Sergej Jakirovic: De la gloria al desafío en Hull City
El sol caía a plomo sobre Hull en aquel festivo de primavera cuando Sergej Jakirovic salió al balcón del City Hall y encendió a una ciudad entera. Ante 40.000 aficionados desatados, el técnico levantó el micrófono y lanzó la frase que ya forma parte de la historia del club: “Solo tenía una tarea antes de la temporada: mantenernos en Championship… Fracasé. ¡Nos vamos a la Premier League!”. El rugido que volvió desde la plaza fue el sonido de un cuento de hadas hecho realidad.
Apenas 48 horas antes, un gol tardío de Oli McBurnie había sellado el 1-0 ante Middlesbrough en la final del playoff y había empujado a Hull hacia una de las promociones más improbables de los últimos años. En 2024-25 el equipo se salvó del descenso a League One solo por la diferencia de goles. Un año después, el mismo bloque, retocado y remecido por Jakirovic, volaba hacia la élite. El bosnio, personaje magnético y narrador nato, encontró oro donde otros solo veían chatarra.
De la fiesta al vértigo
Tres meses después de aquellas celebraciones desatadas, el escenario ha cambiado por completo. La nueva versión de Hull, reconstruida a toda velocidad, vuelve a mirar al abismo. Esta vez, para no caer. Las casas de apuestas les dan por descendidos. Muchos analistas también. Entre ellos, dos exinternacionales ingleses de peso, Carlton Cole y Joe Cole, que esta semana se mofaron del recién ascendido en su pódcast.
“Hull está acabado, tío”, soltó Joe Cole. “Han gastado 70 millones de libras y me sorprendería muchísimo que se queden. Han entrado por la puerta de atrás, se han colado”.
El mensaje caló entre los aficionados, que respondieron con furia en redes. En el vestuario, en cambio, la reacción fue distinta.
Jakirovic, fiel a su estilo expansivo, apareció antes de la visita de Manchester United al MKM Stadium con una energía que contrastaba con los pronósticos sombríos. “Estoy a tope”, dijo el técnico de 49 años. “Claro que hay una brecha enorme entre Championship y Premier League. Nos enfrentamos a los mejores equipos, jugadores y entrenadores, y he visto todas las predicciones. Pero es una motivación enorme para demostrar que están equivocados porque no tenemos nada que perder”.
No se recrea en lo que ya pasó. Lo deja claro con una frialdad que choca con la épica reciente. “Lo que hicimos la temporada pasada fue un logro muy grande, pero esto es fútbol y lo de ayer ya no cuenta. Queremos mejorar y demostrar que podemos desarrollarnos para hacerlo aún mejor como equipo. Y, por supuesto, necesitamos otro milagro para sobrevivir. Si logramos mantenernos será un logro aún mayor que el ascenso. Necesitamos 40 puntos. Todo está muy claro”.
Orgullo herido y una ciudad que camina más erguida
Hull no es una ciudad acostumbrada a los titulares amables. La mala prensa se ha repetido durante años. En ese contexto, el equipo de Jakirovic se ha convertido en una especie de antídoto. El técnico ha conseguido que la gente camine un poco más erguida, que la camiseta ámbar y negra se lleve con una sonrisa distinta.
Por eso, los dardos de los Cole dolieron. Y el entrenador no los dejó pasar. “Fue estúpido e irrespetuoso hacia el club y los jugadores porque nos ganamos todo en el campo, nadie nos regaló nada”, respondió. “No es justo, sobre todo viniendo de exjugadores que saben lo duro que se trabaja para llegar a la Premier League. Si estuvieran en mi posición, lucharían. Es fácil decir que vamos a acabar vigésimos, pero ¿pueden apostar todo a eso? Que lo pongan todo o que lo pierdan, ya veremos. Pero no estamos aquí por accidente”.
El mensaje va más allá de la polémica puntual. Es la declaración de principios de un grupo que se sabe señalado y que, aun así, se prepara para una temporada a contracorriente.
Un proyecto agresivo y todavía incompleto
En la planta noble del club, el discurso va en la misma dirección. El carismático presidente Acun Ilicali, que ha asegurado que mantendrá a Jakirovic incluso si el equipo desciende, ha pisado el acelerador en el mercado. Once fichajes, récord de traspaso del club roto dos veces y varias de esas incorporaciones ya en la enfermería. El plan ha sido tildado de caótico por algunos. El club lo llama ambición.
Jakirovic, mientras tanto, pide paciencia. “Esperamos tres o cuatro jugadores más”, desveló. “Hemos fichado buenos jugadores con potencial, pero también soy consciente de que necesitan más tiempo para adaptarse y construir química con el equipo”.
El vínculo con Ilicali es una de las claves de esta etapa. “El señor presidente y yo hemos tenido una conexión muy buena desde nuestra primera reunión y lo hacemos todo juntos. En todas las decisiones, siempre hablamos e intentamos mejorar nuestro equipo en muchos aspectos”.
No hay promesas vacías. Hay un entrenador que sabe que su plantilla aún está en construcción y que el margen de error en la Premier League es mínimo.
La dureza de la vida, el peso de la guerra
La historia de Jakirovic explica parte de su calma en medio de la tormenta. Nacido en Mostar, en la antigua Yugoslavia, y criado en Metkovic, en Croacia, su infancia estuvo marcada por los bombardeos de aviones de combate y las carreras hacia los refugios durante las guerras de los Balcanes en los años 90. Esa experiencia extrema forjó una resistencia distinta, una forma de relativizar la presión.
Su carrera como jugador le llevó por ligas de Eslovaquia, Eslovenia y Bulgaria antes de lanzarse a los banquillos. Ocho clubes en nueve años hasta aterrizar en Hull el verano pasado. Un viaje largo y áspero para llegar a la mayor de las vitrinas.
Quizá por eso, cuando le preguntan por la presión de la Premier League, sonríe. “Siempre duermo como un bebé porque al final esto es solo deporte”, asegura. “Tengo que estar fresco el sábado; también necesito mostrar mi potencial y demostrar que puedo manejar este escenario. Y no tengo ninguna duda porque ya he demostrado que soy capaz de hacer grandes cosas”.
Ahora le espera Manchester United, el escaparate global, las cámaras, el juicio inmediato de una liga que no perdona. Hull llega señalado, subestimado, casi condenado por adelantado.
Justo el tipo de batalla que más le gusta a Sergej Jakirovic.





