Lamine Yamal y su camino hacia el Mundial
La rodilla al césped, la mano al banquillo y el silencio en Balaídos. Lamine Yamal acababa de marcar, de penalti, el gol que daba la victoria del 22 de abril ante el Celta. En segundos, la euforia del Barça se transformó en miedo. El chico que lo cambia todo se tocaba la parte posterior del muslo izquierdo y se dejaba caer.
Desde entonces, no ha vuelto a jugar.
Un músculo, un Mundial
Las primeras informaciones encendieron todas las alarmas: posible rotura de isquiotibiales en la pierna izquierda, con un plazo de recuperación de hasta ocho semanas. Traducido al calendario: apurar al límite para llegar al Mundial y sin garantías de ritmo competitivo.
En el club, sin embargo, el mensaje fue firme. El parte médico habló de “lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda” y de tratamiento conservador. Sin quirófano, sin riesgos extra. Fuera lo que quedaba de Liga, pero con un horizonte claro: listo para el Mundial.
Hansi Flick lo respaldó. La postura del Barça fue inequívoca: Yamal es demasiado importante para España como para descartarlo antes de tiempo.
Lo llamativo es que todo esto ocurre al final de una temporada ya marcada por las lesiones para un futbolista que aún ni siquiera ha cumplido los 19. El cuerpo le está recordando, a golpes, que el salto al máximo nivel tiene un peaje.
Pubalgia, selecciones y desgaste
El aviso llegó pronto. Yamal ya se había perdido cinco partidos al inicio de curso por pubalgia, ese problema crónico en la zona inguinal que conocen bien los extremos que viven de los giros y los cambios de ritmo. El mismo mal que condicionó gran parte del año de Cole Palmer.
Es una dolencia muy habitual en jugadores jóvenes que acaban de irrumpir en la élite. El físico todavía se está adaptando a una carga de partidos, viajes y exigencia que hasta hace poco solo veían por televisión.
En septiembre, el asunto fue a más. Durante una concentración con España, el problema se agravó y estalló el clásico conflicto club-selección. Desde el entorno del Barça se acusó a la federación de no “cuidar” al futbolista. La respuesta fue contundente: Lamine se quedó sin acudir a la ventana internacional de noviembre.
En el Camp Nou no quieren revivir ese capítulo. Ni siquiera con un Mundial de por medio.
Señales desde la ciudad deportiva
El último parte de tranquilidad llegó a finales de mayo. Yamal publicó un vídeo entrenando sobre el césped de la ciudad deportiva del Barça, ya con balón. Nada de trotes tímidos ni ejercicios livianos: controles, giros y un toque de descaro para mandar un taconazo por encima de un maniquí antes de soltar el pase.
El mensaje era claro: el talento sigue ahí, el cuerpo empieza a responder.
Dos días después, su nombre aparecía, como todos esperaban, en la lista definitiva de España para el Mundial. La convocatoria llegó con casi tres semanas de margen antes del debut de La Roja ante Cabo Verde, el 15 de junio.
La apuesta está hecha. El riesgo también.
Una apuesta mundialista
La historia de los Mundiales está llena de entrenadores que se la juegan con estrellas tocadas. Yamal apunta a ser uno de los casos más sonados de los últimos tiempos. Distintos informes apuntan a que podría no estar disponible hasta el tercer partido de la fase de grupos, el 27 de junio, frente a Uruguay.
Según informó Mundo Deportivo, médicos del Barça y de la federación española mantienen una comunicación constante y han alcanzado un consenso: no forzar al extremo en los dos primeros encuentros.
El plan médico es prudente. El plan deportivo, no tanto.
Luis de la Fuente ya había deslizado antes un escenario distinto, más optimista: “Creo que tendremos a Lamine, Nico y Mikel disponibles para el primer partido del Mundial, y si no, los tendremos para el segundo o el tercero. No supone un gran problema”, dijo en rueda de prensa. Eso sí, reconoció la presión del calendario: cualquier lesión, por pequeña que sea, llega en el peor momento.
La realidad se moverá entre esos dos polos: la cautela de los doctores y la necesidad competitiva del seleccionador.
Un grupo amable… sin su genio
¿Cuánto pierde realmente España sin Yamal de inicio? La respuesta definitiva llegará sobre el césped, pero el sorteo ha dado margen para respirar. La vigente campeona de Europa se asoma a un Grupo H accesible: Cabo Verde, Arabia Saudí y, como examen más serio, la Uruguay de Marcelo Bielsa.
Sobre el papel, suficiente para sobrevivir sin su gran agitador ofensivo.
Opciones hay. Yeremy Pino, versátil y con colmillo, puede ocupar el costado derecho. Víctor Muñoz, de Osasuna, también conoce bien esa banda. De la Fuente ha llenado la lista de jugadores capaces de moverse por varias posiciones: Álex Baena, Mikel Oyarzabal… piezas que permiten recomponer el ataque sin tener que cambiar el sistema.
El problema es que el otro puñal por fuera, Nico Williams, llega también con una lesión muscular reciente en los isquios. España tiene pólvora, pero sus dos extremos titulares han pasado por la enfermería en las últimas semanas.
Para la fase de grupos puede bastar. Para lo que viene después, no.
El torneo de la verdad
Si todo sigue el guion previsto, Yamal debería estar disponible para los cruces. Ahí el margen se reduce a cero. En el horizonte asoman ya posibles duelos que no admiten concesiones físicas.
En el cruce de dieciseisavos, lo más probable es un choque con el segundo del Grupo J: Austria o Argelia, con la sombra de Argentina en caso de tropiezo albiceleste. Más adelante podrían esperar Croacia o Colombia en octavos, una Bélgica siempre peligrosa en cuartos, y una hipotética semifinal de alta tensión ante Francia antes de una posible final contra Inglaterra.
Ahí no basta con “tener recursos”. Hace falta un futbolista que rompa partidos. Uno que cambie inercias. Uno como Yamal.
La Eurocopa 2024 ya ofreció un adelanto de ese papel. Tras un inicio discreto, el joven extremo se encendió en las eliminatorias: asistencias en octavos, cuartos y final, y un gol inolvidable ante Francia en semifinales. Cuando el torneo se estrecha, su influencia se dispara.
De la Fuente lo sabe y ha dejado caer una idea que puede marcar el Mundial de España: Yamal como arma de impacto desde el banquillo. “En una lista contemplas todos los escenarios. Hay jugadores que quizá no pueden darte 50 o 60 minutos, pero sí 20 muy buenos. Y eso puede ser diferencial”, explicó en una entrevista en abril. El seleccionador quiere llegar al tramo decisivo con la mejor versión posible de su equipo, aunque eso implique dosificar a su joya al principio.
El mundo mirando a un adolescente
El planeta fútbol también está pendiente. Jugadores como Yamal son la razón por la que millones de aficionados se sientan frente al televisor durante un mes entero. Si el torneo se queda demasiado tiempo sin su desborde, su fantasía y esa capacidad de alterar un partido con una sola acción, el golpe será para España… y para el espectáculo.
Porque el extremo del Barça no solo regatea. Hipnotiza. Cambia ritmos, inventa ángulos de pase, se atreve donde otros dudan. Tiene ese punto de insolencia que separa a los buenos de los que marcan época.
De la Fuente lo describió hace poco en RTVE con una mezcla de admiración y exigencia: está “increíblemente ilusionado”, “muy joven pero muy maduro”, consciente de que “este es su momento” y de que en la vida hay que “aprovechar las oportunidades”. Nadie sabe cómo llegará al próximo Mundial. Este, en cambio, lo tiene delante.
Yamal cumplirá 19 años solo seis días antes de la final. Entre la camilla y la gloria hay un mes de vértigo. Si el físico le respeta, este torneo puede coronarle como el futbolista más talentoso de su generación. Si las lesiones le frenan, quedará la sensación de una ocasión de oro desperdiciada.
La pregunta, a estas alturas, ya no es si España puede sobrevivir sin él en junio. Es si puede conquistar el mundo en julio sin su zurda a pleno rendimiento.






