Egipto hace historia en el Mundial: Primera victoria en fase eliminatoria
ARLINGTON, Texas — Mohamed Salah no sabe todavía cuántos Mundiales más le quedan en las piernas. Pero ya tiene algo que nadie le podrá quitar: fue el capitán de la primera victoria de Egipto en una fase eliminatoria de Copa del Mundo.
En un estadio repleto, con 70.244 personas en la casa de Dallas Cowboys teñida de rojo egipcio, el defensa Hossam Abdelmaguid firmó el penal decisivo en la tanda y desató una celebración histórica. Egipto derrotó a Australia 4-2 en los penales tras un 1-1 sufrido y se metió en los octavos de final de este Mundial de 48 selecciones.
Salah, capitán de un día histórico
Salah, 34 años, jugó los 120 minutos pese a la lesión de isquiotibiales que arrastraba desde el cierre de la fase de grupos. No se guardó nada. Marcó su penal en la tanda, lideró, protestó, alentó. Y al final, se quebró un poco.
“Me siento increíble”, confesó el ex jugador de Liverpool, que está a un gol de igualar el récord egipcio de Hossam Hassan con 69 tantos internacionales. “Siempre me gusta ver a los chicos felices y disfrutando el momento. Nada puede igualar eso. Hoy fue uno de los mejores días de mi vida”.
No exageraba. Hasta hace menos de dos semanas, Egipto no sabía lo que era ganar un partido de Mundial. Su primera victoria llegó ante Nueva Zelanda, 3-1 en la fase de grupos. Hoy dio un salto mucho más grande: su primer triunfo en una ronda de eliminación directa.
Un cabezazo, un susto y un lugar en la historia
El partido pareció encaminarse pronto. A los 13 minutos, Emam Ashour se adelantó a todos en el área y conectó de cabeza al primer palo para vencer a Patrick Beach. Gol de manual, de los que alivian nervios y desatan confianza.
Egipto olió sangre. Nada más arrancar el segundo tiempo, Omar Marmoush tuvo el 2-0 en sus botas. Solo, perfilado, tiempo para elegir. La mandó fuera. El lamento fue un aviso de lo que venía.
Australia, herida, apretó. Aiden O’Neill colgó una falta desde la izquierda del área a los 55 minutos. El defensa Mohamed Hany, que pocos minutos antes había sido atendido en el césped tras un choque aéreo con Connor Metcalfe, se cruzó en el centro. Y la peinó hacia su propio arco. Mostafa Shoubir no pudo hacer nada. Segundo autogol de Hany en este Mundial, después del que ya había marcado ante Bélgica en la fase de grupos. De golpe, de héroe potencial a rostro de la desgracia.
Para Australia, la historia negra en eliminatorias seguía un patrón cruel: sus únicos goles en estas instancias en los Mundiales son dos autogoles rivales. Uno ante Argentina en 2022. Este, ante Egipto.
“Duele cuando te quedas tan cerca”, admitió el seleccionador Tony Popovic. “Lamentablemente, nos vamos en una tanda de penales. Es difícil de aceptar ahora mismo”.
Un portero joven brilla… y luego sale
Beach, de 22 años y apenas seis partidos con la selección absoluta, sostuvo a los Socceroos en momentos clave. En el tramo final del tiempo reglamentario se estiró espectacularmente para sacar un cabezazo de Ramy Rabia. Segundos después, atrapó sin problemas un disparo de Salah. Parecía su noche.
Pero en la prórroga, el banquillo australiano tomó una decisión arriesgada: cambio de portero para la tanda. Entró Mathew Ryan, 34 años, 105 partidos internacionales, el peso de la experiencia. El plan era claro: un especialista para los penales.
No funcionó. Ryan no detuvo ninguno de los cuatro lanzamientos egipcios.
Del otro lado, Egipto también sufrió. El partido se volvió una batalla de nervios, piernas pesadas, choques constantes. Haissem Hassan tuvo la última gran ocasión antes de los penales, pero Harry Souttar apareció providencial para desviar con la rodilla.
La tanda: del fallo inicial al grito final
La tensión se cortaba en el aire cuando empezó la tanda. Harry Souttar abrió la serie para Australia y la mandó por encima del larguero. Golpe psicológico inmediato.
Mahmoud Saber no perdonó para Egipto. Jackson Irvine respondió con frialdad. Ramy Rabia mantuvo la ventaja africana. Awer Mabil sostuvo con vida a los suyos.
Llegó el cuarto penal australiano. El turno del joven Lucas Herrington, 18 años. Tomó carrera, golpeó con fuerza… y el balón se estrelló en el travesaño. El eco del metal enmudeció a medio estadio y encendió a la otra mitad.
Salah, que ya había convertido el suyo, miró desde el círculo central. El destino quedaba en los pies de Hossam Abdelmaguid, 25 años, 15 partidos con la selección y ningún gol internacional.
No tembló. Carrera corta, mirada fija, disparo raso a la izquierda. Ryan voló al lado contrario. El balón besó la red. Y Egipto explotó.
Hassan, el seleccionador, lo había preparado a su manera. “Cuando hablé con los jugadores, quise quitarles presión”, explicó. “Les dije: no miren la presión. Saquen todo, no piensen en nada. Piensen solo en su penal. Ni siquiera en el portero. Solo en su disparo”.
Abdelmaguid obedeció al pie de la letra. El resto fue una marea roja en las gradas, banderas al viento, jugadores abrazados, suplentes corriendo en todas direcciones.
Fe, cicatrices y lo que viene
En el banquillo, Hossam Hassan miraba al cielo. “Solo pensaba en los aficionados egipcios”, dijo. “Durante todo el tiempo y durante la tanda, solo rezaba: ‘Dios, por favor, haz feliz al pueblo egipcio’. Incluso antes de los penales, para ser sincero”.
Lo consiguió. Un país que había llegado a este Mundial sin victorias en la historia del torneo suma ahora dos triunfos en menos de dos semanas y un billete para Atlanta. Allí le espera el campeón vigente Argentina o la sorprendente Cabo Verde, en octavos de final el martes.
Egipto aterrizará en esa cita con un capitán que juega contra el reloj, un lateral que carga dos autogoles y un defensa que ya sabe lo que es marcar el penal más importante de su vida.
La pregunta ahora es sencilla y brutal: después de romper por fin el muro de los cruces, hasta dónde se atreve a soñar esta selección.






