El desafío de entrenar con Mario Balotelli en Liverpool
Rickie Lambert regresó a su club de la infancia en el verano de 2014 con una idea fija: demostrar que merecía vestir la camiseta de Liverpool. En el mismo mercado, Brendan Rodgers decidió apostar por Mario Balotelli para intentar llenar el vacío gigantesco que había dejado Luis Suárez con su marcha a Barcelona. Dos delanteros, dos historias, dos mundos.
La convivencia en el día a día dejó claro muy pronto que aquello no iba a ser sencillo.
Lambert, ya veterano, volvía a Anfield con la seriedad de quien sabe que quizá es su última gran oportunidad. Balotelli, ocho años más joven, arrastraba desde Manchester City e Inter Milan una fama de talento descomunal y comportamiento imprevisible. Esa mezcla explotó en el lugar más sensible para cualquier entrenador: el campo de entrenamiento.
En el podcast Straight From the Off, en 2021, Lambert recordó cómo era compartir sesiones con el italiano. “Era un buen chico, infantil pero contagioso”, explicó. Pero en cuanto cruzaba la línea blanca, todo cambiaba. “En el entrenamiento se convertía en una persona diferente. Nunca había visto nada igual”.
Al principio, cuando se trataba de partidos, Balotelli se implicaba. El problema llegaba entre semana. Lambert detectó rápido que el delantero no se vaciaba en Melwood. Lo veía contestar a Rodgers, discutir, desconectar. Y a él se le encendía la sangre. No solo porque Mario jugara por delante suyo, algo que en un inicio aceptaba con naturalidad, sino porque sentía que el esfuerzo no tenía la misma vara de medir.
“Mi cabeza se fue con él en los entrenamientos”, admitió Lambert. La situación llegó a tal punto que tuvo que entrar en el despacho del técnico: “Tuve que ir y decirle a Brendan: ‘No me pongas más en su equipo’”. Según el propio exdelantero, Steven Gerrard habría pedido exactamente lo mismo.
Ese desgaste tenía episodios tan llamativos como el que recogió The Standard en agosto de 2015, poco antes de que Balotelli se marchara cedido a AC Milan. En una sesión, en un partidillo de 10 contra 10, el italiano formaba en el equipo teóricamente más débil, un bloque lleno de suplentes a la espera de un duelo de Premier League ante Arsenal. La frustración fue creciendo… hasta que decidió reventar el balón desde el centro del campo.
Golazo. Pero en su propia portería.
El disparo, descrito como “asombroso”, superó al guardameta de reserva Brad Jones y dejó boquiabiertos a compañeros y miembros del cuerpo técnico. No fue un simple gesto técnico; fue una declaración de hastío. Un acto de desafío envuelto en talento.
Ese tipo de reacciones terminó por definir su paso por Anfield. Balotelli, que hoy juega en Al-Ittifaq en Emiratos Árabes Unidos, solo firmó cuatro goles en 28 partidos con Liverpool antes de ser enviado de nuevo a Italia, esta vez a Nice en 2016. Entre tanto, su incapacidad —o negativa— para controlar ciertas emociones le fue cerrando puertas.
Lambert, mientras tanto, intentaba sobrevivir a su propio reto: rendir en el club de su vida bajo una presión brutal y con un compañero de ataque que convertía cada entrenamiento en una montaña rusa. Para un futbolista que había peleado desde abajo, ver a otro desperdiciar oportunidades y minutos resultaba insoportable.
Al final, la historia de ambos en Liverpool se cruzó en un mismo punto: la sensación de ocasión perdida. Uno por no dar la talla deportiva, el otro por no querer hacerlo cada día. Y en un club como Liverpool, eso siempre acaba pasando factura.






