Inglaterra fuera del Mundial, pero Tuchel sigue al mando hacia Euro 2028
Inglaterra rozó la final del Mundial y se quedó con las manos vacías. Cayó 2-1 ante Argentina en el Atlanta Stadium, desperdició una ventaja construida con paciencia y acabó envuelta en un debate feroz sobre la pizarra de Thomas Tuchel. El golpe es duro, pero no derriba al seleccionador: su puesto, por ahora, no está en juego.
El equipo inglés llegaba a este Mundial señalado como uno de los grandes favoritos. Y no era un cartel gratuito. Arrancó con una exhibición: 4-2 a Croacia en el debut, un aviso al resto del torneo de que la maquinaria estaba engrasada y lista para competir con cualquiera. Aquella actuación desató ilusión y confirmó que el grupo había asimilado la idea del técnico alemán.
Luego llegó la primera sacudida a la narrativa triunfal. Las victorias ante Ghana y Panamá dejaron más dudas que certezas. Inglaterra ganó, sí, pero sin la fluidez ni la autoridad que se le presuponía. Parecía un equipo poderoso, aunque todavía a medio camino entre el control y el vértigo. El verdadero examen, sin embargo, esperaba en las eliminatorias.
Ahí apareció la versión más seria de los Three Lions. Superaron a la RD Congo y, después, firmaron una actuación de alto nivel en el Estadio Azteca para tumbar a México en un escenario cargado de historia. Fue un triunfo que sonó a declaración de intenciones: Inglaterra sabía sufrir, sabía competir y sabía golpear cuando el rival se descuidaba.
Noruega se presentó como una trampa. Un rival incómodo, táctico, capaz de convertir cualquier partido en un laberinto. Inglaterra, esta vez, no se enredó. Salió reforzada, con la sensación de haber sorteado un obstáculo complejo sin perder el pulso competitivo. El camino hacia la final parecía despejado.
Hasta que apareció Argentina.
Semifinal
En la semifinal, el guion pareció escrito para la coronación inglesa. Anthony Gordon abrió el marcador en el minuto 55 y desató la euforia. Inglaterra mandaba en el resultado y, por momentos, en el juego. Tenía el partido donde quería: ventaja, espacios para correr y un rival obligado a exponerse.
Ahí empezó el juicio a Thomas Tuchel.
El alemán optó por proteger la renta. Ajustó la estructura, reforzó la seguridad defensiva y bajó el ritmo del equipo. La apuesta fue clara: cerrar filas, controlar sin balón, esperar el error argentino. La grada, sin embargo, interpretó el giro como un repliegue excesivo. La crítica no tardó en estallar cuando la ventaja se esfumó y el partido se inclinó del lado sudamericano.
El 2-1 final dejó a Inglaterra fuera de la final y abrió la puerta a un torrente de reproches. A Tuchel se le señaló por “defensivo”, por haber renunciado al ímpetu que había llevado al equipo hasta las rondas decisivas. El debate se instaló de inmediato: ¿se perdió por falta de ambición o por falta de ejecución?
Entre el ruido, una certeza: la Federación mantiene la confianza en su seleccionador.
Según BBC Sport, la Football Association respalda plenamente a Tuchel y cuenta con él para liderar el proyecto hasta la Euro 2028. No habrá giro brusco en el banquillo pese a la decepción mundialista. El plan sigue en pie.
Tuchel, de 52 años, llegó al cargo en enero de 2025 con un contrato que inicialmente cubría hasta este Mundial. La apuesta se reforzó pronto: en febrero firmó una ampliación por dos años, hasta la Euro 2028. No era un acuerdo simbólico, sino una declaración de continuidad. El torneo perdido en Atlanta no cambia, de momento, esa hoja de ruta.
Inglaterra se marcha del Mundial con una mezcla de orgullo y frustración. Orgullo por un recorrido que incluyó goleadas, exhibiciones tácticas y victorias de carácter. Frustración por haber tenido la final al alcance de la mano y haberla dejado escapar en 90 minutos que se analizarán una y otra vez.
El futuro, sin embargo, ya tiene nombre y fecha: Euro 2028. Con Tuchel en el banquillo, la pregunta no es si Inglaterra tiene talento para volver a intentarlo. La verdadera incógnita es si sabrá transformar esta herida en el impulso definitivo para, por fin, dar el último paso.





