Marinakis demanda a Crystal Palace por pancarta ofensiva
Evangelos Marinakis ha llevado a Crystal Palace a los tribunales. No por un fichaje roto, ni por un pulso en los despachos. Por una pancarta.
Los abogados del propietario de Nottingham Forest presentaron este lunes en el High Court una demanda por difamación, con CPFC Limited como uno de los dos demandados. En el centro del caso, una imagen que recorrió las redes el pasado agosto en Selhurst Park: Marinakis, dibujado sosteniendo una pistola apuntando a la cabeza de Morgan Gibbs-White.
La escena apareció durante el 1-1 entre Palace y Forest en Premier League. Debajo de la ilustración, un mensaje cargado de ironía: “Mr Marinakis is not involved in blackmail, match-fixing, drug trafficking or corruption.” Una frase que, para el entorno del dirigente griego, cruzó todas las líneas.
Marinakis ha negado de forma reiterada cualquier implicación en chantaje, amaños de partidos, tráfico de drogas o corrupción. Ahora quiere que la justicia británica también lo diga alto y claro.
Un caso que va más allá de una grada caliente
El episodio no pasó desapercibido para la Football Association. En noviembre de 2025, el organismo inglés acusó a Crystal Palace de no garantizar que sus aficionados se comportaran de forma adecuada, sin caer en conductas impropias, ofensivas, abusivas o provocadoras.
La FA no citó expresamente la pancarta como motivo de ese cargo, pero el contexto es evidente. El reglamento es tajante con cualquier mensaje en los estadios que pueda considerarse difamatorio, político u ofensivo. Esa tarde en Selhurst Park, la frontera entre sátira y difamación quedó en el aire. Ahora será un juez quien la trace.
Gibbs-White, en el centro del huracán… y del proyecto
En la imagen, la víctima ficticia era Morgan Gibbs-White, internacional inglés y una de las piezas clave de Forest. Su nombre ya venía de un verano agitado. Tottenham llegó a acercarse a su fichaje tras parecer activar una cláusula de rescisión de 60 millones de libras.
El movimiento amenazó con dinamitar el proyecto deportivo de Forest. Pero el giro llegó al final del mercado: Gibbs-White renovó y decidió seguir. Explicó su elección en una entrevista compartida con el propio Marinakis, una escena que subrayó la cercanía entre jugador y propietario en plena tormenta mediática.
Para el dirigente, esa lealtad deportiva contrasta con la imagen que se proyectó desde la grada de Palace. De fondo, la batalla no es solo por el honor personal, sino por la reputación de todo un club.
Rivalidad, despachos y Europa
La relación entre ambos clubes tampoco ayuda a rebajar la tensión. El Nottingham Forest de Marinakis ocupó la plaza europea de Crystal Palace la temporada pasada, heredando su billete a la Europa League después de que el conjunto del sur de Londres fuera descendido a la Conference League por vulnerar la normativa de multi-propiedad de la UEFA.
Ese cambio de escenario europeo añadió una capa competitiva al cruce. Palace, castigado por la gestión en los despachos. Forest, beneficiado directamente. Y, meses después, una pancarta en Selhurst Park que encendió la mecha.
Ahora el duelo se traslada del césped a los tribunales, con una pregunta que planea sobre la Premier League: ¿hasta dónde puede llegar la libertad de expresión en una grada antes de convertirse en un problema legal de alto voltaje?






