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Cristiano Ronaldo y su último Mundial: Reflexiones de un ícono

Cristiano Ronaldo no esquivó nada. Ni la edad, ni las críticas, ni el debate que lleva semanas ardiendo en Portugal. Se sentó ante los micrófonos, miró al frente y soltó la frase que atravesó la sala de prensa como un latigazo: “No soy el jugador que solía ser”.

A 41 años, a siete meses de cumplir 42, el capitán afronta lo que él mismo confirma como su último Mundial. El lunes, ante España en Texas (20:00 BST), puede vivir su última noche en este escenario. O una más en una carrera que lleva dos décadas y media desafiando el tiempo.

“Llevan 23 años intentando matarme”

Su respuesta, cuando le preguntaron por su futuro y por las críticas, fue puro Cristiano: desafiante, directo, casi divertido.

“No me va tan mal”, dijo. “Llevan 23 años intentando matarme, pero ya habrán visto que no vale la pena, es una pérdida de tiempo, pero intentan e intentan e intentan e intentan e intentan”.

No levantó la voz. No la necesitó.

“Como dije antes, pararé cuando yo elija, no cuando ustedes elijan. Siempre hacen la misma pregunta. Este será mi último Mundial, pero esperemos que mañana no sea mi último partido”.

La escena terminó con aplausos en la sala. No es habitual en una rueda de prensa de un Mundial. Con Cristiano casi nada lo es.

El final de un ciclo irrepetible

El hombre que cambió para siempre la dimensión de Portugal se acerca al cierre de su etapa como capitán, líder y símbolo de los campeones de Europa de 2016. El máximo goleador de la historia del fútbol de selecciones, con 146 tantos, ha moldeado la mentalidad del país como ningún otro jugador antes.

Seis Mundiales, goles en todos ellos. Un hilo que empieza en un penalti ante Irán en 2006 y sigue con tantos a Corea del Norte en 2010, Ghana en 2014, el hat-trick a España en Sochi en 2018 y el gol decisivo a Marruecos cinco días después en Moscú. En Qatar 2022, otro penalti ante Ghana. En este torneo en Estados Unidos y Canadá, tres goles más: dos ante Uzbekistán en Houston el 23 de junio y el penalti que rescató a Portugal frente a Croacia en Toronto.

Pero el contexto ya no es el mismo. Nunca lo había sido así.

De héroe eterno a debate permanente

Durante sus cinco Mundiales anteriores, Cristiano llegó con un estatus intocable. Esta vez, las voces que piden que dé un paso atrás y acepte un rol menor han ganado volumen.

“Él no juega para ganar, juega para ser la figura principal”, argumentó Antonio Simoes, integrante de la selección portuguesa que fue tercera en Inglaterra 1966. “¿Entienden que es lo contrario de Eusebio? Llamemos a las cosas por su nombre. No tengo nada contra él. Sigo viendo, sigo oyendo y sigo pensando. Pero no puedo huir de la realidad de los hechos”.

Los hechos, en este Mundial, son tozudos. Cristiano es el máximo goleador de Portugal con tres tantos, pero sus números en el juego no acompañan. Ha rematado 15 veces, casi el doble que cualquier compañero, y sin embargo no ha creado ni una sola ocasión. Es el futbolista con más disparos entre los que todavía no han generado una oportunidad en todo el torneo.

En tres de los cuatro partidos de Portugal, ha tocado el balón menos de 25 veces —uno de ellos saliendo desde el banquillo—. Son sus cifras más bajas de contactos en cualquier encuentro mundialista de su carrera. También registra su media más baja de toques por partido en una Copa del Mundo.

Ante Croacia, en una victoria dramática, su único toque en el área rival fue el del penalti que empató el choque.

En el apartado físico, la fotografía tampoco favorece. Promedia 4,4 desmarques al espacio por partido, muy por debajo de lo que ofrecía en los dos Mundiales anteriores jugando en una posición similar, como único punta.

Croacia, el susto y la decisión de Martínez

El duelo de Toronto pudo ser el final. Cuando Ivan Perisic adelantó a Croacia en el minuto 53, el marcador mostraba algo más que un 0-1: la sombra de que aquella, la aparición número 232 de Cristiano con su selección, fuese la última.

El capitán aguantó la mirada. Transformó el penalti del empate, su primer gol en unas eliminatorias mundialistas, y mantuvo viva a Portugal. Y justo entonces, Roberto Martínez tomó la decisión más incómoda de la noche: retirar al icono.

Cristiano se marchó con gesto serio, sin disimular el enfado. Desde el banquillo, vio cómo Gonçalo Ramos, el delantero señalado como su heredero natural, firmaba el tanto que metía a Portugal en octavos en un final caótico.

La jugada le salió perfecta al seleccionador. Pero abrió una grieta nueva: ¿debe seguir Cristiano como titular ante España o ha llegado la hora de premiar a Ramos con un puesto en el once?

Martínez, preguntado por qué sigue apostando por el veterano, fue claro: “Su liderazgo y ese trabajo en el último tercio siguen siendo de los mejores del mundo”.

Desde que asumió el cargo en 2023, tras su etapa al frente de Bélgica, Martínez ha contado con Cristiano en 36 de los 44 partidos de Portugal. La mayoría de sus ausencias se explican por lesiones o sanciones.

Y, sin embargo, los resultados sin él alimentan el debate. El 9-0 a Luxemburgo en Faro, en septiembre de 2023, llegó sin su participación. También el 9-1 a Armenia en Oporto, en noviembre. Cada goleada sin el capitán reaviva la misma discusión: ¿juega mejor Portugal sin Cristiano?

Un país que no quiere soltar a su ídolo

La respuesta de buena parte de la grada es rotunda. “Siento que él debería decidir si quiere seguir o no”, decía Angelo, aficionado portugués, antes del choque con Croacia. “Por lo que ha hecho por Portugal como nación, él debería dictar eso al 100%”.

El argumento se repite con matices distintos en cada conversación. Hay quien habla de gratitud, quien apela a la memoria, quien se aferra a la emoción. La mayoría coincide en algo: el hombre que les hizo soñar se ha ganado el derecho a elegir cómo y cuándo bajarse del escenario.

En paralelo, la devoción popular desmiente cualquier teoría sobre el fin de la “Ronaldo-manía”. Veintitrés años después de su debut con la absoluta, el fenómeno sigue intacto.

En Toronto, era más fácil encontrar una camiseta de Portugal con su nombre que sin él. Antes del partido contra Croacia, el entusiasmo desbordó los márgenes habituales: aficionados cortaron durante unos instantes una de las autopistas principales de la ciudad canadiense solo para intentar verle pasar.

Hasta quien no sigue el fútbol sabe que está en la ciudad. “La televisión y la radio locales llevan días hablando de él sin parar. Debe de ser especial”, reconocía el taxista que llevaba a un periodista desde el aeropuerto al hotel.

Una aficionada local confesó haber gastado el sueldo de un mes entero para comprar una entrada. Solo quería ver, con sus propios ojos, a uno de los grandes de la historia en un Mundial.

“En el escenario mundial no teníamos a nadie después de Eusebio”, explicaba João, otro seguidor luso. “Ronaldo llegó y nos hizo soñar”.

Lucilia iba más lejos: “La gente habla de Portugal por él. No se olvida de dónde viene, se acuerda de la gente. Le quiero. Ronaldo significa más para Portugal que cualquier político”.

Diana, otra aficionada, ya se prepara para el golpe emocional del adiós definitivo. “Claro que voy a estar triste. El mundo entero va a estar triste, porque no importa a quién apoyes. Ronaldo ha tenido una carrera maravillosa y ha sido un jugador ejemplar. Yo le diría: ‘Bien hecho, Cristiano. Disfruta de tu retiro. Te lo mereces después de entretener al mundo’”.

“Me iré con la conciencia 1.000% tranquila”

Cristiano escucha todo eso. Y responde a su manera. “No voy a ser más Cristiano Ronaldo o menos porque gane el Mundial”, lanzó. “Incluso doy las gracias por los ataques que siento desde que cumplí 40… la crítica es cómo creces, así que gracias por hacer esto”.

Y remató con una frase que suena a epílogo, pero también a declaración de principios: “Pase lo que pase mañana, Cristiano Ronaldo se irá con la conciencia tranquila —no al 100%, sino al 1.000%— porque en la vida y en el fútbol lo di todo”.

El lunes, en Texas, la pelota volverá a rodar. Martínez tendrá que elegir entre la memoria y el porvenir, entre el mito y la inercia del equipo. España enfrente, un país entero detrás, y un hombre en el centro de todo.

¿Será esta la última vez que el mundo vea a Cristiano Ronaldo en un Mundial? La respuesta, como casi siempre en su carrera, llegará con el balón en juego.