West Ham: Nueva temporada en Championship y turbulencias en la gestión
West Ham afronta su primera temporada en Championship en 14 años con un aire nuevo sobre el césped… y un auténtico laberinto en los despachos. Mientras el equipo se rearma y la grada responde, la batalla por el control del club se enreda día a día.
Ilusión deportiva, ruido en los despachos
En lo puramente futbolístico, el verano ha traído señales claras. Nuno Espírito Santo ha comprometido su futuro con el club, lo mismo que el capitán Jarrod Bowen. Dos pilares para un proyecto que quiere reaccionar rápido al golpe del descenso.
A ese núcleo se han sumado nombres con peso: Manor Solomon y Joel Veltman llegan para aportar experiencia inmediata a una plantilla que no puede permitirse un año de transición. El mensaje es evidente: West Ham quiere subir a la primera.
No todo han sido entradas. Mateus Fernandes ha puesto rumbo a Tottenham y Crysencio Summerville se ha marchado al Al Hilal de la Saudi Pro League. Pese a esas salidas y al trauma de la pérdida de categoría, la respuesta de la afición ha sido contundente: 50.000 abonos de temporada vendidos. El club cae de la Premier League, pero la masa social no se mueve.
La sombra de Sullivan y un club en disputa
Mientras el equipo se prepara para debutar en liga en el campo del Burnley, el foco se desplaza inevitablemente al palco. Dos meses después de que David Sullivan dimitiera como copresidente, la propiedad del club sigue en el aire.
Sullivan dejó el cargo tras ser acusado por siete mujeres de comportamientos sexuales explotadores y depredadores, acusaciones que él niega categóricamente. Aun así, sigue siendo el mayor accionista, con un 38,8% del capital. Y no ha desaparecido del mapa: desoyó los consejos de los responsables del London Stadium y las peticiones de grupos de aficionados para que no acudiera al partido de EFL Cup ante Portsmouth. Estuvo allí. West Ham ganó 3-1, ante 53.369 espectadores, una cifra que destrozó el récord de asistencia en una primera ronda de la competición por más de 18.000 personas.
La relación entre Sullivan y una parte de la afición viene dañada desde hace años. Junto a su antiguo socio y copresidente David Gold, fallecido en 2023, y con Baroness Karren Brady como figura clave en la gestión, nunca se les perdonó el traslado de Upton Park al antiguo Estadio Olímpico en 2016. El cambio de casa aún escuece en ciertos sectores del hincha hammer.
Brady dejó su puesto de vicepresidenta el 21 de abril para centrarse en otros negocios. Otro movimiento en un tablero ya de por sí inestable.
Del acuerdo claro al rompecabezas
Tras la dimisión de Sullivan como copresidente y director, el 13 de junio llegó un intento de calma. Vanessa Gold y Daniel Kretinsky, los otros copresidentes, emitieron un comunicado conjunto.
“Estábamos profundamente preocupados por las revelaciones, y nuestros pensamientos están con esas mujeres que han luchado tanto para que se escuchen sus voces”, decía la nota. “Cualquier abuso de poder es aberrante, y se necesita un gran valor y determinación para alzar la voz contra ello. Nuestro foco está ahora firmemente en proteger el futuro de este club de fútbol”.
En ese mismo texto se explicaba un principio de acuerdo: Kretinsky, que posee el 27% y también es propietario de Royal Mail, pasaría a ser el mayor accionista del club con un 43%. Gold, con un 25,1%, reduciría su peso. Otros accionistas relevantes —Tripp Smith, Daniel Harris y Terry Brown— aparecían alineados con la operación.
Parecía sencillo. Parecía.
El trato nunca llegó a completarse.
La irrupción de Amanda Staveley
El 1 de agosto, Vanessa Gold, que ya había puesto a la venta sus acciones en octubre de 2023, confirmó que “el acuerdo original y otras alternativas no pudieron llevarse a buen término”. Acto seguido, anunció que había pactado la venta de toda su participación a un consorcio encabezado por Amanda Staveley, ex copropietaria del Newcastle United.
El golpe fue directo al corazón del plan de Kretinsky. El checo reaccionó con evidente disgusto y aseguró que estaba “considerando sus opciones”. Tres días después, llegó otro movimiento que complicó aún más el tablero: Jakub Havrlant, compatriota de Kretinsky, adquirió algo más del 2% de sus acciones.
Ahí se abrió otro frente. Esa venta también está sujeta al mismo acuerdo de derechos de tanteo (pre-emption rights) que afecta a las acciones de Gold. Y dentro del club ya se discute si esa operación podría interpretarse legalmente como un intento de sortear obligaciones contractuales.
Como si no bastara, han surgido versiones que apuntan a que el consorcio de Staveley también habría presentado una oferta por el paquete de Sullivan. Nada de eso se ha confirmado públicamente, pero el rumor añade otra capa de tensión.
Un club partido en dos… o en tres
Nadie —ni Sullivan, ni Gold, ni Kretinsky, ni Staveley— ha expuesto todavía una estrategia global clara ante la opinión pública. No hay hoja de ruta conocida, solo movimientos parciales y filtraciones. El resultado es un clima espeso, en el que hasta los aficionados más informados dudan de a quién apoyar.
“Tenía la sensación de que este verano era una oportunidad real para pasar página de un periodo bastante miserable, conseguir que todo el mundo remara en la misma dirección y lanzarnos de verdad a por la temporada”, explica un veterano aficionado con profundo conocimiento interno del club.
“En lugar de eso, tenemos otro culebrón de West Ham desarrollándose en el palco. Es como EastEnders”.
Mientras el equipo de Nuno Espírito Santo se juega el ascenso sobre el césped, el verdadero partido por el futuro de West Ham se está librando en la sala de juntas. Y ese, de momento, no tiene marcador claro.






