futbolalinstante full logo

El ascenso de Myles Lewis-Skelly en el Arsenal

El camino de Myles Lewis-Skelly hacia el primer equipo del Arsenal nunca ha sido una autopista despejada. Más bien una carretera secundaria, con baches, desvíos y alguna recta deslumbrante que ha obligado a todos a mirarle de nuevo.

Tiene 19 años y ya se ha acostumbrado a vivir a contracorriente. Su irrupción en la temporada 2024-25 fue tan súbita como necesaria: la enfermería del Arsenal llena, la plantilla al límite y un chico de Hale End ocupando un puesto que, en teoría, ni siquiera era el suyo. De la nada, uno de los mejores laterales jóvenes de la Premier League.

Ese impacto le catapultó a la selección de Inglaterra. En marzo de 2025, en Wembley, se convirtió en el jugador más joven en marcar en su debut con los Three Lions, abriendo el marcador en un 2-0 contra Albania. Unos meses después, el club le blindó con un contrato de cinco años. Señal inequívoca de que en el Emirates veían algo especial.

Un lateral que nunca fue lateral

Lo más llamativo de su irrupción fue precisamente eso: lo hizo desde el lateral izquierdo, una posición que no es la suya. Lewis-Skelly creció en Hale End como centrocampista y nunca ha escondido que ahí se siente realmente futbolista. El lateral le dio el escaparate, pero su cabeza siempre miró al centro del campo.

Aun así, sus virtudes se veían a simple vista incluso partiendo desde la línea defensiva. Se metía por dentro con naturalidad, pisaba zonas interiores como si llevara años haciéndolo, protegía el balón en espacios reducidos y rompía líneas con arrancadas que dejaban rivales atrás. Para muchos técnicos de la Premier, ese tipo de perfil es oro puro.

Pero el fútbol no suele regalar segundas temporadas fáciles. Tras un final de curso brillante, la siguiente campaña le puso a prueba de verdad.

Riccardo Calafiori, fichado por 42 millones de libras en 2024, recuperó la forma. El italiano, con su mezcla de versatilidad y descaro ofensivo, se volvió pieza clave en el engranaje de Mikel Arteta. A eso se sumó la llegada de Piero Hincapié desde Bayer Leverkusen, primero cedido con opción de compra, después ya en propiedad. Dos defensas más hechos, con más minutos a la espalda, ocupando zonas que Lewis-Skelly podía habitar.

El resultado fue claro: menos minutos, más espera. Arteta reconoció públicamente que había sido “duro” con él. No es una frase gratuita viniendo del técnico vasco.

La puerta que se abrió en Fulham

El giro llegó donde él siempre había querido: en el centro del campo. Con Martin Zubimendi perdiendo peso en el tramo final de la temporada, Arteta decidió mirar hacia dentro. Cuatro jornadas para el final de la Premier League, partido ante el Fulham y una oportunidad en su posición natural.

Lewis-Skelly no la desaprovechó. Su actuación fue tan convincente que, desde ese día, solo se quedó fuera del once en uno de los encuentros del esprint final. Con él en el corazón del equipo, el Arsenal levantó el título de la Premier League y alcanzó la final de la Champions League, donde cayó ante Paris St-Germain.

Ese cierre de temporada no solo cambió la percepción futbolística. También tocó el tablero financiero del club.

En la era actual, el fútbol se decide tanto en el césped como en las hojas de cálculo. Un canterano como Lewis-Skelly es “beneficio puro” en el balance si se vende. Ningún coste de traspaso, solo ingresos. Un concepto frío que irrita a la grada cuando se habla de uno de los suyos, de un chico que ha crecido con el escudo del Arsenal en el pecho.

El propio jugador demostró que no vive ajeno a ese debate. En la celebración del título de Premier en Selhurst Park, subió una foto con el trofeo y la leyenda “pure profit”. Un guiño ácido a la terminología económica que sobrevuela su futuro.

Entre el negocio y el proyecto deportivo

El Arsenal quiere ser un club sostenible, un actor serio en un mercado que cada vez empuja más al intercambio constante. Y lo necesita: el verano pasado invirtió alrededor de 250 millones de libras en fichajes. Aunque hay margen financiero, la lógica interna apunta a que hay que vender para seguir reforzando.

Durante un tiempo, en los despachos se contempló escuchar ofertas por Lewis-Skelly. El razonamiento era sencillo: valor de mercado alto, coste cero de formación, posible venta estratégica. Pero su irrupción final como mediocentro ha cambiado el tono de la conversación. Su estatus ya no parece tan negociable.

Al mismo tiempo, el club se mueve para cerrar la llegada del capitán del Newcastle, Bruno Guimarães, en una operación que podría alcanzar los 80 millones de libras. Un fichaje de ese calibre levanta una pared evidente en el camino hacia la titularidad en el centro del campo.

Aun así, el talento, la versatilidad y la historia de Lewis-Skelly con el Arsenal le mantienen dentro de la rotación de Arteta casi por derecho adquirido. Y esta temporada, el calendario y el contexto pueden regalarle una ventana única.

Ventaja física, momento mental

El Mundial, con su final tardía, ha dejado a buena parte del núcleo duro del Arsenal con las piernas más cargadas y menos ritmo competitivo. Martin Odegaard, Declan Rice, Eberechi Eze, el propio Zubimendi y Mikel Merino —campeón del mundo con España— todavía no se han integrado plenamente en la dinámica del equipo.

Lewis-Skelly, en cambio, lleva semanas sumando minutos. Ha sido titular en los amistosos de pretemporada ante Girona y Real Betis y ha dejado claro que no piensa regalar ni un entrenamiento.

Ante el Betis, actuó como mediocentro más retrasado, en la base del juego. Se le vio cómodo, mandando, ofreciéndose en la salida, asumiendo la responsabilidad de ser el primer pase limpio. Cuando el equipo necesitó avanzar metros, él condujo hacia delante, rompiendo líneas con el balón pegado al pie.

También se entendió bien con Calafiori. Cuando el italiano se lanzaba al ataque por la izquierda, Lewis-Skelly cerraba como lateral, equilibrando la estructura sin perder presencia en la circulación. Esa complicidad no pasó desapercibida. “Llevamos días hablando de la conexión que tenemos; ni siquiera hace falta hablar”, dijo Calafiori sobre él. “Me encanta jugar con él, es un jugador realmente bueno”.

Son palabras que pesan dentro de un vestuario que se prepara para el primer gran examen del curso.

Un escaparate llamado Community Shield

En nueve días, el Arsenal se medirá al Manchester City en la Community Shield. Un título menor en el palmarés, enorme como termómetro competitivo. Y ahí, salvo giro inesperado, Lewis-Skelly tendrá la oportunidad de presentarse como lo que siempre dijo que era: mediocentro del Arsenal.

No será un premio a modo de caricia. Será una prueba. Un escenario ideal para responder a la pregunta que sobrevuela el Emirates desde hace meses: ¿había que haberle dado las llaves del centro del campo antes?

El césped, una vez más, tendrá la última palabra. Y Lewis-Skelly parece decidido a hablar muy claro.

El ascenso de Myles Lewis-Skelly en el Arsenal