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Inglaterra y sus desafíos defensivos en el Mundial

Thomas Tuchel ya lo avisó: este Mundial es una novela por capítulos. El prólogo fue Miami, el entrenamiento, la puesta a punto. El segundo acto, la fase de grupos, cumplió sin deslumbrar. Ahora llega el “tercer capítulo”, como lo define el propio seleccionador de Inglaterra: los cruces a cara o cruz, donde una mala noche borra años de planificación.

Y en este escenario, Inglaterra llega con un problema que ya no se puede disimular: la defensa.

Un cuento que se complica atrás

El plan de Tuchel para llevar la Copa del Mundo a Inglaterra por primera vez desde 1966 se ha ejecutado al pie de la letra en lo básico: liderato en el Grupo L, billete sellado para los octavos con una jornada de margen, gestión razonable de cargas y lesiones. “Trabajo hecho”, sí. Pero con grietas evidentes.

Wayne Rooney lo resumió sin rodeos en BBC Sport: la zona donde más estabilidad se necesita —portero y línea de cuatro— es precisamente donde Inglaterra no la tiene. Y los hechos le dan la razón.

Las alarmas ya sonaban antes del torneo con los antecedentes físicos de Tino Livramento y Reece James. El lateral del Newcastle ni siquiera llegó al Mundial. James, capitán del Chelsea, cayó con una lesión de isquiotibiales ante Croacia, algo que sorprendió a Tuchel, pero a pocos más, viendo su historial. El golpe definitivo llegó cuando Jarell Quansah, su sustituto natural, también se lesionó frente a Panamá.

Resultado: para el duelo de octavos ante RD Congo en Atlanta, solo queda Djed Spence como lateral derecho puro. La otra opción es desplazar a Ezri Konsa a la banda y reabrir la puerta a John Stones en el centro. Ninguna de las dos soluciones transmite la seguridad que exige un Mundial que se ha convertido en una trampa para gigantes.

Un bloque sin fijar

Jordan Pickford es la única certeza. El resto se mueve. Tuchel arrancó el torneo con Stones y Konsa en el 4-2 ante Croacia. Luego cambió a Konsa y Marc Guehi, dejando fuera a Stones, condicionado por un año casi en blanco: apenas cinco partidos de Premier League antes de salir de Manchester City.

Tuchel, fiel a su idea de acumular defensas versátiles, capaces de jugar en ambos costados o por dentro, se ha colocado sin querer al borde del abismo. El plan parecía lógico sobre el papel. Sobre el césped, con lesiones en cadena, ha dejado a Inglaterra corta de especialistas.

Y el horizonte no ayuda. Si Inglaterra supera a RD Congo, podría cruzarse en Miami con Brasil y Vinicius Jr. Ese tipo de duelo no admite improvisaciones en la banda. Es un escenario para un lateral de oficio, no para un apaño. Tuchel cruza los dedos para que el optimismo sobre el estado físico de Reece James no sea solo un discurso de rueda de prensa.

Saka, otra decisión delicada

En ataque, las dudas se concentran en Bukayo Saka. El extremo del Arsenal fue titular por primera vez en este Mundial ante Panamá, jugó 63 minutos y se marchó todavía con molestias en el tendón de Aquiles. Tuchel debe decidir si arriesga desde el inicio o reserva a uno de sus futbolistas más determinantes en los metros finales.

“Sabemos que estos son los momentos en los que hay que encontrar la forma de ganar. Hay que cavar hondo y jugar al máximo nivel”, dijo el técnico en Atlanta. Y fue más allá: “Somos los favoritos. Jugamos contra nuestras propias expectativas. Esperamos ir más allá de octavos, así que, ¿por qué el público no debería esperar lo mismo?”.

Cada elección pesa. Cada once inicial es una apuesta sin red.

El eje que lo sostiene todo: Declan Rice

Entre tantos interrogantes, hay una certeza que se ha hecho gigantesca: Declan Rice. Tuchel le dio descanso ante Panamá, un movimiento tan prudente como necesario. El mediocentro del Arsenal arrastra problemas de isquiotibiales, está amonestado y además recibió un golpe en la pantorrilla contra Ghana.

Sin él, el equipo quedó desnudo. Inglaterra ganó, pero concedió 13 tiros a una Panamá que castigó cada pérdida y encontró demasiadas autopistas a la contra. La pareja ofensiva formada por Jude Bellingham y Morgan Rogers aportó colmillo, pero dejó el centro del campo expuesto. Elliot Anderson se vio obligado a tapar incendios por todas partes, superado por un partido que le pedía estar en tres sitios a la vez.

Ante una selección con más colmillo que Panamá, el castigo habría sido mayor. El mensaje fue claro: Rice es tan imprescindible como Harry Kane o Bellingham. Quizá más, porque sostiene lo que el resto construye.

Su radio de acción es total: protege a una defensa frágil, organiza la salida de balón, interpreta los ritmos del partido y golpea a balón parado. Inglaterra no tiene otro futbolista que reúna todas esas funciones. Si el equipo de Tuchel quiere levantar la Copa, necesitará a Rice sano y en plenitud. No hay plan B.

Un Mundial que castiga el más mínimo despiste

La tabla de este Mundial ya se ha cobrado víctimas ilustres. Alemania cayó en penaltis ante Paraguay, un batacazo que ha puesto en el alambre a Julian Nagelsmann y ha reavivado la poderosa corriente que reclama a Jürgen Klopp. Países Bajos siguió el mismo camino ante una Marruecos deslumbrante, y Ronald Koeman presentó su dimisión en menos de 24 horas.

Las consecuencias han sido inmediatas. El mensaje, brutal: aquí nadie está a salvo. Ni los proyectos consolidados, ni los nombres pesados, ni las selecciones con más jugadores de Premier League.

Tuchel lo sabe y lo verbaliza: “No hay ni un porcentaje de exceso de confianza en nuestro enfoque. Los partidos de octavos hablan un lenguaje muy claro. Los márgenes son muy estrechos”. El alemán insiste en que esa tensión puede, incluso, serenarlos: “Es la naturaleza del fútbol de eliminación directa. Países Bajos contra Marruecos podría haber sido un cuarto de final o una semifinal, igual que Japón contra Brasil. Son partidos de márgenes mínimos. Puede ayudarnos a no sobreexigirnos. Los equipos llegan muy preparados. Es difícil para cualquiera derribar a otro”.

Brasil, dirigida por Carlo Ancelotti, necesitó un gol en el descuento de Gabriel Martinelli para eliminar a Japón. Otra advertencia. Nadie avanza sin sufrir.

Atlanta, techo cerrado y cuentas pendientes

En Atlanta, al menos, Inglaterra se libra del calor sofocante y la humedad asfixiante. El techo retráctil y la climatización del estadio de 1.600 millones de dólares ofrecen un alivio físico, pero no emocional. Aquí ya no hay red. Cada error se amplifica.

Tuchel ha manejado con mano firme el vestuario y ha blindado al grupo contra la autocomplacencia. Pero ni la disciplina ni el discurso tapan las dudas en los laterales, la fragilidad en las transiciones o la dependencia de Rice. La selección llega a este “tercer capítulo” con la historia aún bajo control, aunque el guion se ha vuelto más tenso de lo previsto.

RD Congo aparece en el horizonte como un rival menor en el papel, pero en un Mundial de sorpresas esa etiqueta vale poco. Alemania y Países Bajos son el recordatorio diario de lo que ocurre cuando un favorito se desconecta durante 20 minutos.

La pregunta no es si Inglaterra tiene talento para ir lejos. Lo tiene. La cuestión es otra: con una defensa en cuadro y un mediocentro irremplazable, ¿puede permitirse siquiera un solo paso en falso?