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Luka Modric y su salida del Tottenham: una herida abierta

Durante años, en el norte de Londres, el nombre de Luka Modric se pronunció con una mezcla de admiración y resquemor. Uno de los fichajes más brillantes de la era moderna del Tottenham, pero también protagonista de una salida que dejó cicatriz.

En 2012, Modric, entonces con 26 años y en plena madurez futbolística, ya no era solo el cerebro del equipo. Era el símbolo de un Tottenham que se atrevía a mirar a los ojos a los grandes de la Premier League. Venía de liderar a Croacia en la Euro 2012 y de sostener a los Spurs como uno de los conjuntos más vistosos del campeonato. Ese nivel no pasó desapercibido en el Bernabéu.

José Mourinho y el Real Madrid lo habían señalado como objetivo prioritario. Un año antes, el croata ya había intentado forzar su marcha al Chelsea. Aquello fue un aviso. Lo que vino después fue un pulso en toda regla.

El vuelo que nunca tomó

El episodio clave llegó en la pretemporada de 2012. El Tottenham se preparaba para volar a Estados Unidos para su gira veraniega. La plantilla subió al avión. Modric, no.

El centrocampista decidió no presentarse al vuelo para presionar al club y acelerar su fichaje por el Real Madrid. Un gesto calculado, contundente, que rompió la relación con parte de la grada. El Tottenham respondió con una multa de dos semanas de salario, intentando al mismo tiempo retener a su estrella.

El club apuró todas las opciones para convencerle. No bastó. El pulso se prolongó hasta casi el cierre del mercado. A finales de agosto de 2012, el traspaso se hizo inevitable: unos 33 millones de libras y Luka Modric rumbo al Santiago Bernabéu.

Arrepentimiento tardío

André Villas-Boas, entonces técnico del Tottenham, no ocultó su decepción por cómo se desarrolló todo. Explicó que Modric se había disculpado internamente. Pero la disculpa no cambió el desenlace. El croata se marchó, y el club perdió no solo a su director de orquesta, sino a uno de los líderes del vestuario.

Con el tiempo, el propio Modric reconocería que aquel verano le dejó una espina clavada. En 2018, en una entrevista con la revista FourFourTwo, fue directo al punto: su gran lamento no era solo no haber levantado un título con el Tottenham, pese a formar parte de un equipo atractivo y competitivo, sino también la forma en la que se produjo su adiós. “Ojalá nos hubiéramos separado de una manera más bonita”, confesó. Y añadió que esperaba que los aficionados entendieran que siguió sus sueños.

No todos lo hicieron. Para una parte del público de White Hart Lane, la imagen del ídolo que se niega a subir al avión quedó grabada a fuego. Para otros, su marcha fue la consecuencia inevitable de un club que no podía igualar las ambiciones de un futbolista destinado a la élite absoluta.

La justificación que llegó desde Madrid

Lo que vino después en el Real Madrid explica por qué Modric apretó tanto por salir. En trece años en España, levantó seis Champions League, cuatro Ligas, cinco Mundiales de Clubes y dos Copas del Rey. Un palmarés que coloca su decisión en una dimensión distinta: no fue solo un salto de club, fue un salto de era.

Desde la perspectiva del jugador, el riesgo tuvo recompensa. Desde la del Tottenham, la sensación es más amarga. Perdieron a un futbolista con cuatro años de contrato por delante y, visto con el retrovisor del mercado, por una cifra que hoy se antoja escasa. Solo un año después, Gareth Bale abandonaría también el norte de Londres rumbo al Bernabéu, por cerca de 89 millones de libras, casi triplicando lo ingresado por su excompañero croata.

Un veterano que se niega a apagarse

Hoy, con 40 años y a punto de cumplir 41, Modric sigue desafiando al tiempo en el AC Milan. Ha firmado una renovación por una temporada más en San Siro y continúa compitiendo al máximo nivel, como si aquel verano de 2012 perteneciera a otra vida.

Su legado en la Premier League, sin embargo, permanece dividido. Para algunos, seguirá siendo uno de los grandes talentos que han vestido la camiseta del Tottenham. Para otros, el modo en que forzó su salida bastará para dejar siempre una sombra sobre su recuerdo.

La lección para el Tottenham actual

Mientras tanto, el escenario se ha invertido. Hoy es el Tottenham el que aprieta a otros clubes tras gastar cerca de 250 millones de libras en fichajes este verano. El club ha cambiado de estadio, de proyecto, de ambición. Pero hay heridas del pasado que conviene no olvidar.

El caso Modric ofrece una advertencia clara: cuando un jugador de élite siente que su techo está por encima del del club, el conflicto no tarda en aparecer. Gestionarlo tarde o mal puede salir caro, tanto en lo deportivo como en lo económico.

La pregunta es sencilla y a la vez incómoda: la próxima vez que un futbolista del calibre de Modric quiera volar más alto, ¿habrá aprendido el Tottenham a no quedarse otra vez en tierra, mirando cómo despega el avión sin su estrella?