Jorge Jesus, nuevo seleccionador de Portugal: el regreso de un técnico imponente
La Federación Portuguesa ha dado un giro de peso en su banquillo: Jorge Jesus, a los 71 años, toma el mando de la selección absoluta tras la salida de Roberto Martínez, consumada después de la eliminación en octavos de final del Mundial ante España.
Se cierra así la etapa del técnico español, que había asumido el cargo a comienzos de 2023 y que no consiguió romper el techo de cristal que persigue a Portugal desde 2006, la última vez que el país alcanzó unas semifinales mundialistas. La caída ante España el lunes aceleró una decisión que se venía mascando: hacía falta un perfil fuerte, con mando, acostumbrado a la presión y a gestionar vestuarios llenos de egos y jerarquías. Ahí entra Jorge Jesus.
Un currículum que impone respeto
La carrera del nuevo seleccionador abarca 36 años en los banquillos y un recorrido que dibuja casi un mapa del fútbol lusófono y del Golfo. Dos etapas en Benfica, una en Sporting CP, paso triunfal por Flamengo, experiencias en Fenerbahce y un ciclo reciente en la Saudi Pro League que lo ha mantenido en la élite competitiva pese a la edad.
No llega con palabras. Llega con títulos: 25 trofeos como entrenador. Tres ligas portuguesas con Benfica. Un campeonato brasileño con Flamengo. Coronas en Arabia Saudí con Al Hilal y Al Nassr. En Riad, de hecho, firmó una de sus últimas grandes obras: devolvió a Al Nassr a un título liguero siete años después, antes de cerrar su etapa al término de la temporada 2025-26.
Allí coincidió con Cristiano Ronaldo, a quien ya conocía de sobra del imaginario colectivo portugués, pero no del día a día. Antes de firmar por Al Nassr el pasado verano, el propio Jesus reconoció que no podía rechazar la invitación del capitán histórico de Portugal para dirigir al club saudí. Esa conexión, ese respeto mutuo, ahora se traslada al contexto de la selección… aunque con un matiz decisivo.
Portugal sin Cristiano en los Mundiales
Ronaldo, dueño del récord mundial de goles con una selección (146 tantos en 233 partidos con Portugal), ya ha anunciado que no jugará otro Mundial. Es un punto y aparte para todo el país. Y un desafío directo para Jorge Jesus.
Portugal coorganizará el Mundial de 2030 junto a España y Marruecos, con Uruguay, Argentina y Paraguay albergando partidos inaugurales. El escenario es gigantesco, casi simbólico: el país anfitrión que se presenta ante el mundo sin su figura más icónica. El equipo que tendrá que aprender a ganar sin el futbolista que condicionó todo durante dos décadas.
Portugal sabe lo que es tocar metal en grandes citas: ganó la Eurocopa de 2016, levantó la Nations League en 2019 y volvió a hacerlo seis años después, en 2025. La base competitiva existe. Falta dar el salto definitivo en el Mundial, el torneo que siempre se le ha resistido desde aquella generación de 2006.
Jesus llega para eso. Para ordenar, para exprimir una generación que mezcla veteranos de alto nivel con talentos emergentes que ya piden paso en las grandes ligas europeas. Su historial indica que no le tiembla el pulso cuando debe tomar decisiones impopulares. En 2015 dejó Benfica para firmar por el eterno rival de Lisboa, Sporting CP, un terremoto que aún se recuerda en el país. No es un técnico que se esconda.
Del sueño de Brasil al banquillo de casa
El nombre de Jorge Jesus ha circulado en los últimos años por casi todos los grandes debates de selecciones. En marzo de 2025, se le situó como uno de los principales candidatos a dirigir a Brasil, compartiendo quinielas con Carlo Ancelotti. Finalmente fue el italiano quien asumió el cargo tras despedirse de Real Madrid en mayo, y el destino del portugués siguió ligado a Arabia Saudí.
En Al Hilal ya había dejado huella con títulos, y en Al Nassr completó el círculo, reforzando su imagen de técnico capaz de ganar en contextos muy distintos, con plantillas plagadas de estrellas internacionales y exigencias inmediatas. No es casual que, tras su salida, el club apostara por otro entrenador de perfil fuerte como Ange Postecoglou.
Ahora, por primera vez, todo ese bagaje converge en el puesto que siempre estuvo en el horizonte: la selección portuguesa. No como un premio de jubilación, sino como un proyecto de máxima exigencia a las puertas de un Mundial en casa.
Una nueva era en un país que ya no se conforma
El reto es claro: Portugal no quiere vivir solo de la nostalgia de 2016 ni de la figura de Cristiano. Quiere un ciclo ganador que se sostenga en el tiempo. El nombramiento de Jorge Jesus encaja con esa ambición: un entrenador veterano, sí, pero con una energía competitiva intacta y una hoja de servicios que le permite mirar a los jugadores de tú a tú.
La pregunta ya no es si Portugal tiene talento. Eso está fuera de duda. La cuestión es si Jesus sabrá moldearlo en un equipo que compita sin complejos con las grandes potencias en el escenario que más duele, el Mundial. La respuesta empezará a escribirse desde hoy, con un seleccionador que nunca ha entendido el fútbol como un lugar para los tímidos.





