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PSG y Aston Villa se enfrentan en la Supercopa de Europa

A apenas tres semanas de la final del Mundial, el fútbol europeo ya se juega un título. En Salzburgo, en el Salzburg Stadium, Paris Saint-Germain y Aston Villa se citan este miércoles (21:00, 19:00 GMT) para decidir la Supercopa de Europa, el primer trofeo grande de la nueva temporada.

Es el choque clásico entre campeón de Champions League y campeón de Europa League. Para el PSG, además, llega con una carga histórica: tiene la opción de convertirse en el segundo equipo de la era moderna capaz de retener la Supercopa, algo que solo ha logrado el Real Madrid en 2016 y 2017. El curso pasado, el conjunto parisino levantó el título tras sobrevivir a un dramático duelo ante Tottenham decidido en los penaltis.

Un PSG que vuelve del Mundial a trompicones

La pretemporada del PSG ha sido un rompecabezas. La plantilla regresó a cuentagotas, condicionada por el desgaste del Mundial y por un caso muy particular: el del Balón de Oro Ousmane Dembélé, figura de Francia con seis goles y dos asistencias en el torneo, que solo se reincorporó el lunes. Con él volvieron sus compañeros de selección Désiré Doué y Bradley Barcola, además del campeón del mundo con España Fabián Ruiz, clave en la semifinal ante Francia por su precisión y lectura del juego.

Otros llegaron antes y se nota. Khvicha Kvaratskhelia, fuera del Mundial porque Georgia no se clasificó, lleva semanas acumulando sesiones y apunta a titular indiscutible en su banda izquierda, donde suele desbordar y atraer marcas. En el costado opuesto puede aparecer una de las caras nuevas, Maghnes Akliouche, fichado desde Monaco y llamado a ocupar el espacio que podría dejar Barcola.

Porque el nombre de Barcola está en el mercado. El veloz extremo, autor de tres goles en el Mundial, suena con fuerza para reforzar al gigante de la Premier League Liverpool. Su posible salida se cruza con la llegada de Akliouche, una transición que Luis Enrique deberá gestionar en pleno arranque competitivo.

El técnico asturiano podría alinear también a un viejo conocido de Villa Park: Lucas Digne. El lateral francés regresa a casa. Villa lo traspasó al PSG el domingo por unos 10 millones de euros, devolviendo al defensa de 33 años a uno de los clubes donde se forjó. Nacido en la periferia de París, Digne ya vistió la camiseta parisina en 2013 tras salir de Lille, antes de pasar por Roma y Barcelona y consolidarse durante ocho años en la Premier League con Everton y Aston Villa, donde disputó 182 partidos y se convirtió en uno de los hombres más fiables para Unai Emery.

En cuanto al once probable, el PSG podría formar con Safonov; Zabarnyi, Marquinhos, Willian Pacho, Nuno Mendes; Joao Neves, Vitinha, Dro Fernández; Mbaye, Mayulu y Kvaratskhelia. No obstante, el parte médico siembra dudas: Barcola, Dembélé, Doué, Fabián Ruiz, Achraf Hakimi, Lucas Hernández y Warren Zaïre-Emery arrastran problemas físicos y están en el aire para la cita.

Emery, un Villa remozado y un centro del campo en reconstrucción

Al otro lado, Aston Villa encara su cuarta temporada completa con Unai Emery al mando, y lo hace con un aire distinto, especialmente en la medular. El verano se llevó piezas importantes: Morgan Rogers rumbo al Chelsea, Youri Tielemans al Manchester United y, ya mencionado, Lucas Digne hacia París. Son bajas de peso en un equipo que se había acostumbrado a reconocerse a través de su centro del campo.

La respuesta del club ha sido agresiva. Llegan el suizo Johan Manzambi, una de las sensaciones de su selección en el Mundial, y el brasileño Joao Gomes, fichado desde el descendido Wolverhampton para aportar energía y piernas en la zona ancha. Manzambi, eso sí, no podrá estrenarse: una lesión de rodilla lo deja fuera de la Supercopa.

El contexto competitivo de Villa invita a tomarlo muy en serio. El equipo inglés conquistó la Europa League con autoridad, derrotando 3-0 a Freiburg en la final, y se ha ganado por segunda vez bajo Emery un lugar en la próxima Champions League. No es un invitado de piedra; llega con título reciente, automatismos claros y una identidad muy marcada.

Las bajas, sin embargo, condicionan el plan. Leon Bailey (muscular), Johan Manzambi (rodilla) y Amadou Onana (rodilla) están descartados. Alejandro Garnacho (lesión facial), John McGinn (rodilla) y tres pilares como Emiliano Konsa, Emiliano Martínez y Ollie Watkins arrastran dudas físicas. Si responden bien, cambian el rostro del equipo; si no, Emery tendrá que tirar de recursos y ajustar su presión y su salida de balón.

El once previsto de Aston Villa podría ser Bizot; Matty Cash, Victor Lindelöf, Pau Torres, Ian Maatsen; Joao Gomes, Boubacar Kamara; John McGinn, Emiliano Buendía, Garnacho; Tammy Abraham. Un bloque capaz de alternar posesión y transiciones rápidas, con Abraham como referencia y mucha llegada desde segunda línea.

Un precedente reciente y una cuenta pendiente

PSG y Aston Villa apenas se conocen. Solo se han cruzado en una eliminatoria, la de la pasada Champions League. Y dejó heridas y advertencias para ambos.

En la ida, el PSG golpeó con fuerza y se llevó un 3-1 que parecía casi definitivo. En la vuelta, Villa respondió con orgullo en Villa Park y se impuso 3-2, pero se quedó corto para remontar la desventaja global. Aquella noche dejó una sensación clara: los ingleses pueden hacer daño a los parisinos si el partido se rompe, si consiguen que el intercambio de golpes se vuelva emocional.

Esos dos choques son toda la historia entre los clubes. Suficiente para alimentar un pequeño relato de revancha, de ajuste de cuentas táctico entre Luis Enrique y Emery.

Supercopa, estadísticas y un duelo en los banquillos

La Supercopa también pone bajo el foco a los entrenadores. Los números son contundentes: Emery ha perdido sus tres anteriores finales de Supercopa de Europa. Luis Enrique, en cambio, ha ganado las dos que ha disputado. El escenario ofrece al español de Aston Villa la oportunidad de romper una racha incómoda y al del PSG la de confirmar su idilio con este título.

El club parisino, además, persigue un lugar en una lista muy corta: solo tres equipos han logrado retener la Supercopa. Convertirse en el cuarto supondría un mensaje de continuidad y poder en un verano marcado por el desgaste del Mundial y por los rumores de mercado.

Los modelos de datos también se han pronunciado. El superordenador de Opta otorga al PSG un 45 por ciento de opciones de ganar en los 90 minutos, frente al 29,6 por ciento de Aston Villa. El empate, que llevaría el duelo a la prórroga y quizá a los penaltis, se queda en un 25,5 por ciento. Las cifras señalan al campeón de Europa como favorito, pero dejan margen suficiente para que el campeón de la Europa League se agarre a la incertidumbre propia de una final a partido único.

Un árbitro en el centro del tablero político

La Supercopa no solo se juega sobre el césped. También se disputa en los despachos y en los equilibrios de poder del fútbol mundial. El árbitro designado, Omar Artan, se ha convertido en símbolo de la tensión creciente entre UEFA y FIFA.

Artan, considerado el mejor colegiado de África la pasada temporada, fue excluido por Estados Unidos del Mundial pocos días antes de su inicio por “preocupaciones de seguridad”, con acusaciones de supuestos vínculos con organizaciones terroristas que nunca se acompañaron de pruebas públicas. La decisión generó polémica y dejó su nombre marcado.

La respuesta de la UEFA ha sido clara: le entrega el silbato de la Supercopa. Un gesto que el mundo del fútbol ha aplaudido en gran medida y que también se interpreta como un movimiento político calculado por parte de la confederación europea, en plena confrontación con la FIFA de Gianni Infantino.

La relación entre ambos organismos se ha deteriorado aún más en los últimos meses. UEFA ha encabezado la campaña para desplazar a Infantino de la presidencia de la FIFA, especialmente tras su frustrado intento de vender una participación en el Mundial a inversores externos. En ese contexto, la presencia de Artan en Salzburgo trasciende lo deportivo y se convierte en un mensaje.

Un título temprano, muchas preguntas

PSG llega con el peso de la etiqueta de favorito, la obligación de mandar y la tentación de hacer historia. Aston Villa aterriza con el impulso de su Europa League, un técnico especialista en eliminatorias y un vestuario que ya sabe que puede competir de tú a tú con el gigante francés.

Entre lesiones, regresos tardíos del Mundial, movimientos de mercado por cerrar y un clima político en ebullición en los despachos, la Supercopa se presenta como algo más que un simple aperitivo veraniego.

Es el primer examen serio del año. Y puede marcar el tono de la temporada para ambos: ¿será el inicio de una hegemonía parisina o el anuncio de que la Europa League de Villa no fue el final de un cuento, sino el prólogo de algo más grande?