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El legado táctico de Pep Guardiola en la Premier League

Cuando Pep Guardiola se marche de Manchester City, no solo dejará un palmarés. Dejará un molde. Un modo de entender el juego que ha impregnado la Premier League de arriba abajo, desde los banquillos de élite hasta los campos de césped irregular en el fútbol base.

Pregunte a casi cualquier entrenador de la liga cuál ha sido su mayor influencia. El nombre se repite: Guardiola. Y no es casualidad.

El portero que dejó de ser solo portero

Su primera gran sacudida llegó nada más aterrizar en Manchester. Decisión impopular, casi sacrílega para la grada: Joe Hart fuera, Claudio Bravo dentro, después Ederson. Guardiola no quería un especialista bajo palos; quería un futbolista más. Un portero que jugara con los pies cuando en Inglaterra aún se celebraba el despeje largo como un arte.

Le llovieron críticas. Se le acusó de arriesgar por capricho. Una década después, lo arriesgado es sostener que un equipo de la parte alta puede permitirse un guardameta que no domine el juego con el balón.

El efecto dominó fue implacable. En Manchester United, David de Gea dejó paso a Andre Onana. En Arsenal, Aaron Ramsdale cedió su sitio a David Raya. En Chelsea, la portería fue una puerta giratoria: de Edouard Mendy a Kepa Arrizabalaga y luego a Robert Sánchez. La lista sigue, y en casi todos los casos el mismo patrón: menos “parador”, más pasador.

Pero Guardiola ha estado tanto tiempo en el cargo que ya ha vivido el giro de vuelta. El fútbol aprieta arriba como nunca. La presión alta hombre a hombre en los saques de puerta ha encarecido el riesgo de construir desde atrás. El espacio, ahora, suele aparecer más adelante.

City lo asumió con un gesto contundente: Ederson, símbolo perfecto del guardameta-jugador, dejó su sitio a Gianluigi Donnarumma, menos fino con el pie, pero dominante en el uno contra uno. Su actuación en la Champions con Paris Saint-Germain pesó en la decisión. Guardiola vio valor en cambiar de estilo: en partidos cerrados, la diferencia podía estar en un portero que ganara duelos, no solo líneas de pase.

Eso no significa renunciar por completo a su sello. Ante equipos que presionan alto, City sigue, a ratos, construyendo en corto. Bernardo Silva y Rodri bajan hasta la frontal del área para recibir directamente del guardameta, como si el equipo jugara una pachanga de cinco contra cinco. Es un matiz, pero puede convertirse en tendencia.

El mensaje que se ha instalado en la élite es claro: el portero vuelve a ser decisivo como portero. United lo ha interpretado a su manera, sustituyendo a Onana por Senne Lammens, un perfil más clásico. Un círculo que se cierra diez años después, con Guardiola otra vez en el centro del cambio.

Laterales que dejaron de ser laterales

La temporada de los 100 puntos, en 2018, fue el laboratorio perfecto. City arrasó la Premier, pero el camino no fue tan lineal como sugieren las cifras. Las lesiones dejaron al equipo sin laterales puros y Guardiola tuvo que improvisar.

Ahí emergió una de sus grandes virtudes: no solo hereda plantillas potentes, también es capaz de reinventarlas cuando el contexto le golpea. Sin lateral izquierdo natural, miró a sus zurdos técnicos: Oleksandr Zinchenko y Fabian Delph. Jugadores de buen pie, más cómodos por dentro que pegados a la cal. La solución: invertir el lateral.

El lateral zurdo dejó de vivir en la banda para meterse junto al mediocentro. Más seguridad por dentro, mejor salida de balón, libertad para que el extremo se abriera al máximo. El rompecabezas encajó con una precisión quirúrgica. Los rivales tardaron en entender desde dónde atacaba realmente City.

Cuando Mikel Arteta se llevó a Zinchenko a Arsenal, replicó la idea. Algunos de los mejores partidos del equipo londinense llegaron con esos laterales que se convertían en centrocampistas. Ange Postecoglou, admirador confeso de Guardiola, hizo algo similar en Tottenham con Pedro Porro y Destiny Udogie, cerrándose hacia dentro junto a su mediocentro.

Guardiola fue más lejos. En 2018-19, con Zinchenko lesionado, el zurdo Aymeric Laporte pasó a ocupar el lateral izquierdo. En el curso del triplete, 2022-23, Manuel Akanji y Nathan Aké jugaron de laterales a pie cambiado, a los lados de Ruben Dias y John Stones, con este último saltando al mediocampo. Cuatro centrales sobre el papel, un mecanismo mucho más sofisticado en la práctica.

La idea cuajó fuera de Manchester. Dan Burn, 1,98 de altura, se ha asentado como lateral izquierdo en Newcastle, cerrando hacia dentro para formar línea de tres con balón y defendiendo como lateral clásico sin él. Un perfil que hace años habría sido descartado para la banda.

Con defensores más ofensivos, Guardiola se atrevió con Joao Cancelo y ahora con Nico O’Reilly como laterales que no solo se meten por dentro, sino que se proyectan más arriba, llegando al área para sumar goles y asistencias. En Arsenal, Jurrien Timber y Riccardo Calafiori han ocupado esos roles híbridos bajo Arteta, mientras que en Chelsea, Malo Gusto y Marc Cucurella han sido utilizados de forma similar por Enzo Maresca, otro técnico con pasado junto a Guardiola.

Lo que empezó como una solución de emergencia se ha convertido en un nuevo arquetipo de defensor moderno.

El mandato de la posesión

Guardiola siempre ha entendido el balón como refugio y arma. No es una pose. En su etapa en Barcelona, tras un partido contra Inter, confesó en privado que se había traicionado a sí mismo. Con Zlatan Ibrahimovic arriba, el equipo jugó más directo, con menos posesión. No le gustó lo que vio. Se prometió no volver a alejarse de su idea, ni siquiera en la derrota.

En City ha cumplido ese juramento. Con mediocampistas disfrazados de laterales y técnicos repartidos por todo el campo, su equipo ha dominado la pelota sin descanso. En la temporada 2017-18, alcanzó una media de posesión del 71,9%. Desde entonces, nunca ha bajado del 60% en una campaña completa.

Seis títulos de Premier en siete años con ese plan han tenido un efecto colosal. El fútbol de posición, de control, de ataques largos y calculados, ha pasado de ser una rareza importada a convertirse en el patrón dominante de la liga.

Liverpool es un buen ejemplo del giro. Arne Slot, en su primera temporada, conquistó la Premier con un estilo más cercano al de Guardiola que al de Jürgen Klopp, menos volcánico, más controlador. Arsenal, con Arteta, ha construido uno de los bloques defensivos más sólidos de la competición sin renunciar a mandar con la pelota.

En Brighton, el proyecto deportivo se ha sostenido sobre una idea clara: contratar entrenadores que quieran mandar a través de la posesión. Roberto De Zerbi y Fabian Hürzeler han brillado con ese enfoque. Scott Parker, Vincent Kompany y Russell Martin también se han mantenido fieles a la filosofía, aunque sin el mismo éxito. En su caso, la calidad de la plantilla y la rigidez del plan acabaron pasándoles factura. Pero el rastro de Guardiola está ahí, visible, innegable.

Cambiar la Premier desde dentro

Antes de su llegada, la identidad del fútbol inglés era otra: ritmo frenético, verticalidad, ataques relámpago. La era de Sir Alex Ferguson en Manchester United dejó una huella profunda en la liga: transiciones, bandas, centros, un fútbol directo que definió a una generación.

El United actual, con Michael Carrick en el banquillo, ha recuperado parte de ese ADN contragolpeador. Pero lo verdaderamente extraordinario es que Guardiola haya aterrizado en un campeonato moldeado por Ferguson y, en menos de una década, haya logrado cambiar el lenguaje táctico de muchos de sus mejores equipos.

Y lo ha hecho sin ser prisionero de su propia fama. Se le acusa a menudo de imponer un estilo rígido allá donde va, obligando a los demás a imitarle. La realidad es más compleja. Mantiene principios innegociables, sí, pero los envuelve en una flexibilidad notable.

Ha ganado con extremos abiertos y con extremos por dentro, con laterales clásicos y laterales invertidos, con falsos nueves y nueves de área. Ha ajustado sus planes a los jugadores que tenía, y ha explotado las debilidades que detectaba en la liga. Esa capacidad de adaptación, unida a la fidelidad a sus ideas básicas, explica por qué sus equipos siguen encontrando caminos hacia la victoria.

El resto ha intentado seguirle. Cuando sus fórmulas daban resultado, otros técnicos copiaban el dibujo, los movimientos, los roles. El problema era el tiempo. Cuando por fin conseguían imitar lo que funcionaba, Guardiola y Manchester City ya habían dado el siguiente paso.

En la Premier moderna, el juego se sigue escribiendo con muchas manos. Pero el trazo maestro, el que ha cambiado la forma de mirar un saque de puerta, un lateral o una posesión larga, lleva la firma de Guardiola. La cuestión ahora es quién se atreverá a reescribirlo cuando él ya no esté.