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Kimmich hace historia en su partido 500 con Bayern Munich

Joshua Kimmich saltó al césped en Elversberg en el minuto 65 y, con él, cambió el tono del partido y también un capítulo de la historia de Bayern Munich. Aquella sustitución de Vincent Kompany no solo dio aire al juego del campeón alemán; convirtió al capitán en leyenda estadística del club.

El encuentro ante SV Elversberg supuso el partido oficial número 500 de Kimmich con la camiseta del Bayern. Una cifra reservada a muy pocos: solo 12 futbolistas han alcanzado ese umbral con el campeón récord de Alemania. A sus 31 años, el centrocampista se coloca ya a la altura de Bastian Schweinsteiger en la tabla de los grandes símbolos recientes del club.

Llegó en 2015 y desde entonces su palmarés habla por él: 10 veces campeón de la Bundesliga, cuatro títulos de la DFB-Pokal y la Champions League conquistada en 2020. A eso se suman 47 goles y 122 asistencias, números que explican por qué su nombre ya está firmemente incrustado en la historia del FC Bayern.

Karl marca, provoca… y luego pide perdón

La noche en Elversberg también dejó otro protagonista: Lennart Karl. Titular por primera vez con el Bayern, el joven de 18 años aprovechó su oportunidad con frialdad. En el minuto 26 culminó una acción trenzada tras pases de Ismael Saibari y Harry Kane para firmar el 0-1 con su primer gol de la temporada.

El balón besó la red y, de inmediato, cambió la atmósfera. Karl corrió hacia el fondo local, se plantó frente a la grada de Elversberg y lanzó un mensaje inequívoco: dedo en los labios, gesto de “silencio” y, acto seguido, manos a las orejas, como si pidiera escuchar más.

La respuesta fue inmediata. Desde ese momento, cada toque suyo fue recibido con abucheos cerrados por parte de los aficionados locales. Los silbidos lo acompañaron hasta el minuto 65, cuando Kompany decidió sustituirlo.

Con el pitido final, el delantero buscó rebajar la tensión. Se acercó a los micrófonos y pidió disculpas a la afición de Elversberg. Explicó que no había querido ofender y que su celebración respondía a la emoción del momento, algo que, según recordó, forma parte del fútbol y que la mayoría de aficionados entiende.

La imagen, sin embargo, ya había quedado grabada: un canterano, un gol clave y una celebración que encendió a todo un estadio.

Gnabry vuelve a asomar tras cinco meses fuera

Entre tanto ruido, otra noticia importante pasó más silenciosa, pero no menos relevante para el Bayern: el regreso de Serge Gnabry a una convocatoria oficial.

El atacante no jugaba desde abril, cuando sufrió una lesión muscular en la zona de los aductores. Ese contratiempo le costó, además, perderse el Mundial, un golpe duro en su carrera reciente.

En Elversberg, Gnabry no llegó a pisar el césped, pero su nombre volvió a aparecer en la lista de convocados. Un paso pequeño en apariencia, enorme en el contexto de una recuperación larga. El siguiente reto ya está claro: transformar ese regreso al banquillo en minutos reales de competición.

Con Kimmich haciendo historia, Karl enseñando carácter y Gnabry llamando de nuevo a la puerta, el Bayern sale de Elversberg con algo más que un resultado. Sale con señales claras de pasado, presente y futuro chocando en el mismo partido. La cuestión ahora es cómo gestionará Kompany ese cruce de generaciones en una temporada que no admite tropiezos.