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Jeremy Doku y su decisión familiar en el Mundial

Jeremy Doku lo ha dejado claro: antes que nada, la familia. El extremo de Manchester City, pieza importante de la selección de Bélgica, será padre el mes que viene y ya ha avisado de que quiere abandonar la concentración si el nacimiento de su primer hijo coincide con la presencia del equipo en el Mundial.

No es una frase al aire. Es una postura. Y ha encendido un debate que trasciende al vestuario.

Una crítica que cruzó la línea

El tema estalló cuando la presentadora del canal L'Équipe, France Pierron, cargó contra la decisión del jugador. Dijo que un padre es “completamente inútil” en el momento del parto y llegó a calificar el nacimiento como un “momento asqueroso”.

La reacción fue inmediata.

L'Équipe emitió un comunicado pidiendo disculpas y marcando distancias con las palabras de su presentadora, asegurando que sus comentarios estaban “muy alejados” de los valores del medio. Pierron también se disculpó y, según informaciones en Francia, no presentará su programa este lunes.

En el fútbol, y fuera de él, la respuesta fue prácticamente unánime: Doku tiene derecho a estar donde siente que debe estar.

El contexto deportivo: Bélgica, el grupo y el calendario

Doku, de 24 años, fue titular y disputó 86 minutos en el empate 1-1 de Bélgica ante Egipto en el debut en el Grupo G. En el segundo partido, un 0-0 contra Irán, se quedó fuera por enfermedad.

Su esposa, Shireen, tiene previsto dar a luz en la segunda semana de julio. Eso coloca el nacimiento en plena fase decisiva del torneo: podría coincidir con un hipotético cruce de cuartos de final si Bélgica avanza.

El propio Doku lo resumió sin rodeos en declaraciones a Reuters: “Si me preguntas qué quiero, mi respuesta es que nadie quiere perderse el nacimiento de su primer hijo”. Y añadió que es consciente de que el fútbol “implica muchas otras consideraciones”, pero que sabe que la federación apoya a sus jugadores y entiende sus situaciones. “Veremos qué podemos hacer”, dijo, dejando abierta la puerta a una solución pactada.

El respaldo del vestuario: la voz de Ollie Watkins

Desde Inglaterra llegó una de las defensas más claras. Ollie Watkins, delantero de la selección inglesa y padre de dos hijos, se alineó con Doku.

Recordó las palabras que calificaron el nacimiento como “asqueroso” y fue tajante: no es forma de hablar de algo así. Explicó que ha visto lo que su esposa tuvo que atravesar, incluso en un parto “bastante tranquilo”, y que conoce casos cercanos mucho más complicados.

Para Watkins, el nacimiento del primer hijo “solo ocurre una vez” y es “una bendición”. Apuntó a una realidad que cualquier futbolista de élite reconoce: largas temporadas lejos de la familia, viajes constantes, ausencias en momentos clave. Perderse ese instante, dijo, sería durísimo, y entiende perfectamente la postura del belga.

El sindicato y la paternidad en el fútbol moderno

La Professional Footballers’ Association también se posicionó. El mensaje fue claro: las exigencias sobre los jugadores no pueden imponerse a costa de “momentos familiares fundamentales”.

El sindicato insistió en que cada caso es diferente, pero defendió que los futbolistas deben recibir apoyo para equilibrar sus responsabilidades profesionales con los grandes acontecimientos de su vida personal. Tratar a los jugadores como personas, no solo como atletas, es —según la PFA— una parte esencial de un entorno profesional saludable.

La Fatherhood Institute, organización que promueve la implicación activa de los padres en el cuidado de sus hijos, fue aún más gráfica. Su subdirector ejecutivo, Jeremy Davies, comparó la situación con la de gladiadores en el Coliseo: hombres convertidos en héroes al servicio del espectáculo. Sí, cobran mucho dinero. Pero, recordó, hay cosas que valen bastante más.

Regulaciones desiguales y soluciones improvisadas

El contraste con el fútbol femenino es evidente. Las regulaciones de la FIFA establecen que las futbolistas tienen derecho a un mínimo de 14 semanas de baja por maternidad remunerada, con al menos ocho semanas posteriores al parto.

Para los hombres, nada similar. No existe una norma específica sobre baja de paternidad. Todo queda en manos de clubes, federaciones y acuerdos internos. Y, en muchos casos, en la capacidad del propio jugador para negociar sus tiempos.

Las historias que circulan en los despachos del fútbol son reveladoras. Un club llegó a tener un coche preparado a pie de estadio para que un jugador saliera disparado si su pareja entraba en trabajo de parto durante un partido. Un entrenador de un club europeo de primera línea decidió no viajar a un encuentro para quedarse con su esposa ante el inminente nacimiento de su segundo hijo. Dirigió el partido desde casa, pegado a la televisión y con un auricular conectado al banquillo.

Él mismo recuerda cómo, diez minutos después del inicio, comenzaron las contracciones. Su equipo ganaba 2-1 al descanso, pero el parto avanzaba. Llamó al hospital para avisar de su llegada, tuvo que cortar la llamada porque les señalaron un penalti, esperó el lanzamiento, celebró el gol que sentenciaba el triunfo… y se fue directo al hospital. Su hija nació dos horas después. Su frase lo resume todo: “El juego no se detiene… tienes que ganar el siguiente partido”. El dilema está servido.

No es un caso aislado: precedentes en el deporte de élite

Doku no sería, ni mucho menos, el primero en anteponer el nacimiento de un hijo a un gran torneo o a la temporada.

En 2018, Fabian Delph abandonó la concentración de Inglaterra en el Mundial de Rusia para regresar al Reino Unido y estar presente en el nacimiento de su hija. Ese mismo año, David Silva se perdió dos partidos con Manchester City tras la llegada prematura de su hijo. David de Gea disfrutó de un permiso prolongado durante la pandemia de Covid cuando su pareja, Edurne, dio a luz a su hija en 2021.

Otros no tuvieron esa opción. El noruego Leo Ostigard vio nacer a su hijo por videollamada durante el propio Mundial, móvil en mano, a miles de kilómetros de distancia. Ruben Neves vivió algo parecido en enero de 2021: vio el nacimiento de su tercer hijo desde el autobús de Wolves, tras una derrota 1-0 ante Crystal Palace. Su esposa había regresado a Portugal para estar con su médico de confianza, pero las restricciones de viaje por la pandemia frustraron los planes del centrocampista de acompañarla.

El dilema tampoco es exclusivo del fútbol. La semana pasada, el jugador de críquet Jamie Smith se perdió la segunda derrota de Inglaterra en la serie de Test ante Nueva Zelanda tras el nacimiento de su hija. El máximo cazador de wickets de la historia de Inglaterra, Sir James Anderson, voló de vuelta entre Test de Ashes en Australia en 2010 para estar presente en el nacimiento de su segundo hijo. En 2024, el jugador de baloncesto Anthony Edwards abandonó un partido al descanso para llegar a tiempo al parto de su hija. Y en 2016, Sir Andy Murray dejó claro que se marcharía del Abierto de Australia si su esposa, Kim, entraba en trabajo de parto. Lo dijo sin titubeos: le decepcionaría mucho más ganar el título y perderse el nacimiento de su hijo.

No todos eligieron lo mismo. El jugador de dardos Rob Cross se perdió el nacimiento de su tercer hijo en 2017 para poder clasificarse para el World Matchplay. Otro tipo de apuesta. Otro tipo de coste.

Entre el vestuario y la cuna

La decisión de Doku se mueve en ese filo: el de un futbolista que representa a su país en el mayor escaparate posible y, al mismo tiempo, un hombre que no quiere renunciar al momento que marcará su vida para siempre.

El fútbol, históricamente, ha pedido sacrificios sin pestañear. Partidos con fiebre, lesiones infiltradas, viajes interminables, vidas enteras organizadas alrededor del siguiente encuentro. La pregunta ahora es si el nacimiento de un hijo debe entrar en la misma categoría de “sacrificio necesario”.

Doku ya ha dicho dónde quiere estar cuando llegue la hora. El balón seguirá rodando. La cuestión es si el fútbol está preparado para aceptar que, a veces, el lugar más importante para una estrella mundial no es el césped, sino la sala de partos.