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Manchester United aplasta a Rosenborg: señales del proyecto Carrick

Manchester United necesitaba una reacción tras el tropiezo ante Wrexham. La encontró en Trondheim, y lo hizo a lo grande: 0-5 ante Rosenborg, primera victoria de la pretemporada y, sobre todo, primer vistazo serio a lo que quiere ser este equipo bajo el mando permanente de Michael Carrick.

No fue solo un marcador abultado. Fue una declaración de intenciones.

De las transiciones al control: nace otra versión de “Carrick-ball”

El United que levantó el vuelo cuando Carrick asumió el banquillo de forma interina se construyó sobre un arma muy clara: transiciones letales. Equipos partidos, espacios por dentro y por fuera, carreras de Bryan Mbeumo y Patrick Dorgu, y la batuta creativa de Bruno Fernandes y Matheus Cunha.

Los datos de la pasada temporada lo explican bien: desde el 2-0 a Manchester City en el debut de Carrick hasta el final de curso, el United fue tercero en la Premier en contraataques por partido [1,53], colíder en goles por contraataque por 90 minutos [0,24] y segundo en goles esperados desde estas acciones [0,23]. Un equipo vertiginoso… pero limitado cuando tocaba mandar con la pelota.

En posesión, la historia era muy distinta: 13º en porcentaje de posesión, 11º en duración media de cada ataque. Viejos fantasmas de la era post Sir Alex Ferguson: dificultades para desarmar bloques bajos, ataques espesos, poca paciencia y menos claridad.

En teoría, Rosenborg, ya con 13 jornadas de liga en las piernas, debía imponer ritmo y físico. El guion apuntaba a un United obligado a vivir de nuevo del robo y la carrera. Pero el partido rompió el libreto.

Sin Bruno Fernandes ni Cunha, el United se sintió cómodo con la pelota. No dominó por piernas, sino por criterio. Joshua Zirkzee se convirtió en el ancla ofensiva: bajó balones, dio pausa, ofreció apoyos y permitió que el equipo se instalara en campo rival. Rosenborg fue estirado, abierto, castigado.

Las transiciones no han desaparecido. Ahí estuvieron el segundo y el cuarto gol como recordatorio de que esa arma sigue afilada. Pero se vio otra cosa: un equipo que quiere mandar, que se atreve a juntar pases, que parece preparado para algo más que correr. En ese contexto, cobra aún más sentido la llegada de un mediocentro como Youri Tielemans, un jugador que encaja en una idea de posesión más madura.

Carrick no está tirando su libreto inicial. Lo está ampliando.

Zirkzee deslumbra… pero, ¿hasta dónde llega su papel?

Si hubiera que entregar un premio simbólico al mejor del partido, se iría directo a las manos de Joshua Zirkzee. El dorsal 11 del United, discutido desde su llegada en 2024, firmó una actuación que recordó por qué algunos, en sus mejores días, lo comparan con la finura de Dimitar Berbatov.

No es un ‘9’ clásico. Tampoco ha logrado desbancar a Bruno Fernandes como ‘10’. Vive en esa tierra de nadie que suele condenar a muchos talentos. En Noruega, sin embargo, encontró su sitio exacto: una esponja de posesión, siempre disponible entre líneas, ágil en el giro, con la sensibilidad suficiente para activar a sus compañeros.

En una hora de juego, dejó su sello en dos goles: asistió el primero y marcó el segundo.

Y qué gol. Una pared deliciosa con Harry Amass, control orientado, un recorte que dejó atrás a dos defensas y, ya dentro del área, el mismo engaño para dejar descolocado al portero de Rosenborg antes de empujar el balón a puerta vacía. Una obra de arte en miniatura, pura calma en un espacio reducido.

Ese destello alimenta el debate. La afición se ilusiona, pide más protagonismo para Zirkzee, reclama minutos, jerarquía, peso real en la temporada que viene.

La realidad es más fría. El ritmo del partido le favoreció. Tuvo tiempo, metros y poca agresividad rival. Nada de eso responde a la gran incógnita: si puede sostener ese nivel en el vértigo de la Premier League. Benjamin Sesko, por perfil, parece más preparado para liderar la línea. Lo visto en Trondheim quizá diga más de cómo quiere utilizar Carrick a sus delanteros —incluido el propio Sesko cuando esté listo— que de un cambio de estatus definitivo para Zirkzee.

Brilló. Convenció. Pero su batalla por ser imprescindible apenas empieza.

La factoría Carrington vuelve a hablar

Si algo nunca ha perdido el United, ni en sus años más grises, es la capacidad de sacar talento de su academia. Trondheim fue un nuevo escaparate de esa tradición. No todos llegarán a la élite, pero todos se llevarán este recuerdo para siempre.

Shea Lacey fue el primero en reclamar foco. Partió como mediapunta, se fue soltando con los minutos y acabó siendo una de las notas más maduras del partido. Ya había dejado algún destello con el primer equipo —aquel casi golazo en el 2-2 ante Burnley—, pero esta vez tuvo más responsabilidad. Su definición en el tanto que abrió el marcador fue fría, limpia, de jugador que entiende el tiempo y el espacio. La afición lo premió votándolo como jugador del partido.

Hace un año, el ruido en torno a Lacey era ensordecedor. Luego, la ola se calmó. En Trondheim, recordó que sigue ahí, que hay materia prima para pensar en un papel serio en el futuro inmediato del primer equipo.

Desde el banquillo irrumpió Harry Amass. Su segunda mitad fue la de un lateral con instinto. El curso pasado, las lesiones frenaron en seco su progresión tras un inicio prometedor en Sheffield Wednesday. Ante Rosenborg, volvió a mostrarse: se sumó al ataque con decisión, apareció en zonas de peligro para marcar su gol, defendió con solvencia el costado izquierdo y se mostró seguro con el balón. El club busca otro lateral zurdo, pero la pregunta se impone sola: ¿no merece Amass una oportunidad real como suplente fijo de Luke Shaw?

Jacob Devaney y Ethan Williams también se apuntaron a la fiesta goleadora. Sus tantos quizá no les garanticen nada a largo plazo, pero sí les dan algo que nadie les podrá quitar: la prueba tangible de que ya han marcado con el United.

El otro nombre propio de la camada fue Jaydan Kamason. Sin ruido, sin focos, pero con una actuación que no pasó desapercibida. El lateral derecho de 19 años sufrió a ratos en lo posicional, pero cada vez que tuvo la pelota encendió el partido. Dos asistencias, ambas con centros rasos medidos, y una serie de acciones que recordaron más a un extremo que a un defensor. Carrick le dio más minutos que a la mayoría de los jóvenes. Ese detalle, en pretemporada, siempre dice algo.

La gran ausencia: ¿qué pasa con JJ Gabriel?

Mientras unos se ganaban titulares sobre el césped, otro acaparaba conversaciones sin jugar un solo minuto. JJ Gabriel, con apenas 15 años, es el nuevo nombre que agita la imaginación de la hinchada del United.

Su simple inclusión en la lista de convocados para el viaje a Noruega disparó la expectación. Muchos esperaban, aunque fuera unos minutos, una primera muestra de aquello que se cuenta de él en los campos de entrenamiento.

No ocurrió. Gabriel se quedó los 90 minutos en el banquillo, con el peto fluorescente, siguiendo el partido como un espectador privilegiado.

¿Es una señal de que hay que frenar la euforia? No necesariamente. Carrick, antes del encuentro, ya había dejado caer que habrá minutos para el joven en los próximos amistosos. Quizá Trondheim no era el escenario, quizá el plan pasa por integrarlo poco a poco, sin quemar etapas a golpe de hype.

Mientras tanto, el United se marcha de Noruega con algo más que un 0-5. Se lleva una idea en construcción, un Zirkzee reivindicativo, una generación de canteranos que pide paso y la promesa de que, en los próximos partidos de pretemporada, la historia de JJ Gabriel empezará, por fin, a escribirse en el campo y no solo en los titulares.

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