Liverpool inicia una nueva etapa con Iraola
Liverpool se asomó al curso pasado con la ambición de un campeón en serie: venía de conquistar la Premier League por segunda vez en la temporada 2024/25 y el objetivo era claro, defender el trono. El golpe de realidad fue brutal. El equipo acabó 25 puntos por detrás del campeón, Arsenal, y el proyecto de Arne Slot saltó por los aires. Despido, reconstrucción y una decisión que divide a la grada: la apuesta por Andoni Iraola.
Un verano de cambios y un mercado que deja preguntas
El verano en Anfield ha sido ruidoso. Caro también.
- Jeremy Jacquet llegó desde Rennes por 60 millones de libras
- Victor Munoz aterrizó desde Osasuna por 34,5 millones
- Samuel Martinez se incorporó procedente de Atletico Nacional por una cantidad no revelada
- Ronald Araujo, cedido por Barcelona, un movimiento que apunta directamente a la necesidad de reforzar la zaga
Las salidas son igual de significativas. Andy Robertson se marchó libre a Tottenham Hotspur, Ibrahima Konate hizo lo propio rumbo a Real Madrid y Mohamed Salah, tras una temporada convertida en un foco de distracción constante, fue finalmente liberado de su contrato. El club también dio puerta a un buen número de jugadores de fondo de armario y cedió a varios jóvenes, como Armin Pecsi a TSV Hartberg y Amara Nallo a HJK Helsinki, mientras Luca Stephenson se fue a Bolton Wanderers y Carter Pinnington a West Bromwich Albion por cantidades no reveladas.
Es una limpieza profunda, pero no necesariamente tranquilizadora. El equipo pierde experiencia, jerarquía y goles. Y no está claro que las incorporaciones basten para tapar todos esos huecos.
(Información actualizada a 17 de agosto).
Un curso decepcionante y una idea por construir
Los números del último curso sonrojan. Solo 17 victorias en 38 partidos de Premier League para un club que había invertido una fortuna en el mercado estival. Mucho gasto, poco retorno. Liverpool apenas logró amarrar la clasificación para la Champions League, más por inercia y pegada puntual que por solidez.
El caso Salah, convertido en un culebrón permanente, tampoco ayudó. Cada rueda de prensa giraba en torno a su futuro, cada decisión técnica abría un debate. Su salida este verano se antoja inevitable y hasta saludable para el vestuario.
Ahora todo gira alrededor de Iraola. El exentrenador de Bournemouth quiere implantar un estilo muy distinto al que muchos de sus futbolistas conocen. Presión agresiva, intensidad sin balón, automatismos nuevos. Sobre el papel, atractivo. En la práctica, un reto mayúsculo.
El propio técnico lo resumió con claridad: necesita a todos, todo el tiempo. “Necesitamos a cada jugador, cada vez, cada minuto, cada acción, y ese es el compromiso”, afirmó. Y añadió que está “muy contento con la actitud de los jugadores”, subrayando que les está pidiendo cosas “un poco diferentes, especialmente sin balón”, y que el grupo “está intentando asimilarlas”. Reconoce que el equipo está lejos de ser perfecto, que “hay cosas que mejorar”, pero insiste en que la voluntad de ir “en la misma página” le hace confiar en que “llegarán”.
El discurso es firme. El desafío, enorme.
Van Dijk, entre el mito y el peso de los años
Uno de los puntos más delicados del nuevo proyecto se llama Virgil van Dijk. Durante años, el neerlandés fue el pilar que sostenía todo el andamiaje defensivo de Liverpool. Pero el tiempo no perdona. Su declive se ha hecho evidente en las últimas dos temporadas.
El club, pese a ello, decidió hacer un esfuerzo económico para retenerlo. A sus 35 años, la pregunta es directa: ¿puede seguir siendo el central que lidere una defensa aspirante al título o se convertirá en un freno para el nuevo ciclo?
Iraola tendrá que diseñar un sistema que oculte las carencias físicas que Van Dijk ha ido acumulando. Menos campo a su espalda, más ayudas, más control colectivo. No es sencillo ajustar una estructura entera para proteger a una pieza veterana, pero el peso simbólico del neerlandés en el vestuario y en la grada sigue siendo enorme.
En su descargo, Van Dijk dejó una señal alentadora en la pretemporada: participó en el 2-0 ante Como, con portería a cero. No es una prueba definitiva, ni mucho menos, pero sí un indicio de que todavía puede aportar si el contexto le favorece.
Pretemporada irregular y un techo que aún parece lejos
Liverpool ha alternado luces y sombras en los amistosos. Partidos en los que el plan de Iraola se intuye, con un equipo intenso, valiente sin balón, y otros en los que el bloque se parte y los automatismos desaparecen. Es normal a estas alturas, pero el margen de paciencia en Anfield es mínimo.
El técnico se aferra a la idea de que el grupo terminará por adaptarse. Habla de compromiso, de entrenamientos de alto nivel y de una plantilla receptiva. La sensación, sin embargo, es que falta algo más que buena voluntad: falta calidad diferencial en algunas zonas y, sobre todo, profundidad para aguantar una temporada entera peleando en Premier League y Champions League.
La plantilla parece corta para un asalto serio al título. Demasiadas incógnitas en defensa, una delantera que ha perdido a su gran referencia goleadora y un centro del campo que aún debe demostrar que puede dominar los grandes escenarios con regularidad.
¿Hasta dónde puede llegar este Liverpool?
Con todo, no es un equipo condenado. Si las lesiones respetan, si los nuevos fichajes se adaptan rápido y si el vestuario compra por completo la idea de Iraola, un puesto entre los cuatro primeros está al alcance. El club todavía tiene talento, experiencia en noches grandes y un estadio que empuja como pocos.
La duda es otra. ¿Basta con eso para un Liverpool que se acostumbró a mirar la tabla desde arriba? La temporada 2026/27 dirá si la apuesta por Iraola es el inicio de un nuevo ciclo ganador o solo otro capítulo irregular en un club que no se puede permitir vivir demasiado tiempo lejos del título.






