Derek McInnes y su posible llegada a Rangers: un nuevo capítulo en el fútbol escocés
Mientras Escocia vive pendiente del Mundial, otra historia agita de fondo el fútbol del país: el posible aterrizaje de Derek McInnes en Rangers. Un movimiento que, si se concreta, añadiría otro capítulo mayúsculo a un año escocés plagado de giros inesperados.
Hace apenas un mes, McInnes tuvo a Hearts a minutos de conquistar su primer título de liga en 66 años. Ahora, podría dejar el banquillo de Tynecastle para hacerse cargo del equipo al que superó en la tabla la temporada pasada. El fútbol no espera a nadie.
El hueco que deja Danny Rohl
La salida de Danny Rohl rumbo a RB Salzburg abre la puerta de Ibrox de par en par. Y en Glasgow muchos miran en una sola dirección. McInnes conoce la casa: vistió la camiseta de Rangers entre 1995 y 2000. Sabe lo que significa ese escudo, sabe lo que exige ese estadio.
Su antiguo asistente, Tony Docherty, no duda. Para él, el encaje es casi natural. “Es una oportunidad brillante, si se presenta”, explicó en el Scottish Football Podcast. Y fue más allá: si todo sigue el rumbo que parece, lo ve como “el encaje perfecto” para Rangers.
Docherty habla con propiedad. Compartió banquillo con McInnes durante más de una década en St Johnstone y Aberdeen. Ha visto de cerca su manera de competir, su obsesión por exprimir hasta la última gota del plantel. Y cree que eso es exactamente lo que le ha faltado a Ibrox.
El talón de Aquiles de Rangers: la cabeza
La pasada temporada lo dejó al desnudo. Cuando llegó el “split” de la Premiership, Rangers marchaba segundo, un punto por detrás de Hearts y por delante de Celtic. Rohl habló entonces de “cinco finales de copa” para cerrar el curso.
Perdió cuatro.
De aspirar al título a acabar un tercero lejano. Otra vez, las mismas preguntas sobre la mentalidad del equipo. Otra vez, la sensación de derrumbe en el momento decisivo.
Ahí es donde Docherty ve el valor diferencial de McInnes. “Derek es una persona tremendamente competitiva”, recordó. “Se vio el año pasado, cuando muchos pensaban que su equipo se iba a desinflar. Solo por él y por el trabajo de reclutamiento se mantuvieron competitivos hasta el final”.
Para el que fuera técnico de Dundee, ese filo competitivo es lo que puede devolver a Rangers a la pelea con Celtic hasta la última jornada, no solo en el discurso, sino en el marcador.
Un especialista en desafiar gigantes
El currículum de McInnes no está repleto de trofeos, pero sí de contextos adversos. Como entrenador solo ha levantado la League Cup con Aberdeen en 2014 y el título de Championship con Kilmarnock. Sin embargo, su sello es otro: sacar más de lo que parece haber en la plantilla.
En Pittodrie chocó una y otra vez con el Celtic de Brendan Rodgers, perdiendo ligas y finales de copa ante un bloque mucho más poderoso. Aun así, convirtió a Aberdeen en el perseguidor más constante del gigante de Glasgow.
En Kilmarnock firmó victorias ante los Old Firm y llevó al club a Europa en su segunda temporada. En Hearts, acaba de lograr la mejor puntuación liguera de la historia del club, cayendo en los últimos minutos del curso frente al Celtic de Martin O’Neill.
Rory Loy, exdelantero de Rangers y Dundee, ve en el intercambio Rohl–McInnes un escenario casi ideal para Ibrox. Lo dijo sin rodeos en el Scottish Football Podcast: hace apenas tres o cuatro semanas, parte de la afición ya quería la marcha de Rohl tras el desplome post-split. Ahora, el club no solo obtendría dinero por su salida, sino que podría reinvertirlo en McInnes. Difícil imaginar un desenlace más favorable para la directiva.
Para Loy, la clave está en algo que en Rangers se cuestiona desde hace una década: “lo que hay entre las orejas”, la mentalidad. Y eso, insiste, es lo que McInnes aporta por encima de todo.
El desafío se llama Martin O’Neill
El contexto no podría ser más exigente. Martin O’Neill llega a Celtic reforzado por un doblete de liga y Scottish Cup. Ha devuelto al club a una dinámica de dominio, coronada por una racha de siete victorias consecutivas para arrebatarle el título a Hearts en la última recta del campeonato.
Loy lo define con claridad: O’Neill es un “peso pesado” en este tipo de escenarios, un técnico con un historial probado en carreras de fondo. Por eso, incluso defendiendo a McInnes, introduce un matiz: si el entrenador de Hearts hubiese llegado a Rangers antes del split, cree que el equipo no se habría hundido. No garantiza el título, pero sí una pelea hasta el último día.
Con O’Neill al frente de Celtic y McInnes, si se confirma, al mando de Rangers, Loy ve “todos los ingredientes” para una liga decidida al límite, con aroma a última jornada, a nervios y cuentas cruzadas.
Una carrera de largo aliento
Tony Docherty coincide. Si el movimiento se consuma y ambos técnicos se sientan en los banquillos de Glasgow, el título escocés promete una intensidad especial. No lo vende como un duelo pasajero, sino como el choque de dos proyectos con peso.
“La gran fortaleza de Derek es su longevidad”, recordó. Dieciocho años como entrenador, quince de ellos con Docherty como mano derecha. Casi dos décadas sobreviviendo y compitiendo en un fútbol que devora carreras en cuestión de meses.
Rangers busca precisamente eso: alguien que no se asuste cuando la presión apriete, que conozca el club desde dentro y que haya demostrado que puede sostener una pelea contra rivales mejor armados. McInnes encaja en ese perfil.
Ahora la pelota está en el despacho. Si Ibrox decide dar el paso, la próxima Premiership puede convertirse en algo más que otra lucha por un título: puede ser el inicio de un pulso largo entre Martin O’Neill y Derek McInnes, con todo un país mirando de reojo al marcador cada fin de semana.






