Kevin McHugh rompe el silencio sobre Finn Harps
Kevin McHugh, sinónimo de Finn Harps desde hace casi tres décadas, ha decidido hablar claro. Y lo ha hecho con la contundencia de quien ha dado su carrera, su tiempo y su reputación a un solo club y siente que el club no ha respondido a la altura.
En un comunicado difundido el domingo por la noche, Finn Harps anunció su salida del banquillo. Hasta ahí, un cambio más en una temporada turbulenta. Pero el ídolo del club no ha querido marcharse en silencio: denuncia falta de “honestidad, decencia y apoyo” desde dentro de Finn Park y asegura que “se han cruzado líneas” que ya no está dispuesto a tolerar.
Tres décadas de servicio… y un final amargo
McHugh no es un técnico de paso. Es la figura que encarna Finn Harps: 186 goles en 439 partidos repartidos en dos etapas como jugador, debut con el primer equipo en agosto de 1998 ante Fanad United en una League Cup, y desde 2017, cabeza visible de la Finn Harps Academy. En abril de 2025 dio otro paso más: asumir el banquillo del primer equipo tras la salida de Darren Murphy, compaginando el cargo de entrenador con la dirección de la academia durante los últimos 15 meses.
Todo ello, admite, en medio del “caos y las tonterías” que, según él mismo, rodean al club en una temporada normal. Está curtido. Acostumbrado a arremangarse y seguir adelante. Incluso estaba dispuesto, dice, a “sacrificar” su reputación, a trabajar “con las dos manos atadas a la espalda” para sostener al club en un periodo complicado.
Pero algo cambió en las últimas semanas.
“Tras juntar las piezas en los últimos días, se han cruzado líneas muy por encima de lo que estoy dispuesto a dejar pasar”, explica en declaraciones a Donegal Daily. No se trata solo de resultados, ni de la crudeza habitual del fútbol, cuya “fealdad” reconoce conocer de sobra. Se trata, insiste, del comportamiento de personas concretas dentro de Finn Park.
Señalados: presidente y miembros de la directiva
McHugh no se esconde. Apunta directamente al presidente y a “algunos de sus miembros de junta más cercanos”, aquellos que deberían “dirigir este club de fútbol”.
Dice estar “extremadamente decepcionado” con ellos. Lo justifica por “la falta de honestidad, decencia y apoyo” hacia él y su cuerpo técnico “en un periodo en el que más lo necesitábamos”.
El contexto deportivo tampoco ayudaba. Finn Harps atraviesa una mala racha sobre el césped y ha caído al último puesto de la First Division. Pese a ello, McHugh se veía preparado para “aguantar el oleaje”, convencido de que en el horizonte podía aparecer un futuro más luminoso con la llegada de un nuevo propietario.
Ese horizonte, sin embargo, se volvió más oscuro cuando, en apenas seis semanas, el equipo perdió a cinco jugadores: Max Johnston, Idir Zerrouk, Perrault Tokam, Daniel De Lacerda y Temi Ajibola. A la vez, el presupuesto del técnico se redujo de forma drástica. Competir en esas condiciones, afirma, rozaba lo imposible.
“Otros habrían dimitido hace meses con las condiciones en las que nos dejaron para competir a este nivel”, subraya. Él y su equipo, sostiene, se quedaron por los jugadores y por la afición, por quienes se desplazaban cada semana a Finn Park y a los campos rivales. “La gente merece algo mejor”, sentencia.
Lealtad al cuerpo técnico y a la grada
McHugh admite que no quería “lavar los trapos sucios en público”. Pero considera que no le han dejado otra opción si quiere respaldar a su cuerpo técnico, al que describe como gente de “compromiso total, profesionalidad y dignidad” durante todo este proceso. Gente, insiste, que merecía “un trato mucho mejor” de parte de quienes toman decisiones en el club.
La sensación que deja su mensaje es la de un hombre que se marcha por principios, no por miedo a los resultados. Un hombre que ha tragado mucho, pero que siente que esta vez se ha ido demasiado lejos.
El posible giro con Freddy Gonzalez
Su salida del banquillo no ha roto los puentes con el futuro del club. McHugh ha mantenido conversaciones con el potencial nuevo propietario, Freddy Gonzalez, empresario filipino cuyo intento de compra se presentará a los accionistas en las próximas semanas.
El técnico habla de “cambio completo dentro del club” si la operación recibe luz verde. Y no lo dice a la ligera. Asegura que Gonzalez le ha detallado sus planes a corto y largo plazo y que, aunque necesita tiempo para “evaluarlo todo” antes de hablar de cualquier papel futuro, ve un rumbo claro y positivo.
Finn Harps, por su parte, comunicó que McHugh asumiría un nuevo rol “como parte de la transición del club hacia una estructura profesional”. El propio McHugh matiza: no hay nada cerrado aún en ese sentido. No hay acuerdo formal, solo conversaciones y una puerta que no se ha cerrado del todo.
“Si decido formar parte de este viaje o no, sin duda se vienen tiempos emocionantes para este brillante club cuando Freddie se incorpore”, afirma. Lo que más le convence, dice, es la “claridad total” en los planes del posible nuevo dueño.
De la supervivencia al desarrollo
Pese a la dureza de sus palabras hacia la actual cúpula, McHugh no pierde de vista a quienes, como él, han sufrido y sostenido el club desde dentro y desde la grada: los aficionados, los voluntarios de ayer y de hoy, los empleados que han pasado “por el molino” en algún momento de estos años.
Para ellos guarda un mensaje muy distinto: alegría y esperanza. Se declara “encantado” de que, por fin, puedan estar cerca de ver a Finn Harps FC salir del “modo supervivencia” y entrar en “modo desarrollo”.
Se va el hombre que mejor conoce el ruido interno de Finn Park, el que ha visto todas las caras del club desde 1998. Se va dolido, pero deja una advertencia y una promesa: si el relevo accionarial se concreta, Finn Harps tendrá la oportunidad de reinventarse. La cuestión es si sabrá aprovecharla.






