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Kilmarnock y Hibernian: Rachas negativas en la Scottish Premiership

Kilmarnock viaja con una losa pesada a cuestas. Catorce goles encajados en cinco jornadas de Scottish Premiership marcan un inicio de curso que roza lo histórico… por el lado equivocado. En todo lo que va de siglo, solo tres equipos han recibido más tantos a estas alturas en la máxima categoría: Motherwell en la 2005-06, Gretna en la 2007-08 y Dundee United en la 2022-23. Nombres asociados a temporadas de sufrimiento. Un aviso claro de hacia dónde puede derivar este arranque si no se corrige a tiempo.

El problema no se limita a la zaga. Arriba, el panorama es igual de inquietante. Kilmarnock encadena tres partidos de liga sin marcar. No vivía una sequía tan prolongada en la Scottish Premiership desde febrero de 2021, cuando enlazó cinco encuentros consecutivos sin ver puerta. El equipo de Derek McInnes no solo concede demasiado; también ha perdido filo en el área rival. Una combinación letal en una liga donde los errores se pagan con descensos.

Al otro lado, Hibernian tampoco respira tranquilidad. Easter Road, tradicionalmente un campo incómodo para cualquiera, se ha convertido en terreno hostil… para el propio Hibs. El equipo acumula cinco derrotas seguidas como local en la élite, algo que no sucedía desde agosto de 2010. Si cae de nuevo, se unirá a una lista muy poco deseada: la de Dundee, el último conjunto en perder seis partidos consecutivos en casa en la Scottish Premiership, entre febrero y mayo de 2019.

La estadística reciente entre ambos tampoco favorece a Kilmarnock. Solo ha ganado uno de sus últimos 17 enfrentamientos ligueros ante Hibernian, con seis empates y diez derrotas. Ese único triunfo, un 1-0 en noviembre de 2022 bajo el mando de Derek McInnes, aparece casi como una excepción en una serie claramente inclinada hacia el lado de los de Edinburgh.

El choque se presenta, así, como algo más que un simple partido de principios de temporada. Hibernian busca frenar una caída libre en su propio estadio. Kilmarnock, detener una sangría defensiva y romper una sequía ofensiva que empieza a pesar en las piernas y en la cabeza. Dos rachas oscuras, un solo campo y una pregunta inevitable: ¿quién se atreverá a cambiar la narrativa esta vez?