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España contra Bélgica: un cuarto de final decisivo

En el SoFi Stadium de Inglewood, bajo el techo de un coloso pensado para el show permanente, se juega un partido que no admite disfraces: España contra Bélgica por un lugar en las semifinales del Mundial 2026, con Francia esperando al ganador.

España llega como candidata, campeona de Europa, tercera en el ranking FIFA y única selección que aún no ha encajado un solo gol en el torneo. Bélgica aterriza con otro relato: el del equipo que parecía agotado, sin identidad, y que de repente ha encontrado una nueva vida a base de decisiones valientes y noches caóticas.

La España que gana sin pisar el acelerador

El recorrido de la selección de Luis de la Fuente tiene algo inquietante para sus rivales: ha sido eficaz, dominante… y da la sensación de que todavía no ha jugado a su máximo nivel.

Terminó primera del Grupo H con siete puntos: empate inicial sin goles ante Cabo Verde, goleada 4-0 a Arabia Saudí y un 1-0 sobrio frente a Uruguay. En las eliminatorias, 3-0 a Austria en dieciseisavos y un 1-0 agónico ante Portugal en octavos, resuelto por Mikel Merino en el minuto 91.

La constante es innegociable: una defensa casi hermética. Unai Simón suma cinco porterías a cero y España ha establecido un récord histórico de 609 minutos mundialistas sin recibir gol, racha que se arrastra desde Qatar 2022. Aymeric Laporte y Pau Cubarsí han formado una pareja de centrales dominante, pero el secreto va más allá de los nombres: el equipo vive en campo contrario, maneja la posesión con una autoridad casi obsesiva y, cuando pierde la pelota, la recupera con un contra-pressing organizado y feroz.

El problema, si se le puede llamar así, está más arriba. El ataque ha alternado ráfagas brillantes con largos tramos espesos. Mikel Oyarzabal ha respondido con dos dobletes ante Arabia Saudí y Austria, pero frente a Uruguay y Portugal faltó filo, desmarques y claridad en los metros finales.

Hay, sin embargo, dos buenas noticias que cambian cualquier diagnóstico: Lamine Yamal y Rodri están creciendo con el torneo. El extremo del Barcelona, que cumple 19 años el lunes, todavía no ha tenido su gran noche mundialista. Ha dejado destellos, sí, pero tanto Nuno Mendes como Nelson Semedo lograron contenerlo en el cruce contra Portugal. La sensación es que está cargando el muelle. Y un jugador así no suele irse de un Mundial sin dejar una marca.

Rodri, por su parte, se ha ido acercando a su mejor versión como mediocentro, ordenando todo a su alrededor, imponiendo ritmo y pausa a placer.

La gran duda de De la Fuente está en la mediapunta. Dani Olmo firma un torneo notable y fue de los pocos atacantes que ofrecieron soluciones ante Portugal, aunque el peso del gol lo terminó poniendo Merino saliendo desde el banquillo. También asoma la opción de Fabian Ruiz en lugar de Pedri, que todavía no ha encontrado su mejor tono. En la izquierda, Álex Baena parece haber ganado la confianza del seleccionador con actuaciones sólidas y trabajo sin balón.

Bélgica, de la confusión al golpe de timón

Al otro lado del tablero, Bélgica presenta un caso muy distinto. El equipo de Rudi Garcia salió del Grupo G como líder con cinco puntos, pero dejando más preguntas que certezas: empates ante Egipto (1-1) e Irán (0-0) y un 5-1 final a Nueva Zelanda que maquilló dudas.

La transformación llegó en el momento límite. En la ronda de 32, Senegal ganaba 2-0 a falta de cinco minutos para el final del tiempo reglamentario. Bélgica estaba fuera. Entonces García tomó una decisión que habría parecido impensable antes del torneo: sentó a Jeremy Doku y a Kevin De Bruyne. Entraron Dodi Lukebakio y Nicolas Raskin, un centrocampista más orientado al robo que al último pase. Sobre el papel, un cambio conservador; sobre el césped, un giro de carácter.

Romelu Lukaku y Youri Tielemans rescataron el partido con dos goles sobre la bocina para forzar la prórroga, y Tielemans completó la remontada desde el punto de penalti: 3-2 y clasificación.

Ese golpe de timón no se quedó en anécdota. En octavos, ante los coanfitriones Estados Unidos, Bélgica repitió estructura y firmó un 4-1 rotundo, en medio de la polémica por la suspensión de la sanción a Folarin Balogun. Perdió pronto a Amadou Onana por una grave lesión de ligamento cruzado, pero ni siquiera eso alteró la nueva jerarquía: Hans Vanaken entró y el equipo siguió mandando.

El resultado es un conjunto menos estelar sobre el papel, pero más coherente. De Bruyne y Doku volvieron a quedar relegados al banquillo de inicio, y no hay indicios de que eso vaya a cambiar ante España. García ha construido una base más sólida, con Raskin y Tielemans sosteniendo el medio, y la idea de reservar el talento de Lukaku y Doku para castigar cuando el partido se abra.

Leandro Trossard se ha convertido en el termómetro ofensivo: lidera el torneo en ocasiones creadas, con 17. Tielemans, mientras tanto, mezcla temple en la circulación con apariciones agresivas en el área rival. No hay una figura única que monopolice los focos; el mérito es colectivo.

Un duelo que se abre en las bandas

Si hay una zona del campo donde este cuarto de final puede romperse, está en los costados.

España tiene en Lamine Yamal uno de los mayores desequilibrios individuales del Mundial. Aunque todavía no haya “explotado” en términos de goles o asistencias, su asociación con Pedro Porro por la derecha ha dejado jugadas de alta amenaza: paredes rápidas, cambios de ritmo, centros rasos al corazón del área. En el lado opuesto, Marc Cucurella y Baena han sabido generar superioridades, arrastrando marcas por dentro para liberar carreras a la espalda de las defensas, como se vio con claridad ante Austria.

Bélgica, con García, también ha apostado por activar a sus laterales sin balón, atacando los espacios para dar líneas de pase a los extremos y cargar el área con centros tensos. No es casualidad que ambos equipos figuren entre los mejores del torneo en ocasiones generadas a partir de centros rasos: tres cada uno, la cifra más alta junto a Países Bajos y Suiza.

La otra batalla se librará sin balón. España presiona arriba con una coordinación casi quirúrgica. Pierde y salta. Cierra líneas, encierra rivales, obliga a dividir el balón. Esa agresividad ha reducido a la mitad el volumen de tiros permitidos respecto a Bélgica: 29 contra 53. Los belgas, por su parte, han sufrido para evitar que los rivales superen su mediocampo y acumulan seis errores que han terminado en disparo en contra, solo superados por Estados Unidos y Brasil.

Es ahí donde el plan de García será examinado con lupa: ¿podrá su nuevo bloque medio resistir las oleadas españolas sin descomponerse? ¿O terminará concediendo esos metros entre líneas que Yamal, Olmo o Pedri convierten en oro?

La historia y el peso del pasado

España y Bélgica se conocen desde hace más de un siglo. Se han enfrentado 23 veces desde aquel 3-1 para los belgas en los Juegos Olímpicos de 1920, en Amberes. Pero hay un duelo que sigue vibrando en la memoria: el de cuartos de final del Mundial 1986, en México.

Entonces, un cabezazo en plancha de Jan Ceulemans adelantó a Bélgica. España respondió a cinco minutos del final con un cañonazo lejano de Juan Señor. Todo se decidió en los penaltis, con Jean-Marie Pfaff deteniendo el lanzamiento de Eloy Olaya y abriendo una larga serie de frustraciones españolas desde los once metros en los Mundiales.

La revancha llegó parcialmente en Italia 1990, con un 2-1 español en la fase de grupos que envió a ambos a octavos. Y el siglo XXI ha sido claramente rojo: cinco triunfos españoles, incluidos dos en la clasificación para Sudáfrica 2010, con un 5-0 en A Coruña que sirvió de aviso de lo que vendría en aquel Mundial. El último precedente data de 2016, un amistoso en Bruselas resuelto 0-2 para España, con Thibaut Courtois, Lukaku, Thomas Meunier y De Bruyne en el once belga.

El contexto ha cambiado, pero la estadística pesa: Bélgica no vence a España desde el siglo pasado.

Detalles, datos… y un árbitro inglés

Hay números que explican la personalidad de esta España. Ninguna selección ha provocado más fueras de juego a sus rivales: 18. Ninguna ha recuperado más balones en el último tercio: 36. Su éxito no se apoya solo en el talento con la pelota, sino en una agresividad controlada sin ella.

Bélgica, por su parte, vive en el extremo opuesto en un aspecto: ningún equipo ha visto tantos de sus remates bloqueados por un rival, 32. Solo 14 de sus 107 disparos han sido “claros”, con cero o un defensor entre el tirador y la portería. Ha marcado 13 de esos 14, una eficacia superior incluso a la de Francia, Inglaterra o la propia España. Cuando encuentra el tiro limpio, castiga.

El encargado de dirigir el partido será Michael Oliver, que afronta su séptimo encuentro mundialista, más que cualquier otro colegiado inglés en la historia del torneo.

Pronósticos sin disimulo

Entre los analistas especializados hay un consenso llamativo: casi todos ven a España en semifinales. Las previsiones más repetidas hablan de un 2-0 para los de De la Fuente. La lógica se apoya en una defensa impenetrable, un mediocampo que dicta el ritmo y la sospecha de que Yamal está a punto de firmar el partido que se espera de él desde que empezó el Mundial.

Hay quien imagina un guion más abierto, incluso con una Bélgica capaz de golpear primero, pero siempre con la misma conclusión: la capacidad española para ajustar, tomar el control y castigar las grietas de un equipo belga todavía en reconstrucción.

La incógnita es otra: ¿ha sido el 4-1 a Estados Unidos el techo de esta nueva Bélgica, o solo un primer aviso de que la vieja generación aún tiene un último truco reservado?

La respuesta llegará en Inglewood. Y el premio no es menor: un billete para enfrentarse a Francia en Arlington y seguir escribiendo la historia de un Mundial que, para España, puede marcar una era… o abrir de nuevo la puerta de las dudas.

España contra Bélgica: un cuarto de final decisivo