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Marcus Rashford y Anthony Gordon: El nuevo engranaje de Inglaterra

Marcus Rashford sabe mejor que nadie lo que es tocar fondo y volver. Durante años fue el héroe de casa en Manchester, el chico de la academia convertido en estandarte. Luego llegó el desplome: desencuentro con Ruben Amorim, desgaste emocional, la sensación de que Old Trafford ya no era su lugar. Él mismo lo resumió con una frase contundente: estaba “listo para un nuevo desafío”.

El préstamo al Aston Villa dejó destellos, un recordatorio de lo que podía llegar a ser, pero también evidenció que necesitaba algo más que un cambio temporal. Necesitaba un nuevo hogar futbolístico.

Ahí apareció el Barcelona.

Rashford, resucitado en Barcelona

El club catalán solo quiso asumirlo cedido, pero la opción de compra de 30 millones de euros era todo menos prohibitiva para un jugador de su calibre. El contexto no era sencillo: competir por minutos con Lamine Yamal, Raphinha, Robert Lewandowski y Ferran Torres no es precisamente un camino despejado. Sin embargo, para Rashford era la oportunidad perfecta de resetear su carrera.

Hansi Flick lo tenía clarísimo desde el primer día. El técnico alemán, respaldado por Deco en la planificación deportiva, insistió en que necesitaba un jugador de ese perfil. Y el inglés respondió. Con goles, con asistencias, con peso real en los partidos grandes.

Cerró la temporada con 14 goles y 11 asistencias, un registro que habla por sí solo. Su obra maestra llegó en mayo, en pleno Clásico: un lanzamiento de falta sensacional que sirvió para rematar la Liga con estilo. Un golpeo de estrella en un escenario que no perdona a los impostores.

Rashford ya ha dejado claro que quiere quedarse en el Camp Nou. Varios compañeros han presionado internamente para que el club ejecute la opción de compra. Y mientras el Barça decide si convierte el préstamo en traspaso definitivo, el delantero ha mantenido viva la confianza que Thomas Tuchel le tendió en marzo de 2025, cuando lo incluyó en la hoja de ruta hacia lo que será su quinto gran torneo internacional.

Pero ahí es donde entra Anthony Gordon.

El jugador que no se mide solo en goles

Comparar a Rashford y Gordon con goles y asistencias es quedarse en la superficie. El fútbol de élite, especialmente a nivel de selecciones, ya no gira tanto alrededor del genio aislado, sino del engranaje. De cómo cada pieza sostiene al resto.

Y en ese tablero, Gordon es el socio ideal. Literalmente.

El extremo formado en Everton es un corredor incansable. Con balón, sin balón, en ataque posicional o a campo abierto. Siempre ofrece una línea de pase, siempre ataca el espacio. Se desmarca una y otra vez por los pasillos interiores y exteriores, muchas veces sin recibir, pero sin dejar nunca de ofrecerse. Ese tipo de esfuerzo no sale en los resúmenes, pero sostiene sistemas, rompe defensas, genera dudas.

Su presión es otra historia. Incómoda, agresiva, constante. En la 2023-24 dejó una acción que lo define: robó el balón a Trent Alexander-Arnold, dejó atrás a tres defensores del Liverpool y terminó marcando. Intensidad, atrevimiento y determinación en una sola jugada.

Los datos lo respaldan. La temporada pasada corrió más por partido que Rashford: 7,43 kilómetros. Según Statsbomb, se situó en el percentil 96 en acciones defensivas, 98 en presiones y 94 en contra-presiones en la Premier League. Es, estadísticamente, uno de los mejores atacantes defensivos de la competición. Casi no se puede ir más arriba.

El sistema de Tuchel pide a Gordon

Ahí encaja la idea de Tuchel. El seleccionador alemán no ha llegado para montar un equipo de cromos, sino un sistema. Por eso Phil Foden y Cole Palmer, futbolistas más finos técnicamente que Gordon, se han quedado fuera este verano: no encajan igual de bien en el plan.

Inglaterra se estructura alrededor de Harry Kane. El capitán, a estas alturas de su carrera, se mueve mucho más lejos del área, baja a recibir, conecta, dirige. Tuchel le ha dado libertad para hacerlo siempre que haya alguien dispuesto a atacar los espacios que él deja atrás. Necesita un compañero que corra por él, que estire al rival, que castigue a las defensas que se fijan demasiado en su figura.

Gordon es ese jugador.

Aunque ha actuado como ‘9’ en Everton y Newcastle, y podría hacerlo también en el Barcelona si el club no encuentra un sustituto claro para Lewandowski, su formación es la de un extremo clásico de banda. De los que pisan línea de cal, repiten el mismo desmarque una y otra vez… y lo ejecutan bien casi siempre.

Con balón, su impacto tampoco es menor: en Newcastle fue el jugador que más regates completó por 90 minutos la última temporada. No es solo motor, también desequilibrio. Pero su verdadero valor está en todo lo que hace cuando la cámara no lo sigue.

Al lado de Kane, su encaje es natural. Con posesión, estira el campo y ataca huecos. Sin ella, su despliegue físico permite que el capitán administre esfuerzos. No es teoría: han compartido 528 minutos en el campo con Inglaterra, repartidos en 12 partidos. Nueve victorias. Entre ellas, un 5-0 demoledor ante Letonia en el que ambos marcaron.

Rashford, el arma guardada

Apostar por Gordon desde el inicio no significa condenar a Rashford al olvido. Todo lo contrario. En un torneo marcado por las altas temperaturas en Norteamérica, Tuchel necesitará rotar, dosificar y refrescar piernas. Sus titulares no pueden vivir al límite cada tres días.

Sin Foden, sin Palmer y con menos recursos creativos de los previstos, Rashford se convierte en uno de los pocos revulsivos capaces de cambiar un partido desde el banquillo. Puede atacar defensas cansadas, ofrecer remate, disparo lejano, uno contra uno. Aporta una dimensión distinta, más imprevisible, más explosiva.

Si Inglaterra va a remolque, cuesta imaginar a Gordon teniendo el mismo impacto inmediato que Rashford en el último tramo de partido. El del Barça es, por perfil, el jugador perfecto para romper un encuentro cerrado en 20 minutos.

Tuchel, sin embargo, no ha venido para contentar nombres. Ya lo ha demostrado: no le tiembla el pulso a la hora de sentar estrellas si el sistema lo exige. Es, en esencia, lo contrario a la versión más conservadora de Gareth Southgate, que en la Euro 2024 se aferró a determinados jugadores pese a que su rendimiento no justificaba la reiteración en el once.

La decisión ahora está clara. Gordon encaja mejor en el plan inicial; Rashford, en el plan B.

El Barça aún debe resolver si apuesta de forma definitiva por Rashford y lo pone a competir con Gordon también a nivel de club. Tuchel, en cambio, no tiene tanto margen para la duda: el torneo se acerca, el margen de error es mínimo y el sistema ya está trazado.

Anthony Gordon costó 80 millones de euros. Inglaterra no lo fichó, pero sí ha decidido construir un modelo que necesita exactamente a un jugador como él.

La pregunta no es si merece ser titular. Es cuánto puede llegar a cambiar el destino de esta selección si Tuchel se atreve a sostener su idea hasta el final.