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Athlone Town alcanza la final de la FAI Cup: quinta consecutiva

Athlone Town ya juega en otra dimensión. Las vigentes campeonas firmaron su quinta clasificación consecutiva para la final de la FAI Cup tras sobrevivir a un duelo durísimo ante un Galway United valiente, que solo cayó en la tanda de penaltis. El premio: otro cara a cara con Shelbourne, el cuarto en esta racha de finales.

Gol tempranero y respuesta de carácter

El partido arrancó con Athlone como si no existiera el cansancio de una semana de tres encuentros. A los nueve minutos, el plan salió perfecto. Madie Gibson, de vuelta tras lesión, mordió en la presión en el centro del campo, robó y lanzó una contra de tres contra una. Soltó a Izzy Ryan por la derecha, que tenía a Alexis Strickland libre en el corazón del área. El centro se le fue largo y Amanda McQuillan se hizo con el balón. Aviso… pero no perdón.

Poco después, el desorden castigó a Galway. Un corte de Niamh Farrelly en la medular terminó retrocediendo hacia su propia portería. Strickland leyó la jugada antes que nadie, se metió entre la salida de McQuillan y la carrera desesperada de Jade Rehberger, provocó el choque entre ambas y cazó el balón suelto. Definición limpia. 1-0 y el estadio en pie.

Galway, pese a las ausencias de su máxima goleadora Emma Doherty y de Remini Tillotson por sanción, no viajó a rendirse. Solo han perdido un partido de liga en toda la temporada y se notó. Respondieron con personalidad y casi empatan con una obra de arte: volea de Abbie Callanan desde fuera del área, al palo exterior, con Maria Matthaiou clavada, solo siguiendo la trayectoria con la mirada.

El encuentro se convirtió en una batalla física y mental. Nadie regalaba un metro. Galway movía más la pelota, pero Matthaiou vivía relativamente tranquila. En el otro área, la velocidad y agresividad de Strickland seguían siendo un problema constante.

Galway aprieta, Athlone perdona

El descanso no rebajó la intensidad. Con nada que perder, Galway salió con colmillo tras el paso por vestuarios. Encadenó buenas situaciones cerca del área y probó desde media distancia, marcando territorio.

Pero el golpe casi lo da de nuevo Athlone. Una combinación precisa por la izquierda terminó en un centro perfecto de Gibson, directo a la cabeza de Strickland. El remate era de manual, pero el larguero se interpuso y escupió el 2-0.

Galway necesitaba algo especial para igualar. Y lo encontró desde el banquillo. Cara Griffin, recién entrada, recibió en el costado derecho del área, amagó el disparo y, con calma de veterana, colocó un disparo precioso al ángulo lejano. Golazo a poco más de un cuarto de hora del final. 1-1 y todo en el aire.

Con las piernas pesadas tras una semana exigente, Athlone intentó evitar la prórroga a la desesperada. Ryan y Hannah Waesch dispusieron de dos ocasiones clarísimas en los últimos minutos, pero McQuillan sostuvo a Galway con dos intervenciones de mucho nivel.

Prórroga sin respiro y heroína en los once metros

La prórroga mantuvo el mismo ritmo feroz. Choques, carreras, duelos individuales. Mucha voluntad, menos lucidez. Ninguno de los dos equipos logró imponerse y el billete a la final se fue a la ruleta de los penaltis.

Galway abrió la tanda. Los primeros cuatro lanzamientos de cada lado entraron sin fallo. Tensión pura. Entonces, Isabella Beletic levantó su disparo y lo mandó por encima del larguero. Primer resquicio.

Roisin Molloy aprovechó el momento y puso el 3-2 para Athlone, cargando de presión a las visitantes. Ambas marcaron sus siguientes penaltis y la responsabilidad cayó sobre Farrelly. Necesitaba anotar para mantener vivo a Galway. Apareció Matthaiou. Adivinó, voló y detuvo el lanzamiento. Partido terminado. Athlone, otra vez finalista.

Sin goleadora… pero con oficio de campeonas

El mérito de Athlone se agiganta al recordar quiénes faltaban. Sin la máxima artillera del equipo, Emma Doherty, autora de 14 tantos en todas las competiciones, y sin Remini Tillotson, el conjunto de Lily Agg no perdió ni un gramo de convicción. Venían de eliminar a un Peamount United joven y eléctrico entre semana y aun así no mostraron rastro de fatiga ante un Galway que llegaba más fresco.

Con Gibson regresando al once, Ryan castigando al espacio, Strickland incansable al frente y una Matthaiou decisiva en el momento clave, las campeonas volvieron a demostrar que saben sufrir tanto como jugar.

Ahora les espera Shelbourne. Otra final. Otro capítulo de una rivalidad que ya marca una era. ¿Quién se atreve a apostar contra un Athlone Town que parece haberse acostumbrado a vivir en el partido más grande del año?