Estallido de violencia en París mancha la final de la Copa de Francia
La fiesta de la Copa de Francia amaneció manchada de sangre. A menos de 24 horas de la final entre OGC Nice y Lens en el Stade de France, una batalla campal en pleno corazón de París terminó con 65 personas bajo custodia policial y seis heridos, uno de ellos en estado grave.
Todo empezó tarde en la noche del jueves, en la zona de Canal Saint-Martin, uno de los puntos más concurridos por noctámbulos en el 10º distrito de la capital. Según la policía, alrededor de un centenar de seguidores de Nice se concentraron allí “claramente en busca de pelea”. No tardó en estallar.
Las imágenes de aficionados difundidas en redes sociales hablan por sí solas: individuos encapuchados, rostros cubiertos, atacando un bar local, lanzando sillas, destrozando mobiliario. Botellas rotas, gritos, carreras. El preludio de una final que debía ser una celebración se convirtió en una escena de guerra urbana.
Entre los seis heridos, uno lucha por su vida. Una fuente policial citada por el diario Le Parisien detalló que una víctima “fue alcanzada en la garganta por un fragmento de vidrio y otra fue apuñalada en la espalda”. Otro agente señaló que en el suelo apareció un cuchillo de pan con una hoja de 20 centímetros y restos de sangre. No todos los heridos eran hinchas: algunos eran simples transeúntes, sin vínculo alguno con el mundo ultra del fútbol.
La policía intervino con contundencia. Incautó cuchillos y otras armas, además de pasamontañas y guantes acolchados, un arsenal que confirma la preparación de los grupos implicados. Sesenta y cinco personas acabaron en dependencias policiales.
Philippe Diallo, presidente de la Fédération Française de Football, no ocultó su indignación en France Info. Señaló que se trata “sin duda de grupos marginales”, recordando que la inmensa mayoría de aficionados de Nice debía llegar a París este mismo viernes. Pero su mensaje fue claro: esto es exactamente lo que el fútbol no necesita, violencia en el momento en que una final de Copa debería ser una fiesta nacional.
Desde el Ayuntamiento de París, el tono fue igual de duro. El alcalde Emmanuel Grégoire acusó a seguidores de Nice, “algunos de los cuales son conocidos por sus vínculos con la extrema derecha”, de “acostar y atacar violentamente” a parisinos en la zona.
Un dispositivo “de alto riesgo”
El partido de este viernes en el Stade de France ya estaba catalogado como “de alto riesgo”. La rivalidad y la animadversión entre los hinchas de Nice y los de Paris Saint-Germain obligó a desplegar a más de 2.000 agentes de policía en torno al estadio y en los puntos calientes de la ciudad. Los incidentes de Canal Saint-Martin confirman los temores de las autoridades.
La violencia del jueves por la noche añade una sombra aún más oscura sobre un club, OGC Nice, que vive una temporada de pesadilla. Sobre el césped, el equipo se ha desplomado: solo dos victorias en sus últimos 24 partidos de Ligue 1, un balance que lo ha empujado al puesto de play-off de descenso. Fuera del campo, la relación con una parte de su hinchada se ha deteriorado hasta el límite.
Hace apenas una semana, un 0-0 frente al colista Metz terminó en caos. Aficionados enfurecidos invadieron el césped, lanzaron bengalas y obligaron a los jugadores a correr hacia el vestuario para ponerse a salvo. La sanción llegó rápido: el club deberá disputar a puerta cerrada el partido de ida del play-off ante Saint-Étienne, una eliminatoria a vida o muerte para seguir en la élite.
Ambición rota en la Costa Azul
El contraste con las ambiciones que rodeaban al club desde su compra por el grupo británico Ineos en 2019 no puede ser más brutal. Nice encadenó tres temporadas con final en el top 5 de la Ligue 1, se presentó como proyecto emergente, aspirante a instalarse de forma estable en Europa. Este curso, la realidad ha golpeado sin piedad.
El equipo cayó eliminado de la Champions League en las rondas preliminares de agosto y, desde ahí, la temporada se hundió. En noviembre, varios centenares de aficionados se plantaron ante la ciudad deportiva para encarar a jugadores, cuerpo técnico y directiva. Aquella noche dejó cicatrices: algunos futbolistas buscaron salir del club en el mercado de invierno, empujados por el clima asfixiante.
En este contexto, la final de Copa llega casi como una anomalía. Deportivamente, pocos les conceden opciones frente a Lens. Emocionalmente, la mente del club está en otra parte: en ese play-off contra Saint-Étienne que decidirá si Nice sigue siendo equipo de Ligue 1 o regresa al infierno del descenso por primera vez desde 1997.
El propio presidente, Jean-Pierre Rivère, lo admitió sin rodeos en la previa: “Sigue siendo una final, así que por supuesto lo daremos todo. Pero los dos partidos que vienen después son más importantes. Queremos quedarnos en Ligue 1. Esa es nuestra única ambición”.
Lens, la otra cara del fútbol francés
Al otro lado del cuadro, Lens representa la versión luminosa de esta temporada. El club del norte, anclado en una ciudad minera volcada históricamente con el fútbol, firmó una campaña casi perfecta en Ligue 1. Solo el todopoderoso PSG le impidió coronarse campeón. Acabó segundo, rozando su primer título liguero desde 1998.
La final de Copa es el último peldaño de una escalada brillante. Lens nunca ha levantado este trofeo. Ha disputado tres finales y las ha perdido todas. Esta noche, en el Stade de France, tiene la oportunidad de cerrar el círculo: alzar por primera vez la Coupe de France y redondear una temporada que ya le ha asegurado billete para la próxima Champions League.
La hinchada de los “Sang et Or”, orgullosa de sus colores rojo y amarillo, sueña con escribir una página nueva en la historia del club. La de Nice, en cambio, llega dividida, golpeada por los resultados, por las sanciones, por los incidentes. Y ahora también por una noche de violencia en París que vuelve a poner el foco en los excesos de una minoría.
En 1997, Nice ganó su última Copa de Francia… y también fue la última vez que descendió. La estadística sobrevuela esta final como un mal presagio o como un guiño del destino, según quién la mire.
La pregunta, a estas horas, ya no es solo quién levantará el trofeo en el Stade de France. Es si el club de la Riviera será capaz de salir de esta espiral que mezcla frustración deportiva, tensión con sus aficionados y escenas de violencia que desfiguran el juego. Porque el título, si llega, durará una noche. La batalla por seguir en Ligue 1, en cambio, marcará el futuro de Nice durante años.





