Killian Phillips lleva a St Mirren a la cima de la Premiership
St Mirren vuelve a acostarse líder de la William Hill Premiership. Otra vez sábado por la noche. Otra vez con Killian Phillips como hombre decisivo.
El centrocampista, que ya había firmado un doblete en la jornada inaugural en Falkirk, resolvió esta vez desde el punto de penalti. Un solo gol, suficiente para tumbar a un correoso St Johnstone y para dar a los de Paisley un pleno de seis puntos en dos partidos bajo el mando de Craig McLeish.
Chapman detiene el giro del partido
El encuentro se cocinó a fuego lento durante una primera parte cerrada, casi sin grietas. Los dos equipos venían de ganar en su debut liguero y se notó: respeto mutuo, mucho orden y pocas concesiones.
La única ocasión clara antes del descanso cayó del lado local. Samuel Ramos atacó bien el segundo palo y conectó de cabeza un centro preciso de Chris Mochrie, pero su remate fue demasiado centrado. Toby Steward reaccionó con reflejos, levantó las manos, dejó el balón muerto en el aire y la defensa de St Johnstone sobrevivió al barullo posterior en el área pequeña.
El verdadero punto de inflexión llegó nada más arrancar la segunda mitad.
Una revisión del VAR detectó mano de Alex Gogic en una pugna por un saque de banda colgado al área. El árbitro Ross Hardie señaló penalti y la grada de Paisley contuvo la respiración. Jamie Gullan tomó la responsabilidad, golpeó fuerte y raso, pero Jacob Chapman adivinó la intención, se estiró a su izquierda y mantuvo el 0-0.
Esa parada valió tanto como un gol. Y cambió el tono del partido.
El error de Steward y el penalti decisivo
St Mirren perdió poco después a Marcus Fraser por lesión, con Liam Donnelly entrando para sostener la zaga, pero el equipo de McLeish no perdió el hilo. Gullan intentó redimirse generando una buena ocasión para Matty Foulds, cuyo disparo cruzado se marchó rozando el palo.
McLeish movió el banquillo con un doble cambio que casi tiene efecto inmediato. Luke Thomas encontró un pasillo por la izquierda y habilitó a Jake Young, que encaró portería desde el costado. El delantero pareció ser sujetado por Cheick Diabaté justo al armar el disparo, que salió desviado por muy poco. La grada reclamó, pero Hardie dejó seguir.
El partido pedía un detalle, un error, un gesto de calidad. Llegó en el minuto 73, y no precisamente del lado que esperaba.
Declan John metió un pase profundo hacia el costado izquierdo, aparentemente inofensivo para un guardameta atento. Pero Steward, confiado, se agachó para recoger el balón sin percibir la carrera de Ramos a su espalda. El centrocampista se le cruzó en el último segundo y el choque fue inevitable. Penalti claro.
Phillips tomó el balón con una calma que contrastaba con el murmullo de la grada. Apenas dos pasos de carrera. Mirada fija. Amago sutil. Steward se venció hacia un lado y el balón viajó al otro. 1-0. Gol de jugador que se sabe en racha.
Sufrir para seguir arriba
El tanto liberó a St Mirren, que por fin encontró espacios por la izquierda. Desde ese sector llegó la mejor fase ofensiva de los locales. Centros, segundas jugadas, disparos bloqueados uno tras otro mientras el equipo de Simo Valakari se defendía como podía.
St Johnstone, herido pero no rendido, respondió a balón parado. Diabaté se elevó en un córner y cabeceó con potencia, superando a todos menos al poste, que escupió el balón cuando ya se cantaba el empate.
El tramo final fue un ejercicio de resistencia para los de Paisley. Quisieron matar el partido, pero se toparon con un rival que se negó a bajar los brazos. En una contra mal defendida, Ruari Paton condujo con criterio y sirvió a Gullan una ocasión dorada para redimirse. Esta vez el delantero se quedó sin decisión: disparo tímido, bloqueado entre Steward y Ryan Carr, que se lanzaron al suelo para evitar el 2-0.
St Johnstone volcó todo en el añadido, colgando balones, ganando segundas jugadas, apretando cada saque de banda como si fuera un córner. Pero el riesgo atrás también dejó espacios. Young, siempre dispuesto a correr, obligó a una última intervención del portero visitante en otra transición rápida que sirvió, sobre todo, para alejar el juego del área de Chapman.
El pitido final certificó algo más que una victoria: un St Mirren que sabe sufrir, que encuentra soluciones desde el banquillo y que ha descubierto en Phillips un ejecutor frío en los momentos calientes.
Dos jornadas, dos triunfos, un líder que empieza a creérselo. La pregunta ahora es cuánto tiempo podrán mantener este pulso en la cima de la Premiership.






