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Mundial 2026: Norteamérica se prepara para el evento más grande

El Mundial más voluminoso que ha conocido el fútbol ya está aquí. Norteamérica se convierte desde este jueves en el epicentro del planeta balón: 48 selecciones, 16 estadios, tres países anfitriones y un calendario que promete un mes largo de ruido, color y tensión.

De Ciudad de México a Nueva York, de Toronto a Los Ángeles, millones de aficionados se enfundarán los colores de sus banderas para un torneo que rompe el molde: por primera vez se estrena el formato ampliado de 32 a 48 equipos y, también por primera vez, tres naciones comparten la organización de uno de los eventos deportivos más seguidos del mundo.

Tres ceremonias de apertura para un solo Mundial

El Mundial 2026 arranca con un guiño a cada anfitrión. No habrá una sola ceremonia de apertura, sino tres.

El primer gran acto se vive este jueves en el Estadio Azteca, antes del México–Sudáfrica del Grupo A. A las 11:30 hora local (13:30 ET), Shakira y Burna Boy interpretarán “Dai Dai”, la canción oficial del torneo, en un espectáculo que también reunirá a Alejandro Fernández, Belinda, Danny Ocean, J Balvin, Lila Downs, Los Ángeles Azules, Maná y Tyla, entre otros artistas incluidos en el primer álbum oficial de la Copa del Mundo.

El viernes le llega el turno a Canadá. Toronto se viste de gala con un BMO Field remodelado y ampliado de 28.000 a 45.000 asientos para recibir a Bosnia y Herzegovina en el estreno del Grupo B. Noventa minutos antes del inicio, a las 13:30 ET, el país anfitrión del norte tendrá su propia ceremonia con Alanis Morissette, Alessia Cara, Jessie Reyez, Michael Bublé y un cartel que mezcla generaciones y estilos.

Ese mismo día, la fiesta se traslada a Los Ángeles. En SoFi Stadium, la selección de Estados Unidos abre su Mundial ante Paraguay y, a las 16:30 hora local (19:30 ET), se encenderá el show con Katy Perry, Future, Anitta, LISA, Rema y Tyla como cabezas de cartel. Gianni Infantino lo ha vendido como un reflejo de la diversidad cultural del país y de su peso en la música y el entretenimiento. La FIFA quiere que el mensaje sea claro: fútbol y espectáculo, inseparables.

Un déjà vu en el Azteca para abrir el Grupo A

Tras la música, llega lo que importa: la pelota. Este jueves 11 de junio, a las 14:00 hora local (15:00 ET), México y Sudáfrica reeditan una fecha que el calendario parece haber marcado a propósito. El 11 de junio de 2010, ambas selecciones abrieron el Mundial de Sudáfrica con un 1-1 en Johannesburgo. Ahora el escenario es el Azteca y el anfitrión es el Tri, que esta vez juega con el empuje de su gente.

La jornada del Grupo A no se detiene ahí. A las 21:00 hora local (23:00 ET), en el Estadio Akron de Zapopan, cerca de Guadalajara, se cruzan Corea del Sur y Chequia, un duelo con aroma táctico en un recinto que se ha acostumbrado a las grandes noches.

El viernes entra en escena Canadá. Su selección debuta como anfitriona en un Mundial ante Bosnia y Herzegovina, a las 15:00 ET, en el primer partido del Grupo B. Es una fecha histórica para un país que lleva años empujando el crecimiento del fútbol y que ahora se mide de verdad ante el mundo.

En Los Ángeles, el cierre del día tiene sabor a 1994. Estados Unidos se enfrenta a Paraguay en SoFi Stadium a las 18:00 hora local (21:00 ET). La última vez que la selección masculina jugó un partido de Mundial en casa fue el 4 de julio de 1994, derrota por 1-0 ante la Brasil que acabaría levantando el título. Tres décadas después, el contexto es otro, pero la presión vuelve a ser enorme. Nike ha vestido al equipo con camisetas inspiradas en diseños históricos, incluyendo las franjas de hace 32 años. Un guiño directo a aquella generación.

Un Mundial blindado: seguridad al máximo nivel

El tamaño del torneo obliga a un dispositivo de seguridad sin precedentes en Estados Unidos. El FBI ha desplegado equipos tácticos en Atlanta, Boston, Dallas, Houston, Kansas City, Los Ángeles, Miami, Nueva York, Nueva Jersey, Filadelfia, el área de la Bahía de San Francisco y Seattle, ciudades que recibirán una avalancha de aficionados.

Kash Patel, director del FBI, explicó que estos grupos de respuesta a crisis llegan para apoyar el enorme trabajo de protección de jugadores, hinchas y visitantes. En sedes como Gillette Stadium, en Foxborough (Massachusetts), se recomienda a los aficionados llegar con más de una hora de antelación para superar los controles.

Marlo Graham, agente especial al frente de la oficina del FBI en Atlanta, subrayó que la preparación no difiere de otros grandes eventos, con una salvedad clave: este torneo se extiende durante 39 días. Los equipos tácticos llevan meses entrenando junto a unidades de otras agencias.

A la ecuación se suma el papel de los agentes de Immigration and Customs Enforcement. Según el responsable de la frontera de la Casa Blanca, Tom Homan, su prioridad durante el Mundial será la seguridad nacional, no la aplicación de la ley migratoria. Todo ello en un contexto marcado por más de un año de endurecimiento de los criterios de entrada a Estados Unidos bajo la administración Trump, una política que ya ha tenido efectos directos en el torneo.

Un ejemplo: el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, designado para dirigir partidos del Mundial, fue rechazado en la frontera estadounidense el pasado fin de semana por “motivos de evaluación”, según confirmó Customs and Border Protection. La FIFA ratificó que se le denegó la entrada, sin dar detalles sobre las razones.

Lo que sí y lo que no puedes llevar al estadio

La FIFA ha detallado un código de conducta para los estadios que condicionará la experiencia del aficionado. Quedan prohibidos los bolsos no transparentes y cualquier objeto considerado peligroso: armas, protecciones corporales, cascos, paraguas, cochecitos de bebé y sillas, entre otros.

En un primer momento, el organismo también vetó “botellas, vasos, frascos, latas o cualquier otro tipo de recipiente cerrado que pueda ser lanzado o causar lesiones”, además de botellas de agua de marca. La decisión desató una tormenta entre los aficionados, en plena disputa por los derechos del aficionado y con el torneo disputándose en pleno verano.

El colectivo inglés Free Lions lo expresó con dureza en redes sociales: “¿Qué será lo próximo? ¿Prohibir la crema solar y obligar a comprarla en el estadio? Naturalmente, la primera reacción de los aficionados es pensar que se trata del último intento de sacar más dinero”. El mensaje caló.

La presión hizo efecto. Heimo Schirgi, director de operaciones del Mundial 2026, aclaró después que se permitirá la entrada de una botella de agua blanda, de plástico, desechable y sellada de fábrica, de hasta 20 onzas por espectador en los estadios de Estados Unidos y Canadá. Las botellas duras y reutilizables seguirán vetadas.

Dentro de los recintos, las bebidas –agua, refrescos y zumos– estarán suministradas en exclusiva por Coca‑Cola, patrocinador histórico de la FIFA.

El sueño, el precio y las gradas del Mundial más caro

Más sedes significan más entradas. Pero no necesariamente más accesibles. Los precios de las localidades para la fase de grupos han escalado hasta cifras que muchos aficionados califican de inasumibles.

Phil Labas, capitán del capítulo de Chicago de los American Outlaws, un grupo de 30.000 hinchas de la selección estadounidense, lo definió sin rodeos: “Es un número absolutamente demoledor en lo que respecta al precio de las entradas para entrar a un partido”. Habla de centenares y, en algunos casos, miles de dólares por un solo encuentro.

Labas, habitual en casi todos los eventos de U.S. Soccer en los últimos cuatro años, reconoce que este Mundial en casa ha empujado a los Outlaws a las zonas más altas del estadio. “Estamos en la sección 300. Somos grada alta, en una esquina… Es una auténtica tragedia”, lamenta.

La distancia al césped no les frenará. El propio Labas lanza el aviso: “Nos oirán, nos verán si la cámara sube, pero estaremos ahí”. El Mundial 2026 nace con un pulso claro entre la pasión de la grada y el coste de vivirla en directo.

Apuestas, favoritos y una candidata inesperada

En paralelo, las casas de apuestas afinan sus cuotas para lo que se perfila como uno de los mayores eventos de juego de la historia. Todos miran a los sospechosos habituales: Francia, España, Inglaterra, Brasil. Sin embargo, una voz autorizada apunta en otra dirección.

El economista alemán Joachim Klement, que acertó los tres últimos campeones del mundo, ve a Países Bajos como su gran candidata para 2026. Lo explicó en una entrevista con CBS News: coloca a la selección neerlandesa por delante de varias favoritas de las apuestas porque la considera una de las “constantes sobreperformers” del fútbol mundial.

Países Bajos ha llegado a tres finales de Mundial –1974, 1978 y 2010– sin levantar el trofeo. Klement destaca que no tiene una superestrella del calibre de Lionel Messi con Argentina, pero sí un bloque extremadamente equilibrado, sin puntos débiles evidentes. Y remata con una máxima vieja como el juego: el ataque gana partidos, la defensa gana torneos. Según él, ahí radica el gran valor de los neerlandeses.

Estados Unidos, entre la oportunidad y su propio ecosistema deportivo

En el caso de Estados Unidos, Klement ve luces y sombras. El sorteo del Grupo D ofrece un escenario manejable: Paraguay, Australia y Turquía. Un grupo nivelado que, según sus cálculos, abre la puerta para que la USMNT avance a octavos y, con un cruce favorable, sueñe incluso con los cuartos de final.

El problema está lejos del césped. En el país anfitrión, el fútbol compite con la NFL, la NBA, la MLB y otros deportes por el talento y la atención. Klement lo resume con frialdad: en Estados Unidos, el fútbol no es el deporte dominante; en Europa o Latinoamérica, el fútbol está primero y luego viene el resto.

Esa realidad no cambiará en 39 días. Pero un Mundial en casa, con estadios llenos, precios desorbitados, medidas de seguridad máximas y tres ceremonias de apertura para un solo torneo, sí puede alterar algo más profundo: la forma en que una generación entera se enamora –o no– de este juego. La pregunta es si Estados Unidos aprovechará esta ocasión única para dejar de ser solo anfitrión y empezar a comportarse como potencia.

Mundial 2026: Norteamérica se prepara para el evento más grande