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Raphinha: del sufrimiento por lesiones al sueño del sexto título con Brasil

La temporada con el Barcelona dejó más cicatrices que sonrisas en el cuerpo de Raphinha. Lesiones, interrupciones, falta de continuidad. Pero cada vez que estuvo sano, volvió a ser lo mismo de siempre: uno de los atacantes más determinantes del equipo azulgrana.

Ahora el escenario es otro. No hay margen para lamentos. Con el horizonte del Mundial de 2026, el extremo ya solo mira hacia la camiseta amarilla de Brasil y hacia un objetivo que lleva décadas pesando sobre la espalda de la selección: la ansiada sexta estrella.

Vinicius Jr., bandera de una generación… y Raphinha se incluye

Raphinha no esconde la ambición del vestuario. Confía en el talento que reúne Brasil y, sobre todo, en la capacidad de ciertos jugadores para decidir partidos cuando el mundo entero mira.

Entre ellos, un nombre sobresale: Vinicius Jr. El futbolista del Real Madrid se ha acostumbrado a los escenarios más grandes y a los momentos más pesados. Para Raphinha, ya está listo para marcar un Mundial.

“Vini es joven, pero por su experiencia y sus logros puede decidir un partido de Copa del Mundo y traer el sexto título”, asegura el atacante del Barcelona.

No lo dice como simple elogio; lo dice como alguien que se siente parte de ese núcleo duro. “Yo me incluyo en ese grupo”, añade, reivindicándose sin estridencias, pero con la convicción de quien sabe que, si está bien, puede cambiar un partido en una jugada.

El mensaje es claro: esta Brasil no solo vive de nombres. Vive de líderes.

Liderazgo, defensa y un torneo “corto y traicionero”

Raphinha insiste en un punto que, históricamente, ha marcado la diferencia para la selección brasileña: la mezcla entre experiencia y juventud. Los veteranos, recuerda, no están solo para jugar; están para sostener al resto cuando la presión aprieta y cada error puede costar un vuelo de vuelta a casa.

“Llegamos muy bien preparados. Tenemos que trabajar mucho nuestra defensa. Si defendemos bien, nuestras posibilidades de ganar son muy altas”, subraya.

No es una frase vacía. En un Mundial, donde el margen de maniobra es mínimo, cada desajuste se paga.

Él mismo lo define con crudeza: “Este torneo es corto y traicionero. Hay poco tiempo para organizarse. Intentamos adaptarnos y estar lo más preparados posible para no cometer errores”. No hay romanticismo. Hay realismo competitivo. Un mal día y todo se derrumba.

Un Raphinha inconformista y la confianza de Ancelotti

El extremo llega a la cita con la sensación de que todavía tiene una versión mejor guardada. Las lesiones le robaron ritmo en el Barcelona, pero no le quitaron peso en la selección. Sigue siendo uno de los recursos ofensivos más fiables de Brasil, un futbolista capaz de aparecer en noches grandes.

En ese contexto aparece una figura clave: Carlo Ancelotti. El seleccionador, con pasado reciente en el Real Madrid, ha sabido darle confianza a un jugador que no siempre ha tenido el camino despejado.

“Ancelotti está muy contento con lo que he estado aportando en los entrenamientos y en los partidos, pero sé que puedo hacer mucho más y todavía estoy buscando mi mejor forma”, reconoce Raphinha.

La autocrítica convive con la tranquilidad de saberse respaldado.

La relación entre ambos no nació ahora. Se fue construyendo en España, curiosamente desde la trinchera opuesta. “Aunque fuimos rivales (en España), teníamos una buena relación”, concluye el brasileño.

Ahora ya no hay Clásicos de por medio. Hay un Mundial en el horizonte, un vestuario lleno de talento y un país entero esperando que alguien, quizá Vinicius, quizá el propio Raphinha, firme el capítulo que devuelva a Brasil a la cima del fútbol.