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Manchester City: ¿Un gigante en reconstrucción tras la era Guardiola?

El Etihad Stadium necesitó solo una noche para cambiar de piel. Tras años de sentirse el centro del universo futbolístico, el 0-3 ante Arsenal en la Community Shield sonó a aviso de evacuación. No fue un amistoso más. Fue la primera grieta visible en un proyecto levantado durante más de una década.

La derrota no llegó sola. Llegó sobre un club que ya se ha quedado sin su director de fútbol, Txiki Begiristain, que pronto perderá a Pep Guardiola y que ve cómo el adiós de Rodri se aproxima. El equipo que durante años funcionó como una máquina imparable empieza a parecer otra cosa: un campeón en busca de identidad, obligado a explorar territorio desconocido.

La gran pregunta que recorre Inglaterra

En los pasillos del fútbol inglés resuena una duda incómoda: ¿puede Manchester City evitar el derrumbe que sufrió Manchester United tras la marcha de Sir Alex Ferguson? ¿O la salida casi simultánea de tres pilares empujará al club a empezar, si no de cero, sí desde un punto mucho más bajo, con la urgencia de los resultados y las expectativas como peso constante?

La respuesta ya no vive en los debates teóricos. Ha empezado a dibujarse sobre el césped.

Quien tome el relevo de los arquitectos de la era dorada —jugadores, directivos, cuerpo técnico— se encontrará ante un desafío gigantesco. Enzo Maresca, heredero directo de Guardiola, lo ha descubierto a toda velocidad.

Hablamos de un técnico con títulos en Leicester City y Chelsea. Un entrenador preparado, con ideas. Pero su primer examen oficial con City acabó con un golpe seco contra el muro de Arsenal. No fue solo un mal día: el campeón salió del Wembley con una derrota contundente y la sensación de que los tiempos cómodos han terminado.

El vacío que deja Txiki

La propiedad se mantiene firme. Ferran Soriano sigue al mando del engranaje financiero y operativo. Pero en menos de un año, City ha perdido el primer pilar que le convirtió en club de época. Txiki Begiristain, probablemente el mejor director deportivo del fútbol moderno, decidió hace más de un año dar un paso al lado. Sin ruido, sin foco. Pero su ausencia ya se nota.

Txiki no se limitó a fichar. Marcó un método. Trajo a Haaland por 60 millones y a Rodri por 70, levantó una plantilla carísima y al mismo tiempo compensó el gasto con ventas inteligentes. Construyó un modelo.

Su sucesor, Hugo Viana, ha irrumpido en el mercado de otra forma. Este verano ya ha superado los 130 millones en solo dos operaciones. El matiz no es menor. Habla de un cambio de mirada, de una política de fichajes menos quirúrgica y más agresiva. Exactamente el tipo de viraje que vivió Manchester United cuando Ferguson dejó el banquillo.

No es un simple relevo administrativo. Es el inicio de otra manera de pensar el club.

El día después de Pep

El segundo pilar que se viene abajo es Guardiola. Su peso no se medía solo en títulos ni en pizarras. Pep ejercía algo todavía más raro: una influencia total sobre el club.

Era intocable. Ganara o perdiera. Ningún entrenador, ni siquiera Maresca, podrá acercarse a ese estatus.

Esa diferencia entre un técnico que sabe que es “inmortal” y el resto se traduce en el campo. Con Guardiola, City no solo tenía un estilo. Tenía una certeza. Una superioridad psicológica que condicionó a sus rivales durante años. Cuando Pep se vaya, se irá con él la idea de juego que ha definido al club y también esa sensación de control absoluto sobre el escenario.

El vacío recuerda demasiado al que se tragó a Manchester United después de Ferguson. Un experimento de entrenador tras otro, temporadas enteras intentando recuperar un prestigio que nunca terminó de volver.

Rodri, el pilar que aún sostiene el techo

Y queda el tercer pilar. El más frágil ahora mismo. Rodri está al borde de la salida. Y ahí el golpe puede ser todavía más devastador.

Pocos centrocampistas en el fútbol actual sostienen a un equipo completo como lo ha hecho el español. Con Rodri, City fue un bloque campeón. Sin él, pareció otra cosa. Su última ausencia prolongada ya dejó al descubierto una fragilidad evidente en el centro del campo: menos equilibrio, menos disciplina, menos control de los partidos.

Su marcha inminente se perfila como un golpe durísimo, muy difícil de compensar a corto plazo. La historia del fútbol está llena de ejemplos de clubes que perdieron a su hombre clave y vieron cómo su nivel se desplomaba. Lo normal es que no haya excepciones. City tendrá que demostrar que puede serlo.

Un gigante rico… pero en reconstrucción

El escenario no es de ruina. City mantiene un músculo financiero enorme, una infraestructura moderna y una propiedad estable. Pero ha perdido las tres mentes que levantaron el proyecto. Eso coloca al club en una fase real de reconstrucción, no en un simple ajuste.

Maresca tiene que inventar una nueva identidad mientras el marcador le exige victorias desde ya. Nunca ha afrontado una presión semejante en un club del tamaño de Manchester City. El 0-3 ante Arsenal no define una temporada, pero sí dejó al desnudo algo clave: se ha perdido parte del equilibrio y de la solidez que fueron marca registrada en los últimos años.

Si los resultados decepcionantes se encadenan al inicio de la Premier League, el club podría verse empujado hacia una reconstrucción casi total. Justo lo que sucedió con United tras el final de la era Ferguson.

Lo que vivió el vecino de Old Trafford desde 2013 es una advertencia brutal: años de confusión en los despachos, en el banquillo y en el mercado, sin un verdadero retorno deportivo. City tiene una ventaja que United no tuvo: continuidad en la propiedad y una planificación financiera más cuidada.

Pero la primera señal ya se vio ayer. Y el miedo a repetir ese camino ya no suena exagerado. El éxito construido sobre Txiki, Pep y Rodri quizá sea irrepetible con la misma fuerza.

Los próximos meses dictarán sentencia: o Manchester City atraviesa esta transición con daños limitados, o se adentra en un túnel largo, incómodo y oscuro, muy parecido al que su eterno rival lleva años intentando dejar atrás.