va a ser un partido complicado, pero son buenos chicos y me han escuchado, Tommy, Adam. Los chicos estarán preparados”.

Un vestuario nuevo y un club en ebullición

Esta es su primera entrevista externa desde que firmó por Wolves por dos años, con opción a otro más. Antes de dar el sí definitivo, sondeó a gente de confianza: Tommy Doyle, Conor Coady, John Ruddy y Sam Johnstone, con quienes coincidió de vacaciones en Turquía, para conocer “las tripas del club”.

El adiós fulminante de Edwards —un mes después de que André renovara y apenas 48 horas después del regreso de Raúl Jiménez, que había disparado el optimismo tras la llegada de Trippier— exige explicación. Pero el lateral también está bien colocado para hablar de otras despedidas sonadas, como la de Howe en Newcastle tras cuatro años y medio.

“Él ayudó al club a mantenerse en la Premier League, se clasificó dos veces para la Champions, ganó un trofeo, pero lo más importante fue que reconectó a los aficionados con el equipo. Antes de la compra por parte de los nuevos dueños me dijeron que no era un buen sitio, que los aficionados estaban en contra de los propietarios, del consejo, etc. Cuando llegaron los nuevos dueños y el entrenador, él conectó a todo el mundo, igual que Gareth Southgate hizo con Inglaterra”.

¿Merece Howe una estatua? Trippier se ríe: “Ha ganado un trofeo, ¿no? Pero eso no me toca a mí decidir… El desfile fue increíble, la gran pancarta del míster demostraba el cariño que los aficionados le tenían y le siguen teniendo. Cuando llegué, era un sitio difícil, sobre todo después de perder contra Cambridge en la FA Cup, pero quizá eso fue una bendición para centrarnos en mantenernos en la Premier League… Pasará a la historia allí, seguro. Me dio mucha pena que se fuera”.

De Messi a Peixoto: lecciones de élite

En su relato se cuela inevitablemente Inglaterra y aquella semifinal de Mundial perdida ante Argentina, cuando el bloque bajo terminó cediendo al final.

“He estado en esa situación muchas, muchas veces con Simeone. Podría nombrar 30 partidos en los que lo hemos hecho y hemos aguantado el resultado, típico de Simeone. Es el maestro del lado oscuro y de cerrar partidos. Thomas Tuchel ha estado en esa situación muchas veces, ganó una Champions con Chelsea, hizo un trabajo increíble con Bayern Munich… Esta vez no salió. Jugábamos contra uno de los mejores de la historia, capaz de encender el partido en un segundo”, dice sobre Lionel Messi, chasqueando los dedos. “He jugado muchas veces contra él, se pasa 60 minutos caminando y de repente te mete un hat-trick. Esa es su magia”.

El presente, sin embargo, se llama César Peixoto. Un nombre desconocido para muchos, no para Trippier, que ya había oído hablar del técnico portugués antes de que, con 46 años y tras su etapa en Gil Vicente, tomara el relevo de Edwards. Su dominio del inglés ha evitado que el lateral tenga que recurrir al español que aprendió en Madrid.

“Cuando venía el cartero en Madrid, mandaba a mi hijo a la puerta porque él era el que hablaba fluido”, cuenta, entre risas.

¿Y cómo es Peixoto? “Muy exigente. Honesto. En el campo de entrenamiento va a 100 por hora, está loco, en el buen sentido, pero es muy, muy exigente y creo que eso es lo que necesitamos si queremos tener éxito. Es muy exigente, como Pochettino y Simeone. Tiene sus propias normas: no rompas su confianza, no llegues tarde. No me gustaría estar en su lado malo, dejémoslo así”.

Un veterano con gasolina y un objetivo claro

Trippier cumplirá 36 años en septiembre, el doble que Mateus Mané, uno de los talentos jóvenes que Wolves espera que iluminen la temporada y al que el propio lateral sufrió en carne propia la pasada campaña, cuando le tocó marcarle con Newcastle.

“Me siento bien, probablemente en la mejor forma en la que he estado en muchos, muchos años. No soy tan rápido como antes, pero siempre he creído que soy listo y rápido aquí arriba”, dice, tocándose las sienes. “Siento que todavía me quedan muchos años en el depósito”.

Para Wolves, su fichaje fue un golpe sobre la mesa. “Es parecido a cuando fui a Newcastle, cuando dejé Atlético Madrid… Hubo muchas cejas levantadas, pero en toda mi carrera no he tenido ningún remordimiento”.

Integrado en el grupo de liderazgo de Peixoto, sabe que el equipo arrancará el curso con un blanco dibujado en la espalda.

“En el partido contra Blackburn, el primero de la temporada del Championship, todas las miradas estarán puestas en nosotros. Cuando un equipo desciende de la Premier League, todo el mundo quiere ganarle. El año pasado fue duro para Wolves, pero esta temporada es una nueva temporada, como un reinicio. La realidad es que ahora estamos en el Championship, así que hay que olvidar lo que pasó y mirar hacia adelante, ser positivos. Nuestro objetivo tiene que ser subir de forma directa a la Premier League”.

El mensaje queda lanzado. Ahora le toca a Wolves demostrar si tiene el colmillo, el físico y la cabeza para seguir a un lateral que ya ha vivido casi todo… salvo liderar un ascenso con un club de este tamaño.