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Alemania y su ciclo de fracasos: del Mundial 2018 a la Eurocopa 2024

La selección alemana vuelve a estar frente al espejo. Y, otra vez, la imagen que devuelve es incómoda.

De Rusia a Foxborough: un ciclo que se repite

Desde el derrumbe en el Mundial 2018, Alemania vive atrapada en un bucle. Entonces, las derrotas ante México y Corea del Sur convirtieron a los campeones del mundo en la tercera selección consecutiva en caer en la fase de grupos defendiendo título. El golpe fue brutal. Joachim Löw, el hombre que había llevado a la Mannschaft a la cima en 2014, parecía haber llegado al final de su ciclo tras 12 años en el cargo.

No fue así. La federación decidió que el crédito acumulado merecía otra oportunidad. Löw siguió hasta la Eurocopa 2021, ya aplazada, con una Alemania que apenas mostró señales de recuperación tras el desastre de Rusia. El camino terminó en octavos ante Inglaterra. Y, esta vez sí, Löw dimitió.

Hansi Flick tomó entonces el relevo y empujó al país hacia el Mundial 2022 con una nueva ola de optimismo. El resultado fue un déjà vu: otra eliminación temprana, otra vez castigada por una derrota en el debut, esta vez frente a Japón, pese a haberse adelantado en el marcador. Se esperaba su despido inmediato. Aguantó hasta el otoño de 2023, cuando la acumulación de malos resultados abrió la puerta a Julian Nagelsmann.

Nagelsmann, de salvador a problema

La llegada del exentrenador de Bayern Munich y RB Leipzig generó una sensación de renovación. Sus decisiones de convocatoria, su discurso fresco, su apuesta por un fútbol dinámico: todo alimentaba la idea de que podía ser el técnico que devolviera a Alemania a la élite.

La Eurocopa 2024 en casa pareció confirmar esa impresión. Alemania volvió a competir en un gran torneo, alcanzó los cuartos de final y cayó ante la que acabaría siendo campeona, España. El país recuperó algo que llevaba años perdido: una cierta unidad entre jugadores, seleccionador y afición. Nagelsmann, envalentonado, se marcó el siguiente objetivo casi al instante: ganar el Mundial 2026.

En aquel momento, era el seleccionador más querido desde el mejor Löw. Hoy cuesta recordarlo.

En apenas dos años, Nagelsmann ha consumido su capital público a una velocidad asombrosa. Sus errores, tanto de corto como de largo plazo, desembocaron en el punto más bajo vivido en Foxborough el lunes. La sensación no es solo de fracaso deportivo. Es de gestión deficiente, de rumbo perdido.

Críticas públicas, promesas rotas y decisiones incomprensibles

Nagelsmann convirtió las ruedas de prensa en un escenario permanente. Cada pocas semanas, utilizó micrófonos y cámaras para lanzar críticas individuales detalladas hacia sus propios jugadores. No fueron simples apuntes tácticos: declaraciones largas, personalizadas, a menudo innecesarias.

Buscando foco, cruzó líneas. Hizo afirmaciones desafortunadas, otras directamente inexactas, y rompió promesas sobre los roles que determinados futbolistas iban a desempeñar en la selección. Cuando se enfrentó a preguntas incómodas, especialmente durante el Mundial, perdió la compostura y cayó en un tono condescendiente que irritó a muchos.

En el plano estrictamente deportivo, la gestión fue igual de discutible. Tras el exitoso regreso de Toni Kroos en la Eurocopa, Nagelsmann decidió rescatar para este Mundial a Manuel Neuer, de 40 años, después de haber negado en repetidas ocasiones que contemplara esa opción. El golpe para Oliver Baumann, impecable durante la fase de clasificación, fue duro. La forma de manejarlo, aún peor. Y, al final, la decisión se reveló innecesaria: Neuer no ofreció nada que Baumann no pudiera haber aportado.

También resultó desconcertante el constante vaivén posicional de Joshua Kimmich, obligado a alternar entre el lateral derecho y el mediocentro incluso dentro de un mismo partido, como se vio en la derrota ante Paraguay. Un capitán convertido en comodín, sin un rol claro.

Un Mundial pobre, sin excusas

La actuación ante Paraguay fue un fracaso total. Y, lo más preocupante, un fracaso anunciado. Alemania no ha mostrado progreso alguno desde la Eurocopa. Salvo un breve arreón en la segunda parte contra la modesta Curazao, el equipo se arrastró por el torneo.

Faltó creatividad en ataque. Sobró fragilidad atrás. Frente a rivales de nivel medio como Costa de Marfil, Ecuador y la propia Paraguay, la Mannschaft naufragó. Desde el punto de vista estrictamente deportivo, esta campaña resulta incluso más decepcionante que el Mundial 2022, donde al menos se rescató un empate ante España.

Los jugadores, en un gesto de grupo, asumieron la culpa tras la eliminación y exoneraron explícitamente a Nagelsmann. El gesto les honra, pero no borra lo esencial: es el seleccionador quien debe ofrecer un plan de juego funcional. Con una plantilla llena de talento individual, Nagelsmann no lo consiguió.

Sus decisiones durante los partidos tampoco ayudaron. Los cambios ante Ecuador dejaron muchas dudas. Y la apuesta por alinear de inicio a un jugador pensado como revulsivo, como Undav, frente a Paraguay terminó por acentuar la sensación de improvisación.

Klopp, el analista que todos miran

Mientras Nagelsmann se hundía, cada detalle de sus errores se analizaba en televisión por la figura que muchos ven como su sucesor ideal: Jürgen Klopp.

El técnico, ahora responsable del área de fútbol de Red Bull, desmenuzó el desastre alemán en Magenta TV. “Hay que atacar por las bandas. No hay alternativa”, sentenció tras la eliminación. Recordó la calidad de Florian Wirtz y Jamal Musiala, pero subrayó que, en este torneo, no la llevaron al césped. Y puso el foco en el contexto emocional del partido ante Paraguay: una selección sudamericana con la oportunidad de hacer historia frente a una Alemania atenazada por la obligación.

“Todo el estadio pensaba: ahora lo van a remontar. Pero no lo hicimos. Les dejamos escapar… Podemos hablar de la DFB. Tenemos que cambiar algunas cosas”, remató.

Muchos aficionados ya han hecho su propia lectura: el cambio que reclaman pasa por ver a Klopp abandonar su puesto actual y asumir el banquillo de la selección, con la mirada puesta en la Eurocopa 2028 y el Mundial 2030. El antiguo técnico de Liverpool y Borussia Dortmund generaría una ola de euforia masiva en el fútbol alemán.

En Boston, sin embargo, Klopp pisó el freno. Reconoció que entiende que su nombre aparezca cada vez que se discute el cargo de seleccionador, pero insistió en que no era el momento de hablar de ello. Recordó que tiene un trabajo que disfruta y que, hasta donde sabe, no es un puesto a tiempo parcial.

La decisión que la DFB ya no puede aplazar

Entre tanto, la DFB se enfrenta al mismo dilema de siempre, pero con una diferencia clave: ya no tiene margen para repetir errores. Tras 2018, mantuvo a Löw demasiado tiempo. Tras 2022, aguantó a Flick más de la cuenta. No puede equivocarse por tercera vez esperando a que un proyecto claramente fallido se arregle solo.

Aunque el vestuario y el director deportivo Rudi Völler respalden públicamente a Nagelsmann, la federación necesita cortar por lo sano. Y hacerlo ya. No solo por lo que ha pasado, sino por lo que puede venir.

Porque Klopp, o cualquier otro técnico de primer nivel, no va a esperar eternamente a que Alemania decida qué quiere ser.